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opinión

Sepulcro de vivos…

24 marzo, 2018

Las recientes decisiones del alto gobierno alrededor de la reconversión monetaria que podría sancionar quien asegura que se convertirá en presidente de la república, de nuevo, lucen casi como el juego del hambre (venezolano). Sin siquiera reparar gruesas deformaciones de la economía nacional, ni recuperar el gasto que ha significado constreñir el país a lo que queda, luego de tanto maltrato de todo orden, el alto gobierno dirige Venezuela a una nueva emboscada de la que difícilmente algunos podrían salir. Si acaso la suerte los acompaña. Aun cuando se disfracen de tigre, cebra o iguana, en medio de un convulsionado mercado.

A decir de cualquier análisis prospectivo que en materia de coyuntura económica pudiera hacerse, los resultados saltan por encima de cualquier limitante. Pareciera que en el marco del terror que toda decisión gubernamental implanta, o al menos pronuncia, lejos de advertir algún tipo de preocupación sobre los perniciosos efectos que siembra en la población venezolana, pone al descubierto el estruendoso fracaso que el mismos alto gobierno le propina al país.

La sobrevenida determinación del Ejecutivo Nacional sobre la reconversión del cono monetario, que implicaría la eliminación de tres ceros a la moneda, tiene distintas lecturas. Desde las que impugnan el venidero dictamen desde el lado social o desde la perspectiva política, hasta las que lo refutan desde la visión de la teoría económica. Y sin que las dos primeras tengan menos relevancia que la última, las siguientes líneas enfocarán el problema que haría orbitar la economía venezolana.

En principio, la aludida reconversión no es otra cosa distinta de lo que retrata un rotundo desastre gubernamental. Esto evidencia que el gobierno sigue sin advertir la forma expedita de controlar o mantener a raya el desbalance que el control de cambio, sumado a dolosos manejos de criterios en el terreno de la macro economía, produjo al país. Se habría necesitado todo un proceso de adecuación monetaria dirigido a corregir o minimizar la grosera inflación toda vez que sus causas no serán ni siquiera tocadas por la reconversión planteada. Además de lo que significaría el costo de tan gigantesca operación financiera para la República., en medio de la coyuntura fiscal por la que atraviesa en estos momentos.

Sencillamente, tan atrevida decisión que pudiera tener inusitados reveses a nivel de la Administración Pública, al no haber contado con la respectiva consideración a instancia de un sesudo análisis económico, ni tampoco con la debida justificación, para evitar la profundización de la catástrofe anunciada. Es como “un tiro al aire” a sabiendas que el verdugo está a la vuelta de la esquina o entre los “invitados de la fiesta de Palacio”.

Viene a ser algo así como la tercera muerte de Bolívar. Tan desaforado evento, traerá consigo mayor rechazo hacia decisiones oficialistas chocantemente convertidas en instancias de un poder sordo, mudo y ciego. Esta nueva reconversión, debería retraerle tres ceros no al bolívar moneda ya desahuciada. Sino mejor aún, a la inflación. Tumbarle tres ceros a las cifras que dejan a la intemperie tantos venezolanos asesinados impune y cobardemente, por manos mercenarias o terrorista-criminales. Tantos ceros a la derecha de contrariados indicadores, vienen dejando a Venezuela más que un país arrasado por una guerra de decisiones asumida por el régimen, como un horrible sepulcro de vivos…



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