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opinión

Ismael Pérez Vigil

Balance 2017: ¿Unidad?

9 diciembre, 2017

Hay un sector del país al que llamamos “chavismo” que es algo más que un fenómeno político y electoral; es una forma de concebir la vida, el país, el futuro, es una forma de ver a Venezuela, con una cierta “coherencia” interna, víctima de un “discurso” unificado. Frente a ese sector cerramos 2017 con la sensación de que no tenemos un diagnostico claro de la situación que lo afecta, junto a la gran mayoría del país.

La derrota sufrida el 15-O, entre otras cosas que ya hemos analizado, y mientras esperamos la debacle del 10D, ponen también en evidencia que no conocemos a fondo las aspiraciones de una buena parte del país, cercana a un 30%, que no tenemos una propuesta para él, que obviamente sigue pensando que la dictadura es una respuesta a sus múltiples problemas.

Quizás si reflexionamos a fondo y sin perjuicios podamos llegar a la conclusión de por qué en la oposición no tenemos una visión de país, compartida, traducible en propuestas para llenar las aspiraciones que, el chavismo ayer y la dictadura hoy, llenan con populismo, dadivas y un “discurso” frente al que no hemos ofrecido, de manera clara, una alternativa. Como la tuvieron los venezolanos del 28, del 36, del 45, del 58 del siglo pasado, que crearon las instituciones que hoy añoramos, que desarrollaron la democracia que anhelamos y cuyas ideas se nos fueron desperdigando en el camino. Mientras eso no se logre y ocurra lo que estamos viendo (impostergables aspiraciones personales y de grupos, ansias de fácil liderazgo mediático y en redes sociales, respuestas individuales a problemas colectivos, etc.) no vamos a quitarnos de encima este régimen, que si bien no crece más, tampoco se resquebraja significativamente.

De manera que a la combinación de abstención, fraude, votación por la dictadura y burocracia partidista con la que cuenta el régimen, que son los factores que explican el triunfo electoral de la dictadura o la derrota de la oposición en los últimos procesos electorales, hay que sumarle, primero, la falta de un “discurso” − al cual me referiré próximamente−, de una alternativa que entusiasme a esa parte del país que aun vota por la dictadura o que no vota por nadie; y segundo, la falta de “unidad”, con el perdón de la palabra, que resulta ofensiva para algunos. Tenemos así, entonces, el cuadro completo de lo que nos hizo daño el 15-O y nos continúa haciendo daño hoy.

Pero la falta de unidad no es algo que se manifiesta solo después del 15-O, de la juramentación de los gobernadores ante al ANC y la forma desorganizada con la que nos enfrentamos a las elecciones de alcaldes. Es cierto que el “fraude continuado” nos perjudicó electoralmente, pero más allá de eso, tras las reacciones de algunos de sus dirigentes y como se expresan de otros y de la MUD, hoy vemos que esa falta de unidad fue lo que nos impidió –más allá del fraude, reitero–, tener alianzas perfectas, en primera instancia, en todos los estados.

Hoy ya no es un secreto, aunque no sea algo definitivo, que la MUD está fragmentada, no solo en la clásica división entre social demócratas, socialistas, demócrata cristianos, liberales, laboristas, etc. sino también en la estrategia política que se plantean para combatir la dictadura: votar, abstenerse, dialogar, no dialogar, intervención militar, insurrección popular, etc.

La “unidad”, incluso de lo diverso, lució siempre −y luce todavía− como una condición política fundamental para luchar contra la dictadura. Muchos, yo mismo, hemos defendido la “diversidad” de la oposición como algo positivo, como una fortaleza; pero ahora me pregunto: ¿Es eso, mantener la diversidad, más importante políticamente hablando, que presentar una unidad solida y firme, aunque no sea de todos, a la hora de enfrentar a una dictadura como la que padecemos? ¿Habrá llegado, como muchos sostienen, la hora de un deslinde entre los que ahora nos oponemos a la dictadura, aunque eso implique un retraso en la salida de la dictadura? La naturaleza de las ofensas que nos endilgamos los opositores unos a otros parecen hacer ver que una “reconciliación” no será fácil y para algunos ni siquiera deseable. Son temas para reflexionar y si no que les pregunten a los votantes de algunos estados y municipios –que no mencionare públicamente– en donde vimos disputas muy fuertes entre candidatos y ex candidatos, que impidió que las fuerzas opositoras trabajaran intensamente y triunfaran en las elecciones recientes.

Por supuesto que después del 15-O y del 10-D estaremos en una situación mucho más precaria, más débil que la que teníamos después de las elecciones parlamentarias del 2015. Resultado de procesos electorales en los que salimos derrotados debido a los factores ya explicados y que hacen que estemos mucho más debilitados. Corresponde a los factores políticos, a los partidos, a la MUD, a los opositores, generar las condiciones políticas que nos permitan ir a una negociación con el Gobierno para convocar un proceso electoral en condiciones creíbles el próximo año que, constitucionalmente, están previstas las elecciones presidenciales.

A menos que a alguien se le ocurra la brillante idea de que “con este CNE, no”, “a unas elecciones convocadas por la ANC, no”. O que a alguno de los asesores “internacionales” −que ahora dictan nuestras políticas− le parezca que “no están dadas las condiciones”, que “no hay garantías suficientes”.

@Ismael_Perez

Politólogo



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