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opinión

Luis Velázquez Alvaray

La hallaca y sus recuerdos

23 diciembre, 2017

Mucho se ha escrito sobre la hallaca, tanto como las que se han hecho desde la colonia hasta que se pudo. La Hallaca tuvo una connotación sociológica: significó la unidad de la Familia, ya que su composición heterogénea permitía la participación de todos. Las abuelas y las tías hacían el guiso; los cerdos y las gallinas se salpimentaban durante días. El trabajo rudo correspondía a los jóvenes;la leña, las hojas de plátano y toda la logística campestre exigiahoras de esfuerzo.

Durante una tarde y noche entera alrededor de una mesa gigante, tan grande como una esperanza, se realizaban todos los oficios especializados. Los visitantes algo hacían. Las amarraban en yuntas y tomaban lo que cada quien llevaba. Era realmente una fiesta singular, simpática, alegre: curiosa, encantadora, venturosa.

Fueron siglos de hallacas que acentuaron las diferencias; las regiones en su sana búsqueda de la distinción fueron agregando ingredientes para decir que eran mejores. También las familias se jactaban de hacer las más deliciosas Hallacas de su pueblo.

Con el paso del tiempo los Chef abrieron los festivales de las hallacas, donde eran más caras. Las de Claudio Nazoa costaban oro y muchos especulaban endosándole su autoría.

Llegada la madrugada del día de la hechura, en el vecindario se respiraba un aroma que plasmó un poeta: “largo como una plegaria”. Aroma infinito.Aroma de unidad.

Además, la hallaca es un plato que desde su origen fue mundial, es decir, contribuyó a la “globalización”, ya que integró delicias de otras latitudes: aceitunas, pasas, alcaparras, que se compraban en cualquier negocio como si se cultivaran por allí mismo. El vino de Marsala, de origen Siciliano, se conseguía fácil como buscar un jugo de mango. Las aceitunas viajaban desde el mediterráneo, las alcaparras del oriente medio, las uvas y pasas también venían de los confines europeos.

Nazoa originario, Aquiles, nunca se imaginó la suerte del fausto pastel. En sus “cuentos de navidad”, afirmó: “Solo la hallaca en su cartujo verde permanece y sobrevive”.

Todo el mundo era celoso con sus recetas, pero lo cierto es que el Presidente Betancourt las democratizó con el nombre de multisápidas. Fueron parte de nuestra tradición y hoy es experiencia bella que guardamos como un recuerdo.

velá[email protected]



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