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opinión

Implosión de la economía

25 febrero, 2018

El régimen, en su esfuerzo para llevar a Venezuela a vivir según su modelo ideológico, ha venido inoculando los distintos sectores sociales con el objeto de aniquilar su tradicional forma de vida para sustituirla por otra, la que atiende a sus convicciones.

En este sentido la economía nacional ha sido intervenida para desvanecer los criterios que apuntalan la libertad individual y la apropiación de los medios de producción, modelo que se enfoca en la provisión de bienes y servicios a la población, brindándole modos para alcanzar su bienestar, incentivando al productor con la apropiación de las riquezas que se obtengan del ejercicio, lo que se corresponde con la ideología capitalista de economía de mercado; para sustituirlo por el capitalismo de estado, en procura de alcanzar el concepto comunista en el cual la propiedad de los medios de producción es de la sociedad mas su administración y disponibilidad es asumida por el poder público, en consecuencia esa titularidad o propiedad pasa a ser mero declarativa, siendo la élite en el poder en quienes descansa determinar el uso y disfrute del producto social.

Así el régimen se interesó por trabar al sector privado productivo, limitando su actuar o confiscando sus bienes, bajo el criterio que el empresario, al estar amarrado a sus pretensiones, de querer sobrevivir tendría que obedecerle, quienes no se sometan sufren confiscaciones de sus medios productivos. Creyendo que la producción dependía solo del sector operativo, era dejar que los trabajadores continuaran los procesos bajo los límites que la directriz ideológica estableciera. Esta acción tenía como finalidad ideologizar el modo de producción, lo que subordinó la generación de bienes y servicios a lo que entendía el régimen que convenía al modelo, desinstalando la gerencia que se interesa por producir para colocar otra que se interesa por complacer al operario, lo que derivó en que el salario no dependiera del trabajo sino de la afinidad política, así se tornó a improductivas las empresas estatizadas. Este principio, el cual forma parte del modelo del régimen, se ve obligado a sostenerlo, bien por razones políticas, bien por razones clientelares, por lo tanto están amarrados a una forma productiva que se engulle a sí misma hasta que desaparezca la empresa. Esto es un fenómeno de implosión económica.

Las empresas del sector público y las pocas del sector privado que aún se sostienen, viven lamentables condiciones financieras, que impide otorgar remuneraciones adecuadas a los trabajadores, quienes reclaman querer vivir a partir de su trabajo, lo cual no logran, en especial bajo un sistema que potencia el modelo clientelar como forma para afianzar el peso político del régimen dentro de la sociedad, lo cual por la vía monetaria ha estimulado la inflación, que ha alcanzado niveles que han malogrado la calidad de vida del venezolano y las posibilidades del sector productivo para ser eficiente. Mas, con todo lo perjudicial que esto tiene para la sociedad, el régimen se ve obligado a sostenerlo, por cuanto han asumido como principio mantener dependiente al pueblo, quien para obtener recursos de vida sólo tiene como camino su sometimiento, y para él es la forma que le queda para mantener cierto apoyo popular, algo que necesitan con urgencia. En consecuencia, este mecanismo es un circuito en el cual ante la miseria se crea un reparto de dinero inorgánico, el cual aviva la inflación, la miseria, lo que lleva al régimen a volver a crear dinero inorgánico. Este modelo que se opone al que en lugar del reparto se sostiene en potenciar la producción, mantiene a los trabajadores formales en condiciones lamentables y en permanente reclamo ante la pobreza en la cual viven, tanto que en casos resulta que la remuneración ni siquiera alcanza para cubrir los costos a incurrir solo para asistir al trabajo. Como el régimen se encuentra atrapado en este proceso, el cual está malogrando al sector productivo, conforma un mecanismo de implosión económica.

Los trabajadores sometidos a un empobrecimiento que acogota, han buscado opciones laborales en el extranjero, en países que han recibido a los de mayor calificación con manifiesta alegría, por cuanto, con ellos, han fortalecido su estructura productiva sin incurrir en los costos que representa su formación. Tal descapitalización de recursos humanos que ha sufrido Venezuela, gracias a la perversa matriz ideológica que defiende el régimen, tiene al país en condición sufriente. Así padece la paralización intermitente de los servicios públicos, como la electricidad, agua, combustible entre otros, por cuanto sus planes operativos y de mantenimiento se encuentran bajo la responsabilidad de personal que presenta evidente falta de competencias y, en contrario, cuando actúa, aún de buena fe, hay el riesgo de que las maquinarias y equipos resulten afectados, con pérdidas materiales importantes. Esta realidad que se sostiene en virtud de la aplicación de un modelo dañino, genera la implosión de la economía venezolana.

Esta realidad recientemente ha sido tratada por el Dr. Allan Brewer-Carias en su trabajo Reflexiones sobre los ciclos políticos en la Historia de Venezuela y la “apoptosis” de un régimen que tiene sus días contados, donde califica esta realidad bajo el término “Apoptosis”, donde muestra al régimen acompañando la conducta del animal mitológico “catoblepas”, el cual se come a sí mismo hasta desaparecer, bien así se encuentra, sembrando el escenario de implosión económica.

Por lo tanto, el régimen, apoderado de los poderes públicos, siente que su naturaleza es implantar este modelo, en consecuencia él jamás podrá llevar al bienestar, tal y como lo sostiene el 80% de la población. Así, no hay forma que el régimen lleve al progreso y bienestar, éste está condicionado al cambio de gobernantes.



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