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Marcha de Codevida: Pacientes crónicos, en una carrera contra la muerte

9 febrero, 2018

Julio Materano / 8 feb. 2018.- La de este jueves fue una “Concentración por la vida”, convocada por Codevida; pero estuvo atestada de sentencias de muertes, de enfermos crónicos que escribieron sobre pancartas sus tragedias personales, cuadros médicos que imponen una cuenta regresiva y se complican conforme arrecia el desabastecimiento de medicamentos que supera el 90% en los hospitales, según Médicos Unidos de Venezuela.

Mildred Varela, una líder con cáncer de mama, que acudió a la convocatoria de Codevida en representación de los pacientes oncológicos, no vacila al respecto. La vicepresidenta de la Asociación Civil Conquistando la Vida, desmenuza con lágrimas los estragos de la crisis humanitaria que ha puesto en un riesgo inminente de muerte a 16 mil pacientes con insuficiencia renal crónica que dependen de una terapia de hemodiálisis y dejó, desde hace más de seis meses, a 3.500 trasplantados sin inmunosupresores.

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“Esto no es una crisis, es un genocidio, un holocausto contra los enfermos. Queremos vivir, no queremos morir de viejos”, profería inmutada. En Venezuela más de 5.668 mujeres diagnosticadas anualmente con cáncer de mama no tienen acceso a quimioterapia y otros tratamientos esenciales, según Codevida.

Durante la concentración en la plaza Alfredo Sadel, en Las Mercedes, las historias personales se alternaban con las cifras gruesas de una crisis que no parece tener colofón y que se ensaña contra los pacientes del interior que también acudieron para firmar un documento donde se pide que se permita la cooperación internacional.

Eduardo Franco, presidente de la Fundación Manos Amigas por la Vida, una organización que trabaja por los derechos de los pacientes con VIH/SIDA en Carabobo, delinea con números las secuelas del desabastecimiento.

Señala que desde el 3 de diciembre han muerto 43 personas seropositivas en Carabobo, donde existe un subregistro de 7.500 contagiados, de los cuales 5 mil recibían tratamiento del Seguro Social. “95% de las personas atendidas a través de las farmacias de Alto Costo no tienen antirretrovirales para detener el progreso del virus”, dice.

Codevida

Pacientes de todo el país clamaron en la plaza Alfredo Sadel. Su lema: #NoQueremosMorir

La situación, enfatiza el vocero, se complicó hace 8 meses cuando el Gobierno dejó de distribuir los tratamientos a enfermos crónicos. Cifras extraoficiales indican que en el país existen más de 77 mil venezolanos infectados con el Virus de Inmunodeficiencia Humana, pero el desabastecimiento de reactivos les impide realizarse las pruebas  básicas para evaluar el estado de su sistema inmune.

Feliciano Reyna, presidente de Acción Solidaria, advierte que cada año entre 11 y 12 mil personas contraen la enfermedad. Algunos expertos hablan de más de  300 mil venezolanos infectados, un cálculo conservador en un país donde escasean los condones y  fallan los kits de bioseguridad para practicar cesáreas a las parturientas y operar a personas contagiadas.

Sin comida

Jonathan Mendoza, un joven de 24 años que vive con un diagnóstico de VIH desde hace tres años, dice que para asegurarse su tratamiento tendría que viajar a la frontera con Colombia para comprar Efavirenz  Kivexa, dos fármacos cuyos costos ascienden a 10 millones de bolívares por cada presentación de 30 pastillas. “Una de los problemas que compite con la escasez de antirretrovirales es el desabastecimiento de alimentos que nos impide llevar una dieta adecuada que nos garantice el consumo de proteínas”, afirma el joven, quien dice desayunar pan solo por las mañanas.

David Arteaga, una de las caras visibles de los enfermos renales, perdió sus riñones hace cinco años tras una sobredosis de antibióticos que recibió después de un accidente de tránsito. Es de Aragua y acudió a la “Concentración por la vida” en representación de sus 74 compañeros de sala de diálisis.

Arteaga señala que de cinco unidades de hemodiálisis que hay en ese estado, cuatro dejaron de ofrecer la terapia sustitutiva por fallas de filtros, bicarbonato para el mantenimiento de las máquinas y soluciones para depurar la sangre. “No quiero morir, quiero seguir viviendo por mi país”, vocea.

Yelagnia Ochoa, una paciente de Yaracuy cuyo trasplante de riñón le fue realizado hace 32 años, tiene miedo de recaer en diálisis. Dice que la situación a la que se enfrentan no tiene precedentes y somete a muchos al vértigo de la muerte. Su cartel, colgado en el cuello, es un repudio contra la opacidad del Gobierno que desconoce la crisis: “NoAlJuegoMacabrodelSeguroSocial”, se lee en el papel.

Ochoa no se movilizó sola a Las Mercedes, acudió con otras compañeras que también sufren la crisis. Una de ella es Carmen Duran, una mujer a la que su hija le donó, hace dos años, un riñón para rescatarla de la muerte. “Tengo siete meses sin prednisona y otros inmunosupresores que garantizan la vida del injerto. Es una situación de angustia que me hace pensar en la muerte de manera recurrente”.

En el mercado internacional los tratamientos prescritos por su médico superan los 1.300 euros mensuales, una suma astronómica para una docente jubilada cuyo ingreso solo le alcanza para un cartón de huevos. La coyuntura, señala, genera desesperanza. Los afectados afirman que el desabastecimiento de reactivos para medir los niveles de inmunosupresores en la sangre, tales como tacrolimos, ha dificultado su control. Y el Instituto de Inmunología de la Universidad Central de Venezuela, el único centro capacitado para procesar pruebas de compatibilidad en la capital, no dispone de placas para procesar pruebas cruzadas de compatibilidad.

Arrecia la crisis

En un comunicado divulgado por Codevida durante la actividad, voceros recordaron que solo en 2016 murieron 11.400 niños antes de cumplir su primer año de vida por complicaciones asociadas a las fallas del servicio sanitario, 33% más que en 2015.

Pero el escenario tiende a complicarse. En el Informe Mundial de Malaria, emitido en 2017 por la Organización Mundial de la Salud, Venezuela figura, junto con Nigeria, Sudán del Sur y Yemen, como uno de los cuatro países en alerta por la crisis en curso. “Las personas en condiciones de salud crónica han visto una interrupción casi absoluta del acceso a medicinas y tratamientos desde finales de 2016”, alerta Codevida.

La organización añade que 4 millones de personas con problemas cardiovasculares y diabetes están sin tratamientos. Y 4.490 hemofílicos no disponen de factor de coagulación. “En 2017 fallecieron 22 personas y 270 corren peligro de perder la vida”, alertó Francisco Valencia, presidente de Codevida durante la lectura del comunicado.

En enero la Sociedad Venezolana de Hematología denunció fallas graves los bancos de sangre a nivel nacional, lo que impide realizar estudios de laboratorio para el tamizaje de enfermedades transmisibles como VIH, Hepatitis B y C.

El Dato

Según el Sistema de Monitoreo Centinela, implementado por Cáritas, 85% de las familias con problemas de desnutrición aguda recurren a fuentes inusuales de alimentos, como la mendicidad y los contenedores de basura, un hecho que se evidencia en las parroquias más pobres del país.



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