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opinión

Jesús Petit Da Costa

A estos hombres se les teme por el ejemplo

11 febrero, 2018

Enrique Aristeguieta Gramcko es el más longevo de los escasos sobrevivientes que aún quedamos de la Generación del 58, a la cual me honro en pertenecer. Me honro porque ha sido la única generación política que ha derrocado a una tiranía con una rebelión popular (cívico-militar), dando inicio a una democracia de gobiernos civiles, la que ha durado más tiempo: 40 años. Tenemos, pues, el honor de:

1) Ser los únicos civiles que han derrocado a una tiranía en Venezuela. Siempre lo habían hecho militares solos.

2) Somos los únicos que lo hemos hecho mediante una rebelión popular que iniciamos con una huelga general seguida de lucha en las calles, teniendo claro desde el principio que formábamos un movimiento insurreccional para derrocar a la tiranía. Antes de nosotros siempre fue un alzamiento y una guerra civil.

3) Los que hicimos una rebelión popular sin ningún complejo ni prevención con los militares, a los cuales hay que atraer para la democracia. Así, pues, nunca ocultamos que buscábamos provocar la intervención militar para integrar una alianza cívico-militar, partiendo del hecho de que siempre hay reservas morales y oficiales democráticos en las fuerzas armadas. Nunca ha existido la unidad monolítica militar de apoyo a una tiranía. Siempre existen oficiales críticos que se suman a la rebelión. Y con ellos se facilita la victoria.

4) Somos la única generación que ha derrocado a una tiranía para instaurar una democracia, pasando por el breve intermedio de un gobierno de transición cívico-militar presidido por un militar democrático. Instauramos la etapa democrática más prolongada de nuestra historia, la única República Civil que hemos tenido.

5) Somos la única generación que ha tenido el desprendimiento de no disputar el poder y el liderazgo de los jefes políticos ausentes, a pesar de ser nosotros dueños de la calle para el momento; por el contrario, aceptamos su primacía. Y somos por esta razón la única generación que habiendo realizado esta gesta nunca tuvo el lugar que merecía. No se lo permitieron las generaciones precedentes: del 28, del 36 y del 45, que se repartieron el poder. Fuimos sus peones en el ajedrez político.

Si fuimos desprendidos en la juventud, por idealistas, con mayor razón lo somos sesenta años después cuando estamos de abuelos. Nos interpreta Enrique cuando dice: “a esta edad no tengo ambición de poder ni afán de figuración.” Y cuando concluye: “sólo deseo contribuir al restablecimiento de la democracia en mi país.” En verdad es lo único que nos mueve en esta etapa de nuestra vida. El renacimiento de la democracia por la cual sacrificamos nuestra juventud. Pero la prisión de Enrique, afortunadamente breve, no tiene otra explicación que ésta: en su persona, por ser el más representativo de los sobrevivientes de la Generación del 58, protagonista de la rebelión cívico-militar del 23 de Enero, se teme el ejemplo vivo que somos, porque estamos diciéndole a todos: contra una tiranía sólo funciona una rebelión cívico-militar. Es la única manera de derrocarla. No hay otro modo. Todo lo demás es cuento de camino.

En tiempo lejano Tarre Murzi usó un lema referido a su persona: “a este hombre se le teme.” Cabe aplicarlo a Enrique y, si permite la licencia, a todos los miembros de la Generación del 58, que exhortamos constantemente a las nuevas generaciones a repetir la gesta del 23E58 para salir de la narcotiranía de la delincuencia organizada servil a Cuba.

Se nos teme por el ejemplo.

@petitdacosta



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