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opinión

Tamara Sujú Roa

No hay líder, hay ciudadanos

10 enero, 2018

Estimados lectores, quizá este articulo traiga alguna polémicas sobre mi propuesta al país, sobre todo porque algunos piensan que quienes estamos en el exilio no tenemos derecho a opinar, descalificándonos incluso públicamente.

Desde hace algunos meses, la sensación que tienen en el exterior, representantes de gobiernos, personalidades, congresistas, entre otros, es que sin duda, Venezuela vive un momento histórico nunca antes visto, entre la terrible crisis humanitaria y la ruina económica de 17 años de desgobierno, corrupción y mala gerencia. También tienen claro que es inédito la clase de régimen que ostenta el poder, incurso en el Narcotráfico, en vínculos con grupos terroristas internacionales y en la comisión de Crímenes de Lesa Humanidad, como la Tortura, la Detención Arbitraria y la persecución y represión sistemática de la población.

Sin embargo, también se preocupan por la poca coherencia de los interlocutores de los partidos políticos “más grandes” de la oposición, de la división que existe en estos momentos entre todos, justificada en la divergencia de opiniones en cuanto a las negociaciones que unos llevan a cabo con el régimen en la República Dominicana, en si ir o no a elecciones dependiendo de los resultados de esas negociaciones, si es que sale algo de ellas, en si los presos políticos que soltaron son un avance o no es más que una burda manipulación, porque ellos no deben ser fichas de canje, entre otras diatribas. A esto se suma la propuesta de una intervención o injerencia internacional por motivos humanitarios, en si aplica o no, y en otros infinitos etc. a los que además se van sumando otras caras políticas que también quieren ser parte de la contienda electoral y guindarse la banda presidencial como sea.

El problema es, estimados lectores, que no hay un líder político en estos momentos que sume, que cale en la población y sea capaz de levantarla. Ni Capriles, ni López, ni Allup, ni Rosales, ni Falcón, ni Claudio Fermín, ni cualquier otro por individual puede llamarse líder de la oposición o líder de los ciudadanos que buscan un cambio. Ningún partido político tiene en estos momentos los números suficientes para decir que son los primeros y que, con la actual situación de fraccionamiento, pueden ganar una elección este año, aún con las mínimas concesiones que el régimen pretende dar, según lo poco que se sabe de esas negociaciones. Ninguno de los representantes de los partidos que no son el PSUV, es capaz en estos momentos, de ungirse como líder y decir que representan a esa gran mayoría de ciudadanos descontentos que deambulan por las calles de Venezuela hambrientos y desesperados, sin tiempo para pensar más que en su supervivencia y en la de su familia, ante una tiranía opresora que extiende el control social ya casi hasta decidir que comen, quien recibe medicinas y dentro de poco, quien tiene derecho a vivir, si la cosa sigue así.

En estas horas menguadas de nuestro país, es cuando los ciudadanos debemos crecernos, hacernos sentir y exigir a la dirigencia política democrática, claridad, coherencia, valor y humildad. Pensar primero en Venezuela, y luego en ellos. Un régimen tiránico y criminal, armado hasta los dientes y financiado por el narcotráfico en parte, dispuesto a matar, encarcelar y torturar al adversario, no va a dejar el poder ni fácil ni pacíficamente, más cuando ve a una oposición política fraccionada y sin objetivos claros. Menos podemos pensar hoy, en rechazar de hecho, toda la ayuda y apoyo que, desde dentro y fuera de nuestro país, se pueda obtener para superar semejante escenario.

¡Basta de individualidades! Venezuela necesita mostrar un equipo listo y preparado para enfrentar los acontecimientos por venir, cualquiera sea el escenario que se vaya presentando. Un equipo cuyas caras sean rostros que los ciudadanos miren con esperanzas y se identifiquen con la causa del rescate de la democracia y de salvar a nuestro país de el peor régimen político de toda su historia. Un equipo capaz de centrarse en las prioridades urgentes e inminentes y en como trabajar para alcanzarlas, empezando por la salida de Maduro y su estructura corrupta para, inmediatamente después, dedicarse a la atención de las necesidades de la gente, sin ningún tipo de dudas en pedir la ayuda internacional que sea necesaria.

Usted puede llamarlo como quiera. Una junta, un grupo, un pacto… cuyo objetivo sea derrotar a la tiranía unidos, repito, en cualquier escenario que se desarrolle o que nos tenga preparado el régimen los próximos dias por venir. Hasta hoy, el régimen esta marcando la pauta. Es hora de que eso cambie.

A la tiranía se le puede derrotar cuando los ciudadanos así lo deciden. Y la palabra derrotar no es una declaración de insurgencia, sino de decisión de no seguir viviendo bajo el yugo de la opresión y demostrar que el poder verdadero para generar los cambios que clama el país, está en los ciudadanos dispuestos en alzar su voz contra la opresión. Es este el momento de quitarse la pre-banda presidencial y unir esfuerzos por Venezuela, formar una gran coalición en torno a figuras que sumen y no que resten, personas capaces de rescatar la esperanza de la gente por su probidad, preparación y valores, y juntos, llevar a Venezuela por una posible transición al Estado de Derecho y de Justicia, de orden democrático y social y al rescate de nuestra economía.

¿Podrán hacerlo? El reto es para ambos bandos: el de aquellos que deben renunciar a sus aspiraciones políticas inmediatas en pro de una coalición para el rescate de La República y el de aquellos a quienes la Patria llama para que sean parte, con su aporte, de la solución y la salida de esta Tiranía. Los ciudadanos estamos expectantes.



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