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opinión

Razones para votar y la razón Landmesser

9 diciembre, 2017

Primero debemos definir la abstención, luego resumir las “razones” de quienes nos convocan a no acudir a las citas electorales, y por último señalaré sus fortalezas y debilidades en la coyuntura actual.

La abstención es, junto al voto nulo, una forma de expresar descontento o rechazo hacia un proceso de elección en particular, o hacia toda la opción electoral, alegando irregularidades en su organización, que perjudican a una porción para beneficiar a la otra (generalmente al oficialismo que tiene a su cargo la mayor parte de esa organización y el acceso a los recursos, lo que le da ventajas en el uso y abuso de los medios de comunicación, que monopoliza a favor de su propaganda, de la infraestructura y los vehículos de la administración pública, puestos al servicio de sus correligionarios y su campaña, de los dineros del erario convertidos en aparentes “ayudas”, vulgares dádivas para comprar votos, etc). Son una manera de protestar, la no participación y la anulación del voto envían el mensaje de la insatisfacción respecto del proceso electoral en sí, y del régimen que lo organiza.

La abstención es una opción que irónicamente tuvo efímera participación en la estrategia opositora de la anterior dictadura militar, la de Marcos “Tarugo” Pérez Jiménez. En 1952, AD, el PCV y COPEI convocaron a abstenerse en las elecciones organizadas por el despotismo corrupto y represivo del perezjimenismo, pero URD sí participó abierta y decididamente, lo que produjo un giro en los otros partidos y, casi a última hora, comunicaron a sus respectivas militancias que estaban en libertad de ir a votar.

URD obtuvo más votos, pero MPJ volteó esos resultados y, apoyado en el poderoso y amenazante “argumento” de las armas que controlaba, ejecutó el fraude y usurpó el poder, repitiendo la prepotente trampa electoral en diciembre de 1957. En ambas ocasiones, el mundo entero supo que la dictadura militar había cometido vulgares fraudes, y esa ilegitimidad de origen sumada a la permanente represión contra quienes repudiaban el militarismo y anhelaban democracia, más la corrupción del alto cogollo militar que aumentaba el número de obras de infraestructura (el “Nuevo Ideal Nacional” había adoptado el desarrollismo como columna vertebral de su dictadura, porque esa creciente red de construcciones -autopistas, edificaciones, el moderno y pionero gran centro comercial en forma de pirámide redondeada, el Helicoide, etc.,- les facilitaba el desvío de las fortunas con las que disfrutaron de todo tipo de lujos en sus respectivos retiros, opulencia en la que todavía viven sus descendientes), condujeron finalmente al descontento mayoritario que desplazó a la dictadura (comenzó con un alzamiento de oficiales de la Aviación militar, el 1º de enero del 58, seguido de huelgas y protestas civiles, que forzaron la gradual salida de jerarcas del régimen (Pedro Estrada, Vallenilla) hasta la fuga entre medianoche y gallos, del tirano, en nervioso despegue desde La Carlota.

El llamado a la abstención fue una constante en la dinámica de la ultraizquierda foquista, inmediatista y estalinista declarada enemiga de toda expresión de genuina democracia. Votar es ejercer la soberanía popular y es a la vez mecanismo y símbolo del ejercicio de la voluntad individual expresada por la mayoría, pero considerando en sus resultados y consecuencias las aspiraciones y los derechos de las minorías, lo cual es contrario a la normal actuación de todo régimen comunistoide donde el poder real no lo ejerce el pueblo -aunque así lo diga su muy hipócrita teoría- sino su representación, ya filtrada convenientemente para que responda a los intereses del partido único, como también es excluyente su ideología-, y la guinda de esa torta totalitaria es la figura del caudillo en torno a cuyos caprichos giran las conductas de los integrantes del Gabinete, el Parlamento y cuanto organismo público funcione, así como también debe implementarse un culto de su persona cuasi-religioso, para que se garantice la obediencia ciega , que en la URSS, China y Norcorea ha mostrado el comunismo sus caras más horrendas.

