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opinión

Antonio Barreto Sira

Jermarys

6 marzo, 2018

Permítanme contarles la historia de Jermarys. Ella es una niña de 12 años que nació con diversas deformaciones en sus extremidades que la obligan a moverse a través de una silla de ruedas.

A pesar de sus limitaciones físicas ella siempre ha seguido adelante; vive con su abuela en un humilde hogar en la población de El Rincón, en el municipio Juan Antonio Sotillo, y estudia en la Unidad Educativa Fernández Padilla.

Ella, tuvo que entrar tarde al colegio, debido que no la aceptaban en los primeros grados debido a su situación y realidad para moverse. No obstante, ella jamás perdió las ganas de estudiar y prepararse.

Jermarys solo redacta usando su boca, y con ella nos escribió hace unas semanas una carta solicitándonos, en la Gobernación de Anzoátegui, ayuda para la compra de una nueva silla de ruedas.

Después de leer sus palabras, sentí en mi alma una mezcla de sentimientos. Sí, sentí la dulzura que ella inspira con sus palabras, sentí solidaridad para con ella, amor, porque reconocí en Jermarys a mis propios hijos y nietos.

Convencido que el cambio no se logrará sin hacer nada, y ganado a la idea que tenemos un deber moral con todos los anzoatiguenses, sobre todo con aquellos que necesitan de nuestro socorro, giré instrucciones a la Dirección de Educación y Dimisoc para atender de forma inmediata este caso.

Como gobernador, como padre y como ser humano, no podía quedarme inerte ante la situación de esta niña.

Jermarys en este momento ya tiene su silla de ruedas nueva y podrá seguir entrando a clase superándose cada día para ser, primero una buena alumna, y después una profesional consagrada.

Creo en ella, como creo en todo venezolano que luche y quiera salir adelante; confío en todo aquel que sueñe y que intente por todos los medios materializar sus anhelos. Por esto, desde nuestra gestión día a día nos movemos para hacer realidad la ilusión de convertir a Anzoátegui en una referencia de cambio positivo para toda la nación.

Les confieso que al oír las palabras de agradecimiento y al ver el rostro de Jermarys, sentí que esta es la acción que debemos llevar adelante. Su sonrisa no tiene precio.

Provocar alegría en nuestros niños y pueblo es parte de los objetivos de gobernar con vocación y compromiso social. Esto lo hemos tenido claro desde el primer momento.

Por eso, nuestra gestión no se puede detener solo en obras de concreto, nuestro trabajo tiene y debe ser con una visión humana de la sociedad.

Desde la Gobernación de Anzoátegui no desampararemos a nuestros niños, ni a nuestra gente.

El mejor reconocimiento para nuestro equipo es que nuestro pueblo se sienta atendido, por eso seguiremos trabajando en la ayuda social, por este motivo pisamos el acelerador para reactivar los comedores populares y activar el programa Mercadito Pa’ Toitos.

Así como ayudamos a Jermarys hicimos lo propio con Sabrina Velásquez. Ella es una trabajadora de la Corporación de Vialidad e Infraestructura del estado Anzoátegui (Covinea), quien padece de paraplejia de los miembros inferiores.

Ella se comunicó con nuestros representantes en la institución y éstos me lo comunicaron, al enterarme del caso fui personalmente a Covinea a entregarle su silla de ruedas a Sabrina.

Tenemos y debemos estar al lado del pueblo, y hoy más que nunca que la situación es altamente grave; la crisis no solo se mide en la escasez de alimentos o en la inflación también en la carencia de solidaridad.

Realidades como la que vivimos en Venezuela deshumaniza a la población y frente a esto tenemos que ponerle un coto con acciones concretas.

Desde la Gobernación estamos con los brazos abiertos, con las limitantes presupuestarias que ustedes conocen, pero prestos a darlo todo por este estado.

Estamos en movimiento porque Anzoátegui se merece un buen gobierno que le sirva bien y se lo estamos dando.



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