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opinión

Freddy Marcano

Diálogo en todos los sectores

2 enero, 2018

Finalizamos un año de mucho conflicto y sinsabores, donde nuestra clase política perdió la conexión con la sociedad al no saber escuchar, interpretar y dirigir a ese pueblo que clama por libertad y un mejor vivir. Por eso, el nuevo año es de muchos retos, de virar el timón, crear objetivos y estrategias más tangibles, haciendo un balance de los errores cometidos, reestructurando lo que ya sabemos que no funcionó, buscando dialogar primero hacia dentro. Este, debe comprometer a todos los que no estamos de acuerdo con este modelo hambreador que está destruyendo nuestra sociedad, para – luego con ideas más claras y adecuadas a las circunstancias – retomar el diálogo hacia afuera, con el gobierno que por demasiado tiempo nos ha tocado.

Dialogar hacia adentro implica sinceridad al actuar, dejar de manejar la política de beneficio personal y partidista, pues, ya es hora de cambiar, el país así lo requiere. Desechemos lo malo y recuperemos lo bueno, como toda aquella estrategia que ha funcionado para recobrar la confianza de la gente. Solo así podremos enfrentar a nuestro oponente, porque – de lo contrario – seguirá el gobierno reconquistando espacios, siendo la apatía y la desilusión sus metas por excelencia. No hay mejor vacuna contra el desencanto con el que nos ha contaminado, que levantarse con el entusiasmo necesario para superar los errores en los que hemos incurrido y alcanzar los fines más nobles que empeñan nuestro esfuerzo.

Discutir sobre objetivo claro y real, los problemas puntuales que necesitan resolver los venezolanos, con la intención de llegar a un acuerdo o de encontrar una solución: es el deber ser de los días que corren. El diálogo no es un acto que se produce de manera espontánea e instantánea, sino un proceso que se construye. Sólo es viable si se construye un mínimo de confianza y respeto mutuo, aunque estemos claros de la naturaleza de nuestro oponente y fundamentalmente tomando como base el reconocimiento de las diferencias que son muchas.

Solo recuperando la confianza del pueblo es que podemos entablar un diálogo con el régimen, porque llegar directamente a negociar sin tener un respaldo contundente carece de sentido. O solo pensar en negociar la salida de alguien que no se quiere ir, que está enquistado en el poder, y a sabiendas que es mucho lo que debe, disminuye las posibilidades de generar un cambio lo más pronto posible. El realismo debe imponerse, lo cual no significa aceptar las cosas como están, sino reparar en ellas y conocer el tamaño de las exigencias y de las circunstancias en juego.

El saldo positivo de cualquier intento de diálogo va a depender solo de lo antes expuesto, siendo el mayor reto el de recuperar la confianza del pueblo que, por tantas causas, muchas con razón por el mal manejo de las situaciones, se perdió. Ya el venezolano no aguanta más mentiras o medias verdades. Y en verdad, la República debe reconstruirse y nos necesita a todos.

En los peores momentos de las dictaduras pasadas las de nuestra historia contemporánea, se realizaron propuestas de diálogo de actores que se encontraban en el exilio: por ejemplo, Luis Herrera Campíns, al proponer un “diálogo insólito” para la encrucijada de 1958, basada en una salida eectoral. Nada descabellada luce la idea, hoy, pero requiere de elementos muy específicos y concretos, como el que no puede haber otros eventos electorales, pendiente las presidenciales, sino como resultado del diálogo mismo, cierto y eficaz.

Lo anterior pone en evidencia otro asunto no menos concreto y específico, como el que el gobierno no formula propuesta alguna, tal como lo ha hecho la oposición (liberación de presos políticos, cambio de CNE etc.), excepto se trate del estricto cumplimiento de lo pautado en la Constitución para lo cual es evidente el consenso. Y, sin embargo, no es una petición estelar del gobierno que la ha violentado con la preservación de la tal constituyente. Entonces, dándole validez al diálogo, con su aceptación por determinados sectores de la oposición, el mayor obstáculo se encuentra en un oficialismo etéreo, divagante y retórico.

@freddyamarcano



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