En correspondencia con el permanente llamado a la abstención que obcecadamente hacían los lacayos de Fidel antes, durante y después de las guerrillas derrotadas en su empeño de imponerle a Venezuela el anacrónico y fracasado esquema colectivista, el golpista mayor, Hugo Chávez, agente castrista luego de apenas 26 meses de muy cómoda y complaciente cárcel por su criminal responsabilidad en dos golpes militares de febrero y noviembre 1992 fue liberado gracias al vergonzoso sobreseimiento que le concediera el inescrupuloso Caldera (que siendo abogado sabía muy bien que podía esperar a que le dictaran sentencia, para indultarlo, pero optó por beneficiar a los golpistas, suspendiendo el juicio y sobreseyendo a los militares felones, pues así podrían participar en política. Pues también el fanfarrón de Sabaneta dedicó varios años a convocar a la abstención, de 1994 al 1997 puso sus disparatados empeños en esa opción buscando descalificar la expresión más democrática y asequible a todos los mayores de 18 años. Miquilena y Rangel lo convencieron de usar su insólita popularidad para, a través del voto popular, ingresar a las alturas del poder y desde dentro ir destruyendo la institucionalidad, la economía y la convivencia para complacer al ídolo de todo ese ñangarato, Fidel Castro, obsesionado desde 1959 con controlar a Venezuela y sus recursos.

Es evidente que, salvo por un breve lapso en 1952, la abstención ha formado parte esencial de las ofertas de la ultraizquierda, tanto en posición opositora 59 al 98-, como en posición oficialista del 99 a esta fecha.

La condición de opositor abstencionista debería ser un oxímoron, una incoherencia política, si se trata de un ciudadano comprometido con los principios de la democracia y decidido a ejercer todos sus derechos constitucionales, a pesar de las maniobras para descalificar la efectividad del voto, y los fraudes que una dictadura cometa para pervertir los resultados, modificándolos a conveniencia y sin escrúpulo alguno. Rómulo Gallegos ganó las elecciones presidenciales de diciembre de 1947 por mayoría indiscutible, y esas fueron las primeras elecciones directas en las que por ley se permitió que participaran todos los venezolanos mayores de 18 años, sin discriminar a las mujeres, que también por primera vez concurrían a un proceso político con voz propia. Hasta entonces, se elegía desde enclaves sociales, indirectamente, élites que monopolizaban el derecho a decidir quiénes representaban al “pueblo” y quiénes ocuparían la presidencia del país, de sus estados y municipios. Elegir al Presidente del país fue un gran logro, que pasó a formar parte del ADN venezolano, por lo cual debió producir elevado disgusto social que la dictadura militar perezjimenista irrespetara groseramente la expresión de la voluntad popular al voltear los resultados en 1952, siendo mayor el descontento cinco años más tarde, cuando otra “viveza” irrespetuosa se añade a la acumulación de faltas graves cometidas por la tiranía.

Tener la razón, alcanzar la Unidad, y perseverar en las estrategias hicieron posible para la oposición llegar a ser la mayoría evidente (alejarse del “48%” en el que por conveniencia del castrochavismo nos ubicaba el mañoso y sectario CNE, mientras podían inflar su apoyo real, alrededor del 40%, lo que no pueden perpetrar cuando la oposición asiste y demuestra su condición mayoritaria. No hay manera de que inflen un apoyo electoral por debajo del 35%, eso se comprobó en diciembre del 2007, cuando el pataruco de Barinas fue derrotado en su pretensión de reformar la Constitución -aunque ordenó al CNE que redujera la diferencia, para no quedar tan mal-,y en diciembre del 2015, cuando una mayoría con más músculo le dio 112 diputaciones a la Oposición, claro y contundente respaldo para cambiar la ruta, con esa mayoría calificada en el Poder Legislativo).

