end header begin content

opinión

La ley del odio

3 febrero, 2018

La directiva del diario cumanés “La Región”, su directora Yndira Lugo y el editor del medio, Daniel Trujillo, fueron interrogados por la Dirección General de Contrainteligencia Militar.

La citación fue denunciada por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela. Otra agresión a la libertad de expresión, motivada por el artículo: “Comunistas lo advierten: en la calle ronda el fantasma del Caracazo”.

La supuesta ley contra el odio, es utilizada para lo que fue concebida: perseguir a los que no son incondicionales del régimen. El sindicato revela que en 2017 se registraron 26,5% más de agresiones a la libertad de expresión, que en 2016.

En un País que se despierta en medio de bombardeos con armas de guerra, para masacrar a venezolanos que enfrentan la dictadura o siendo testigo del secuestro de Enrique Aristeguieta Gramcko. Es importante estar alerta ante hechos, la masacre, la persecución a los medios y el secuestro de un patriota, tienen el mismo objetivo: silenciar la resistencia, atemorizar, paralizar, censurar.

La invocada ley contra el odio, “es un instrumento generador de odio e intolerancia promovido por Maduro y la fraudulenta constituyente”, “viola los artículos 202, 49, 51, 57, 58, 62 y 68 de la Constitución; los artículos 6, 11, 18, 19, 20 y 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los artículos 18 y 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”, aprobó la Asamblea Nacional, quien la declaró nula.

Las dictaduras generan su propia legislación, buscando contar con visos de legalidad, que en ningún caso será legítima. Las leyes injustas, jamás obligan en conciencia, la única ley civil aceptable es la moralmente justa y ordenada al bien común.

Es tan evidente que su objetivo es ejercer coerción, que el régimen la viola constante y públicamente, sin jamás aplicársele.

En su artículo 20 establece una pena de 10 a 20 años de cárcel a “quien públicamente fomente, promueva o incite al odio, la discriminación o la violencia contra una persona o conjunto de personas”. Sabemos que con ello busca suprimir los pocos espacios que posee el ciudadano para reclamar y formular denuncias; sino esta ley debería también servir para repudiar al “intergaláctico”, quien vociferó “Váyanse al carajo. Yanquis de ****”.

O cuando expresó textualmente: “Aprovecho para condenar de nuevo, desde el fondo de mi alma y mis vísceras, al estado de Israel. Maldito sea el estado de Israel”.

No quisiera imaginar, lo que sucedería con un columnista que escribiera: “¡Tareck, ponte a cuatro ‘paticas’, que el pueblo te va a dar ‘pela’!”, seguro no lo acusarían de homofóbico, si no que le aplicarían la ley del odio. Entonces que se espera para actuar contra Maduro, que dijo lo mismo, en un acto público, para descalificar al jefe del Gobierno español.

El ejemplo puede parecer osado, pero simplemente repite lo expresado por Maduro. De lo que aquí se trata, es de darnos cuenta que en Venezuela existen “dos pesos, dos medidas”. La validez de una ley reposa en que sea obligatoria y aplicada a todos por igual. Deben ser abstractas, sin estar dedicadas a la oposición; son impersonales, permanentes y conocidas por todos.

El abuso de poder va más allá de imponer una ley opresora, pasa por aplicar una ley inconstitucional e ilegítima, aprobada usurpando funciones de la Asamblea Nacional.

Qué pasaría si afirmara en un artículo que “Una bala por la cabeza de un chavista, pasa rápido y suena hueco”. Sería un escándalo, prohibirían mi publicación, me encerrarían en la tumba, me aplicarían la ley del odio y seria torturado.

Veamos bien, solo estaría repitiendo lo que dijo el embajador de Venezuela ante la OEA, Roy Chaderton, quien durante una entrevista en el canal estatal VTV, explicaba, las diferencias de lo que sucede cuando los proyectiles atraviesan la cabeza de un ciudadano, que no forme parte del régimen.

Reconozco que tan miserables conceptos, jamás debieron ser pronunciados en un canal de televisión. Solo busco demostrar la forma como el chavismo actúa, tanto en escenarios públicos como en los ocultos, todopoderoso se permite lo que le dé la gana.

Para no ir muy lejos, veamos una perla de Iris Varela: “Así dejemos a Venezuela en cenizas, no nos iremos del poder”, agregando que todo aquel que venga a sacarlos del poder seria fusilado.

En dos palabras, sin tribunales, sin justicia y sin derecho a la defensa, la ministro condena a muerte a la población venezolana. Así fue Chávez, así es Maduro, así fue Fidel y así es Raúl, como otros autócratas, con el cinismo que les brinda abusar del poder y las armas, anuncian la comisión de delitos, en total impunidad.

He allí un ejemplo perfecto, la Varela está en el Ministerio donde debe estar… en el de centros penitenciarios. Solo que hay que colocarla del lado correcto… detrás de las rejas.

Delcy Eloina es una buena candidata para hacerle compañía, una muestra de sus delitos de odio: “Déjame decírtelo aquí en las cámaras: Julio Borges, eres un “dictadorsucho”, Guevara, eres un “dictadorsucho”, Requesens, eres un apátrida”.

El Estado necesita de un ordenamiento jurídico, por eso se dictan leyes y normas que regulan su funcionamiento, respetando los principios democráticos y la voluntad de los ciudadanos que eligen libremente sus representantes. La autoridad existe para cumplir y hacer cumplir las leyes y la Constitución, aprobadas respetando sus propios procedimientos.

Pero el régimen chavista distorsionó el principio de autoridad, utilizándolo como un privilegio. Olvidando que están allí para servirle a la comunidad, procurar el bien común de la nación y el de sus ciudadanos.

San Isidro, citado por Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica, dice en sus Etimologías: “La ley ha de ser honesta, justa, posible según la naturaleza y las costumbres del país. Proporcionada a los lugares y a los tiempos, necesaria, útil, clara, para que no haya engaños ocultos en su oscuridad, ha de estar dictada no en provecho personal, privado, sino para la común utilidad de los ciudadanos”.

Las leyes se cumplen en la medida que sean “justas”, que coincidan con el respeto de los Derechos Humanos. Si no deben ser impugnadas. De la misma manera como nuestra Constitución establece el principio de desconocimiento de este régimen: Artículo 350 “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.

Las dictaduras dictan leyes para asegurarse el control de los pueblos, aspiran regular, lo que comeremos, lo que nuestros hijos estudian, lo que expresamos, nuestros medios de vida y de trabajo. Buscan controlar el acceso al dinero y lo que con ello adquirimos; crean delitos exclusivos para opositores.

Así comienzan, terminan encerrando, torturando y masacrando. Igualdad ante la ley, Igualdad bajo la ley, Igualdad ante los ojos de la ley, es el principio que reconoce que todas las personas deben ser tratadas de la misma manera.

Esto desaparece en sistemas antinaturales como la esclavitud, el colonialismo, la teocracia o cualquier dictadura.

Ex Cónsul de Venezuela en París
Presidente de Venezuela-Futura, Francia

https://www.facebook.com/groups/181289191975263/
[email protected]



Etiquetas:

Canal Noticiero Digital

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com