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opinión

Orlando Viera-Blanco

2018: O se marchan o se eternizan

3 enero, 2018

El 2017 cerró con un balance muy doloroso. La anti política hizo estragos, debemos agregar, no por desmerecidas razones. Venezuela entra en una fase de definiciones: O implosiona o se queda sumida en el caos. Creo que sucederá lo primero. Pero debemos puntualizar que no basta el estallido de las masas para forzar cambio de régimen. Hay que conducirlas…

Estudios recientes de opinión pública, demuestran que las bases populares siguen acéfalas de liderazgo. Si a estas alturas la gente piensa que el capitalismo no es opción (66%), o peor, que el socialismo mantenga una preferencia de un 34%, esto quiere decir que los líderes de una Venezuela liberal, competitiva, productiva y próspera han comunicado muy mal. Y que un 60% opte por inmigrar es una esperanza perdida tanto por causa del gobierno como de la oposición. ¿Por qué? Porque los primeros promotores de un socialismo-populista-clientelar, son muchos de los líderes de oposición. No ha habido una verdadera oferta política que ilustre las bondades de un mundo educado, tecnológicamente desarrollado, competido y bien comunicado.

En Venezuela tenemos lo peor de todos los mundos: Intervencionismo, desmantelamiento institucional, supresión de libertades y opresión. La explicación que a estas alturas las bases populares no hayan estallado es relativamente simple: por un lado no tienen empatía con la oposición por lo cual ni han marchado ni han seguido una real ruta de desobediencia y protesta y por otro, ha prevalecido la resignación y cooptación de su libre albedrío. Acostarte y levantarse con hambre no deja otra alternativa, que buscar comida o piedad. Y sin comida ni piedad lo que queda es el asalto.

Verdades y falacias

Es verdad que la comunidad internacional quiere hacer más, quiere intervenir y restaurar la libertad y la democracia en Venezuela. Hemos visto de primera mano cómo Washington y Europa articulan sanciones en contra de un gobierno paria. Hemos promovido se aplique la fórmula del “Deber de prevenir, proteger y restituir” consagrada en la Cumbre de 2001 de las NNUU, que no es otra cosa que la injerencia legítima por razones humanitarias. Pero también es cierto que los postulados Dragonianos de no intervención y autodeterminación, siguen siendo un tabú en el mundo. A partir de ahí, la reactivación de la movilización de calle en Venezuela es condicional. Pero no anárquica, sino organizada y acompañada del pueblo. Este es el desafío de los líderes de oposición. Entender que la intervención internacional es vital para lograr la vigilancia de rigor en un proceso transicional. El diálogo a nuestro juicio, no cumplió su cometido. Sólo el indecoroso chantaje de libertad por vasallaje. Y eso no es política. Eso es colusión, es decir, “pactar privilegios propios a cuenta del sacrificio de la nación. Cuidado amigos de oposición con quedar retratados en esa foto implosiva.

También es falso que la estructura militar esté neutralizada. Creo que un sector mayoritario de las FFAA está a tiro de plegarse a cualquier movimiento de masas que estalle y sea conducido sólidamente. Sin duda ha habido improvisación y desespero. Pero el descontento y el hambre es incontenible. Así, un estallido social no contará con los fusiles de las FFAA para reprimirlas. Es el pueblo convertido en traposos y miserables, a quien las guardias pretorianas no lanzarán plomo, bombas y perdigones. No. Esta “épica” no la librará Maduro, porque no nunca ha sido épica. Es el levantamiento indómito de la indignación invadida de estómago, muerte y desolación, de un pueblo que ya no acepta ser ninguneado.

Tampoco es verdad que exista una alternativa política que capitalice la decepción de tirios y troyanos. No hay tiempo. El desbordamiento está a horas de escribir esas líneas, por lo que la oposición debe ser lo suficientemente inteligente, astuta y pragmática, para reunificarse y reconducir la calle. De lo contrario, en el caos que no hay transición posible, la comunidad internacional se ve impedida de armar juego y quien quedará será o Maduro o algunos de sus similares. Diosdado está al bate…

En conclusión, el 2018 será un año vandálico y trepidante, mucho más agitado que el 2017, que no fue poca cosa. Pero un año de cambio definitivo de gobierno, el fin de una era o eternización de una tiranía inédita en Latinoamérica, misma que combina narco, represión, saqueo y terrorismo de estado. Para lograr el cambio debe cesar la antipolítica; anteponerse el valor de la unidad; reconstruir una alianza política-ciudadana más allá de una cúpula política; articular bases populares alentando el liderazgo de periferia, de barrios y provincia; armar un comité estratégico con autoridad y disciplina (que obre en silencio), y finalmente, rescatar el discurso liberal. Esto es clave. El pueblo hay que ofrecerle industria y trabajo. No más limosnas y reparto. Este discurso debe ser bien construido, mejor divulgado e incansablemente cabalgado…cual mesías pero de ¡prosperidad y orden!

Si adoptamos estos elementos de agregación y movilización eficiente, en el 2018 se decretará el fin de la era chavista. Si sucede lo contrario no será por eficacia de ellos, sino por torpeza nuestra.

@ovierablanco



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