A partir de esa colosal derrota, el castrochavismo tuvo que quitarse la dañada máscara de democrático y dedicar todos sus esfuerzos y recursos a mantenerse en el poder, impidiendo la opción electoral en la que era indiscutible su condición de patética minoría, con un inestable 20%. Mediante gruesas violaciones a la Constitución, cometidas por los nada autónomos TSJ y CNE, la secta sucialistadelsiglo21 demoró por 7 meses, hasta suspenderlo en octubre, el referendo Revocatorio que habría sacado de Miraflores al indocumentado, también suspendieron las Regionales, y durante todo el 2016 y el 2017 han irrespetado a la AN, al extremo de sentenciar a fines de marzo la usurpación de las funciones del poder legislativo por parte del Tribunal Supremo de Injusticia, lo que provocó cuatro meses de protestas ciudadanas, reprimidas criminalmente, con saldo de 139 muertos, mil heridos, 400 detenidos, y grave e injustificada destrucción -al peor estilo nazi- de propiedad privada en conjuntos residenciales agredidos con tanquetas, funcionarios y paramilitares. En 2016 y 2017 han mantenido un “decreto de emergencia nacional” -no aprobado por la AN- apoyado y reiterado 12 veces por el TSJ, un mamotreto inútil e improductivo, que no ha impedido el agravamiento de la escasez de alimentos y medicinas, ni la zimbawense devaluación de nuestra moneda (estaba a Bs 574 en febrero del 99, hoy se necesitan más de Bs 100.000.000 para adquirir un dólar, y eso se refleja en las mercancías cuyos precios aumentan semanalmente, pulverizando el poder adquisitivo de la mayoría).

El primordial promotor y beneficiario de la abstención es el castrochavismo lógicamente, pero también hay quienes la promueven desde posiciones opositoras: reales, en aquellos casos de quienes aparecen mostrando su rostro e identidad, sospechosas en esa multitud de guerreros del teclado, que disparan sus dardos envenenados desde las trincheras del anonimato y la comodidad de los que nada arriesgan, y para colmo pudiera tratarse de mercenarios informáticos, comemieddas cubanos y rastreros criollos, agazapados en organismos públicos, sostenidos con dineros que debieran ir a escuelas y hospitales, encargados de crear “matrices de opinión” que siembren desánimo y engorden el abstencionismo.

Los principales argumentos presuntamente provenientes de opositores, y razones en contra;

1. “El CNE comete fraude”. El CNE ha cometido fraude siempre, la única vez que el charlatán intergaláctico compitió sin hacer trampa fue en el 98, por el declive de AD y COPEI entonces obtuvo 3.673.685 votos (el 33,36% del REP), pero hubo 450.987 votos nulos y se abstuvieron 4.024.729 (el primer gran servicio de la abstención a la pesadilla castrochavista, entonces organizada como “chiripero”). También para elaborar otra Constitución (la del 61 era excelente, pero la maña nominativa los embarga, lo gatopardiano de cambiar nombres para que todo siga igual o peor) la abstención y los votos nulos alcanzaron 62,35% + 2% y 55,22% + 4,55% en convocatoria y aprobación respectivamente (segundo gran servicio de la abstención a la mojiganga sucialistadelsiglo21). La marcha de un millón de personas rechazando a Chávez, el 11 de abril del 2002, y la solicitud de Revocatorio en febrero del 2003, nos demuestran que para esas fechas el apoyo real al hijo bastardo de Fidel era débil, lo que los obligó a masacrar la vanguardia de la Marcha, y demorar -con maniobras fascistas, Lista Tascón incluida- hasta agosto del 2004, la celebración del Revocatorio, que “superó” mediante la contratación a dedo de la empresa Smartmatic, que se encargó de garantizar resultados convenientes en todas las elecciones en que pudieran inflar el apoyo real, que nunca ha superado el 40%. En el 2005 la abstención les regaló la AN, y en el 2010 tuvieron que implementar la trampa del Gerrymandering, para asignarse más curules con menos votos que la oposición. El fraude fue tan obvio el 30J17 para la prostituyente, que Smartmatic lo denunció luego de sacar a su personal de Venezuela. Participando solo la minoría del Psuv le dieron con furia a las pantallas de las maquinitas y aparecieron más de 8 millones de votos, pero para las retardadas y manipuladas regionales del 15oct17 no pudieron elaborar más de 5,5 millones, lo que nos demuestra que cuando la oposición participa, aunque haya abstención (y la hubo en octubre), no pueden inflamar su votación real, aunque laboren horas extra sus votantes multicedulados, fallecidos y virtuales.

