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opinión

Pablo Aure

Largo camino a la libertad

26 febrero, 2018

La libertad supone un largo peregrinar. Así estamos en Venezuela. En algunos momentos muy eufóricos y en otros, bastante desesperanzados. Todo depende de los acontecimientos e inclusive del estado de ánimo de la gente.

Se han producido grandes decepciones originadas por los engaños de algunos dirigentes, tanto del oficialismo como de la oposición. No hablan con la verdad y han hecho del engaño su forma habitual de hacer política, es decir, ellos, gobierno y oposición, se amalgaman en la falsedad y ambos se mantienen en sus parcelas, unos ejerciendo el mando y otros recibiendo las dadivas de quienes mandan. Me explico: son caimanes del mismo pozo.

Hoy en Venezuela nadie duda de la mala situación, no porque alguien se lo haya dicho, sino porque a diario sufren las calamidades causadas por el régimen. Solo se salvan los enchufados y los personajes que están en puesto de mando en el alto poder.

El ciudadano común hace de tripas corazón para sobrevivir.

La gran estafa

¿Se han preguntado por qué se nos ha hecho tan largo el camino a la libertad?

En este camino a la libertad que hemos librado los venezolanos desde hace ya varios años, la verdad es que se ha hecho innecesariamente largo, pero tiene una razón que debemos mantener siempre presente: un reconocido sector de la ‘dirigencia opositora’ se ha configurado como unos grandes estafadores y en consecuencia inmediata, grandes cómplices del régimen y sus intenciones.

Mientras esa oscura y maligna dirigencia intenta definir el destino del país (evadiendo la catastrófica situación de la gente), la inmensa mayoría de los venezolanos peregrina para superar los obstáculos que le coloca la clase política que domina mediáticamente.

Así vemos largas colas en los bancos para sacar una pequeña cantidad de efectivo para pagar el autobús o el camión de estacas que los llevará a alguna parte. Los hospitales se han convertido en sitios de gigantescos lamentos; con el entendido que el personal de la salud que labora en esos centros asistenciales está dispuesto a colaborar pero imposible hacerlo por falta de insumos, desde la anestesia hasta la más insignificante sutura para atender a una parturienta, por citar solo unas pequeñas cosas, no hay en las salas de parto. Bajo el yugo del Socialismo del Siglo XXI, una enfermedad o algo tan maravilloso como lo es un parto se convierten en verdaderas torturas porque el régimen lo ha querido así. En efecto la máxima de estos perversos gobernantes es: “que la gente se preocupe y se ocupe por sobrevivir y deje de fastidiar con las protestas callejeras”, por eso también es una constante las supuestas fallas del bombeo de agua, seguramente pensarán: “que el pueblo esté pendiente del agua para que beba, lave y se bañe”, con los alimentos y los medicamentos sucede lo mismo, o sea, todo es una calamidad para mantener al pueblo distraído en lo elemental para sobrevivir.

La gran pregunta

¿Hasta cuándo carrizo aguantaremos esta humillación a la que nos expone el régimen de delincuentes y sus compinches (la oposición dialogante)?

La respuesta no puede ser una distinta a: hasta que todos entendamos que si no nos arriesgamos a luchar para cambiar este sistema siniestro, muy pronto estaremos reducidos a esclavos, porque hasta la condición de ciudadanos la habremos perdido.

Sé que al común de los venezolanos le importa un pepino el nombre de quien gobierne, inclusive le da igual si es un civil o un militar, pues lo que en realidad le interesaría es que el gobierno sea capaz de garantizarle cubrir sus necesidades básicas. Da dolor reconocerlo pero es así. No tenemos cultura política, por eso es común que de buenas a primeras se enamoren y fabriquen en su imaginación mesías que supuestamente resolverán los grandes problemas que nos aquejan.

Que equivocados hemos estado, y es allí donde este tipo de régimen, como el que en la actualidad somete a Venezuela se apoye en esa falta de cultura política para oprimir y someter a los gobernados desviando su exclusiva responsabilidad a un enemigo externo.

Hay que sacarlos de raíz

Lo peor de todo es que así como hay personas que desconocen el verdadero propósito de la casta gobernante, que no es otro que perpetuarse en el poder, hay otro sector, que conoce muy bien que será imposible superar la crisis mientras se mantengan en el poder los opresores que han devastado al país. Los culpables del desastre no son solamente los que hoy gobiernan sino sus compinches (negociadores disfrazados de opositores) y el método que emplean para gobernar. Por esa razón, para salir del profundo hueco en el que estamos metidos es indispensable sacarlos de raíz e implementar un nuevo modelo que procure la prosperidad, y esta, que únicamente es posible, dignificando y garantizando las fuentes de trabajo para reconstruir un sistema socioeconómico civilizado.

Siempre hemos esperado que otros resuelvan nuestros problemas, decimos: “es que la gente no sale a protestar” Señores: esa gente somos nosotros y no otros.

¿Y la Universidad?

Para terminar mis reflexiones de hoy, quiero hacer un llamado de atención y elevar un mensaje de viva voz a mis compañeros universitarios, que somos los llamados por solidaridad y responsabilidad a dar el primer paso en esta lucha libertaria.

¿Qué nos pasa? Me incluyo, no hemos estado a la altura de las exigencias ciudadanas.

Hemos soportado sumisamente las inclemencias de un régimen opresor que además de silenciarnos, se ha empeñado en soslayar nuestra dignidad. Las universidades están reducidas a espacios que cada vez están más vacíos. Estudiantes que desertan, se retiran, abandonan sus estudios o se marchan del país. Trabajadores (profesores, empleados y obreros) que se jubilan, renuncian o piden un permiso no remunerado. Los que continúan asistiendo al campus universitatrio es por su abnegada vocación de servicio y el deseo de transmitir esperanza y a la vez negarse a entregar el ´pais a la ignorancia.

Le pido a mis compañeros universitarios rebelarnos ante esta situación, si no despertamos ahora mañana estaremos mendingando una bolsa de comida o un ticket para comernos un mendrugo de pan. Les aseguro que es más peligroso para el presente y el futuro de la universidad nuestra inactividad y/o conformismo, que atrevernos a enfrentar con la razón y la inteligencia a este régimen sembrador de miseria de hambre y corrupción.

Convirtámonos en los libertadores de Venezuela, mantengamos vivas las esperanzas de construir un mejor país. Los universitarios somos millones que sabemos que este régimen conduce a Venezuela por el camino de la ignorancia y la destrucción. Colegas, profesores, empleados, obreros, hijos académicos nuestros estudiantes animémonos a bajar al chofer y asumamos la conducción de Venezuela.

@pabloaure



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