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opinión

Gustavo Yepes

El dilema electoral

31 enero, 2018

Las redes sociales están inundadas de mensajes, a cual más apasionado, para convencernos de todos los males que acarreará el hecho de ir a votar por un eventual candidato opositor. También hay muchos mensajes invitando a votar, pero estos son menos populares y terminan siendo el blanco preferido de quienes promueven la abstención a ultranza.

Esto plantea un terreno de batalla bastante desigual. De un lado, los opositores que favorecen al voto y por el otro el régimen con la colaboración entusiasta de los opositores que favorecen la abstención. En el medio, los que enfrentan el dilema shakesperiano de votar o no votar. Me temo que estos últimos ya decidieron a priori, o decidirán en su momento, de acuerdo a sus características personales. Los viscerales, impulsados por sus justificadas frustraciones, tenderán a inclinarse del lado de los abstencionistas y los analíticos a uno u otro lado según el producto de su análisis. El resultado parece estar a favor de la estrategia del régimen, quien arrastrará a sus votantes inducidos por fanatismo o por miedo y podrá ejercer libremente su bien labrado derecho al fraude si nadie se lo impide.

Yo entiendo la frustración de muchos opositores. Han sido demasiadas derrotas, demasiadas humillaciones, demasiadas pérdidas. El régimen ha sido inteligente en su estrategia e implacable en su ejecución. Aparenta no temerle al pueblo en la calle, a las sanciones internacionales ni a los patriotas que ofrecen su vida en riesgosas aventuras. A una sola cosa han demostrado tenerle miedo y es al voto libre de los ciudadanos. La lección de las parlamentarias de 2015 los zarandeó y han hecho todo lo posible para que no se repita un escenario donde podamos expresarnos libremente.

Este escenario trae dos posibles estrategias, con sus grises, por parte de la oposición. Votar o no votar. Sea cualquiera que sea la decisión de la oposición, tendrá fuerza solo si hay consenso.

Los argumentos a favor de la abstención suelen ser subjetivos y emocionales: “no validaré la ANC”, “no permitiré que me vuelvan a robar mi voto”, “no seré cómplice de un fraude”, “no apoyaré a ningún político traidor”, “no traicionaré a nuestros mártires”, “una dictadura no sale con votos”.

Los argumentos a favor del voto son más objetivos: “si no acudimos a las elecciones le dejamos el camino abierto al fraude”, “en las parlamentarias acudimos masivamente y no pudieron hacer trampa”, “muchas dictaduras han salido por votos”. El estudio conducido por John Magdaleno, acerca de las transiciones exitosas de regímenes autoritarios a democracias, nos muestra que las elecciones han sido determinantes en el 80% de los sesenta casos que ha estudiado hasta ahora.

Estoy convencido de que bajo las actuales circunstancias debemos prepararnos para acudir a las urnas masivamente y tomar la decisión final por consenso y con al aval de la comunidad internacional. Si decidimos ir, incluso perdiendo una elección fraudulenta podríamos ganar. Esto ya lo demostró el pueblo venezolano hace 60 años, al rebelarse contra los resultados del plebiscito fraudulento que el dictador se inventó para intentar entronizarse en el poder.

Sea cual sea la decisión, los que realmente queremos un retorno a la democracia debemos hacer un solo frente y esto comienza por no hacerle el juego a las estrategias del régimen. El enemigo a vencer es el régimen y la unidad es esencial.



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