2. “Participar en procesos electorales organizados por el castrochavismo es traicionar a las víctimas de la represión”. En Chile, la terrible represión de la dictadura militar produjo 3.000 muertos, decenas de miles de exiliados, y un clima sociopolítico sofocante, pero los opositores que se organizaron unitariamente para enfrentar la tiranía, concurrieron al referendo para apoyar el NO a la continuidad de Pinochet, sin alegatos que acusaran a esa alianza electoral de traicionar a sus mártires. Doquiera que han ocurrido graves y violentos conflictos armados, las soluciones han transitado por negociaciones y elecciones, sin que ambos mecanismos hayan sido descalificados a priori “por respeto a los caídos”.

3. “Dictadura no sale con votos”. El caso chileno lo desmiente más explícitamente, pero en la mayoría de las otras dictaduras, las expresiones de la voluntad mayoritaria fueron un factor de peso en el desenlace que produjo la transición a gobiernos democráticos (el irrespeto de Pérez Jiménez a los resultados, los golpistas argentinos tuvieron que improvisar la guerra en las Malvinas, apelando al “patriotismo”, para reducir el rechazo hacia ellos, lo que les permitió al año siguiente -1983- dejar el poder discretamente, esperando evitar las consecuencias legales derivadas de sus crímenes, que hoy todavía se ventilan en tribunales. Desde entonces sólo elecciones, no ha ocurrido otro golpe militar.

Por último; August Landmesseres la única persona que no hace el saludo nazi, entre cientos de hombres, una parte aparece en la extraordinaria foto que ilustra este artículo. Ocurrió en 1936, Hitler era Canciller de Alemania desde 1933, el nazismo disfrutaba ya de la atemorizante hegemonía que dos años después iniciaría la invasión de Europa, en nombre de la superioridad aria y el destino manifiesto del Tercer Reich. August, novio de una mujer judía, estaba consciente del avasallante poder de la maquinaria nazi, y de su propia condición de individuo aislado en medio de una masa fanatizada, que fue capaz de llegar al genocidio para deshacerse de sus “enemigos”, de los diferentes, de los otros, de los que piensan distinto, de la oposición. Pese a todo ello, Landmesser tuvo el coraje personal de no actuar como parte de un rebaño, fiel a sus principios, no sucumbió a la adulancia colectiva, al gesto castrador de quien al saludar se reconoce subalterno, inferior, esclavo de una ideología que no comparte. August no enfrentaba al nazismo tras un teclado, escondido en su hogar, protegido por un alias. Landmesser no perdía el tiempo cuestionando a los perseguidos, o a los líderes de la resistencia. Y estoy seguro de que cuando los cañones se pusieron a cargo del conflicto, nuestro admirado y modesto August no malgastaba su tiempo diseñando estrategias mejores que las de Montgómery, Patton, Churchill, Eisenhower, Roosevelt, De Gaulle, ni mantuvo posiciones xenófobas y chauvinistas, repudiando la intromisión de ejércitos extranjeros en Europa, como los de EEUU, Canadá, Australia. Fue asesinado en 1944, antes incluso de que yo fuera concebido, pero le admiro por haber sido parte de esa minoría valiente de los pocos que se mantienen firmes ante la adversidad, incólumes sus principios aunque la absoluta mayoría respaldara los contrarios. Yo voté en el 2005. Yo no me rijo por la manada, sino por mis principios. Yo no me abstengo, además de las razones que acá he garabateado-para no facilitarle el fraude al ñangarato, para que tengan que mostrarse tal cual son, lo que compromete al mundo civilizado-,por no tener que avergonzarme ante el ejemplar recuerdo del sublime AugustLandmesser. Un genuino súper héroe, un súper hombre.



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