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opinión

Cumpleaños infeliz

21 diciembre, 2017

Este 15 de diciembre se cumplieron 18 años del deslave que produjo una de las mayores tragedias que han ocurrido en Venezuela, con terrible saldo en partes de Caracas y sobre todo de Vargas.

Ese desastre no fue sólo natural: que llovió por encima del promedio durante más de una semana, y expertos recomendaron tomar medidas de prevención, entre las cuales era prioritario evacuar los espacios más amenazados, como ese sector del litoral de Vargas donde muchos cauces fueron obstaculizados y la pendiente desde el nivel del mar se eleva a 2.715 metros en el Pico Naiguatá, por lo que al producirse la excesiva hidratación del subsuelo a causa de tantas lluvias, la capa superficial que se despegó recorrió más kilómetros, y arrastró millones de toneladas de barro, vegetación y grandes rocas, sepultando calles, vehículos, viviendas y personas, destruyó edificios, mató a decenas de miles; el régimen, por la negligencia y arbitrariedad del Charlatán Eterno, se negó a tomar las medidas necesarias, preocupado por que no se interrumpiera el proceso electoral de la Asamblea Constituyente, el engaño con el cual comenzó esta secta militarizada a consolidarse en el poder para implementar el proyecto del Foro de Sao Paulo. Afortunadamente este proyecto recibe su frenazo en Argentina con Macri, en Ecuador con Lenín Moreno, en Chile con Piñera, y en Venezuela con dos tercios de la Asamblea Nacional, una mayoría calificada de diputados demócratas, comprometidos a recuperar la economía, las libertades y el país.

Olvidar esos antecedentes es ser cómplice de quienes nada hicieron por impedir aquella catástrofe, y luego se negaron a recibir la experimentada y eficiente ayuda de los EEUU (por estúpidas razones ideológicas y dogmáticas), y profundizaron las injusticias (casos de niños presuntamente huérfanos que fueron alegremente “donados”, demoras en llegar los auxilios, estancamiento de Vargas -comparen con la recuperación de Japón tras el Tsunami, y de Chile tras el Terremoto-. Vargas luce hoy como si el Lahar hubiera sucedido hace pocos meses).

Y sigue siendo un misterio la cantidad real de víctimas de aquella indolencia criminal.

Los días 13, 14 y 15 de diciembre del 2016 los venezolanos fueron víctimas de una burla a escala nacional, obligados a sufrir vejaciones en largas y lentas filas frente a las oficinas bancarias, un irrespetuoso e injustificado zafarrancho para depositar los billetes de cien, que supuestamente perderían su valor a partir del 16, y con esa maniobra el indocumentado alegaba que afectaría a las mafias que especulaban en la frontera colombiana, acumulando grandes cantidades de billetes de cien bolívares “fuertes”, para forzar la devaluación de nuestra moneda (en sintonía con la fábula que sostiene que la cotización en el mercado negro la impone la página web Dólar Today).

La falsedad de aquel bochornoso operativo ha quedado demostrada de forma reiterada durante el año transcurrido, pues al contrario de la amenaza que movilizó a millones para no perder el valor de su dinero -en los billetes de BsF 100 que cada quien tenía en su poder- a partir del día 16 de diciembre, el agente castrista impuesto por la conveniencia de la nomenklatura raulista en La Habana, como candidato y beneficiario del habitual fraude electoral (que en este caso llevó al CNE a una proclamación express, sin siquiera atender las exigencias de revisión de los Cuadernos donde reposan las evidencias de la trampa con las huellas dactilares de los multicedulados, que ocupan espacios de fallecidos, inasistentes, o electores virtuales). Al billete de cien que habían condenado a la invalidez, le han pospuesto su sentencia por doce períodos mensuales, todos terminados en día 20.

Como si no bastara con esa prolongada burla basada en el presunto e inminente retiro del billete de mayor denominación que teníamos, que se sumaba a la creciente gravedad de la crónica escasez de alimentos y medicinas, junto con los frecuentes fallos en servicios elementales, el de la electricidad – apagones -, el agua de acueducto, el gas en bombonas, la gasolina para los vehículos automotores, somos el único país en el planeta que ordena sacar de la circulación el billete de mayor valor sin tener los billetes que lo substituirán en la vital labor de permitir el intercambio monetario representativo, el innegable avance que permitió a la humanidad superar el estancamiento y las limitaciones del trueque.

Y para que la situación empeorara al máximo, desde aquella transición del fanfarrón de Sabaneta (de muerto real, a finales del 2012 en La Habana, a muerto formal, el 5 de marzo del 2013), al indocumentado -pésimo imitador del finado dos veces, al extremo de disfrazarse de militar y payasear, logrando sólo ser contraproducente-, la inflación que nos ha venido golpeando se ha incrementado gradualmente hasta superar por amplio margen -este 2017- la condición de hiperinflación (más de 50% mensual). La tormenta perfecta: Los precios aumentan semanalmente, el perjudicial control de divisas se mantiene con irresponsable obstinación, estimulando la devaluación de la anoréxica moneda -irónicamente bautizada bolívar “fuerte”- creando un círculo vicioso que genera más inflación y más devaluación, con el perverso añadido de que el billete de cien hoy tiene un valor real de compra equivalente a una centésima del poder adquisitivo que tenía hace un año, cuando esta burla monetaria comenzó.

Los billetes del “nuevo cono monetario”, de 500, 1.000, 5.000, 10.000 y 20.000 además de ser insuficientes para el total de usuarios, ya perdieron su poder adquisitivo ante la hiperinflación. Los telecajeros -las raras veces que tienen billetes- dan un máximo de diez mil, con lo cual no se compran sino dos chupetas pequeñas. La falta de billetes obliga a las transferencias por vía informática, incluso a vendedores callejeros (de helados, café), y los sistemas se congestionan hasta colapsar, con frecuencia inaudita para un país cuyos jerarcas afirman que es una “potencia”. El anquilosado y dañino “plan de la patria” decreta aumento del salario mínimo varias veces al año, la realidad de una economía destruida lo vuelve polvo en pocos días, y el pronóstico para el 2018 es aterrador. Más descontento y más represión.

Nota: Hoy 21 de diciembre se realizan elecciones en Cataluña y sinceramente esperamos que todos los que en esa comunidad autónoma tengan derecho a voto, ejerzan su derecho -por encima del permanente bullying del abusivo y anacrónico bando separatista-, para que el mundo entero sepa que la decisión de la mayoría es permanecer en la maravillosa y funcional diversidad de España, moderna, incluyente, próspera, y miembro de la Europa unida.



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