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opinión

Basta de ingenuidad

5 enero, 2018

La ingenuidad es propia del niño, de quien ve todo con candidez, se relaciona y acepta las acciones como le vienen, sin advertir intenciones perjudiciales. Es el niño que cree que las cosas van a suceder y con eso basta. Así vienen marchando líderes y sectores, en la esperanza de que las cosas cambiarán por cuanto los del régimen en algún momento entenderán que las cosas van mal y corregirán sus actuaciones, bien por conclusiones a las cuales llegarán dados los acontecimientos, bien por la presión interna e internacional a la cual supuestamente tendrán que ceder. Esto es ingenuidad por parte de quienes así piensan.

En primer lugar las realidades gritan por sí misma, la economía tiene años en declive, hoy son muchos los centros empresariales, de todas las magnitudes, que han disminuido significativamente sus actividades o han cerrado operaciones, algo que el régimen hasta unos meses negaba, mas las realidades, al estallarle en la cara, han tenido que aceptar pero con la insensatez de señalarlas como efectos de la acción de sectores internos (políticos, económicos o sociales) y/o de gobiernos de países rivales que atentan contra la estabilidad nacional, de donde viene la tesis de la guerra económica o el bloqueo financiero de origen nacional, internacional, así, de ser cierto sus argumentos, se aprecia que el régimen ha tejido una realidad cuya vulnerabilidad es impresionante, como por ejemplo cuando sostiene que la estabilidad monetaria y cambiaria depende del criterio de una página digital llamada “Dolar Today®”, algo que la sensatez empírica señala carecer de “pies y cabeza”. Así defienden una u otra “tesis”, una menos aceptable que la otra, lanzándola para capturar incautos, quienes se alinean con el régimen en la supuesta defensa de la “patria”.

Cómo puede sostenerse esas tesis cuando las realidades de años señalan el fracaso de esas políticas, algo que repite lo acontecido en las economías de los países en donde se han instalado. Cómo es posible creer que los del régimen no se dan cuenta de lo que pasa, cuando tienen toda clase de instrumentos para medir las realidades nacionales en todas las materias. Cómo es posible que haya quienes aún le dan un supuesto “beneficio de la duda” y creen que enmendarán. En este escenario lo único razonable es concluir que esta es su política, con todo lo que representa, es innegociable, en consecuencia quienes aún tienen puesta una venda sobre los ojos, ya es hora de quitársela.

Otra ingenuidad es aquella en la cual se piensa que con la sola presión internacional, vía el diálogo o negociación a suceder en República Dominicana, va a generar una propuesta para el acontecer de unas elecciones libres en las cuales se logre el necesario cambio de políticas de gobierno y el respeto a la constitución. Ciertamente, hay experiencias de otras sociedades en las cuales ha habido acuerdos en los cuales se han diseñado caminos para superar las crisis, mas ello sucede cuando el sector problema encuentra espacios de sobrevivencia, y la otra parte tiene una representatividad y liderazgo que le permita alcanzar acuerdos que la sociedad acepte. En este escenario, ¿Cuál es el poder de la MUD y sus representantes? Lo que es de temer es que la matriz internacional, ante la debilidad del bloque opositor, sienta la necesidad de imponer resoluciones con las cuales transija el régimen, lo que significaría que mantuviera el poder bajo determinados límites, generando escenarios en los cuales la comunidad internacional, en especial la vecina, vea aliviados los efectos que las políticas del régimen le generan, cierren ventanas y puertas y que los venezolanos vean cómo le hacen. Por eso, los negociadores opositores tienen que quitarse la venda en la cual piensan que con el apoyo internacional basta para tener amarrado al régimen, que el “mandado está hecho” y entonces, a partir de ahí, darse el lujo de maniobrar a discreción. Eso es ingenuidad.

Estos son algunos aspectos nacionales determinantes de la crisis donde hay quienes ven lo que quieren ver, cerrando ojos a la realidad, mientras el país se empobrece y muere. No es posible que quienes tiene las posibilidades se encuentren deshojando la margarita, en el ensayo y error, mientras el país sufre. ¿Dónde cabe como elemento de negociación la ayuda humanitaria? Esta tenía que ser una exigencia condicionante para que hubiera diálogo. No hubo soluciones en diciembre 2017 ni las habrá en enero 2018, sino hasta que el régimen alcance sus intereses. Mientras el “liderazgo” opositor no muestre poder social su voz estará menguada, por eso tiene que haber internamente acuerdos y adentrarse en barrios y caseríos, ciudades y urbanismos, en el vientre venezolano, amarrar al país primero para luego sentarse con fuerza. Mientras eso no suceda, lo que harán esos negociadores será turismo en República Dominicana. Basta de ingenuidad.



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