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opinión

Vladimiro Mujica

SOS … Química… UCV

8 noviembre, 2017

El llamado podría haber provenido de cualquiera de las instituciones que todavía se empeñan en impartir conocimiento científico en Venezuela, de cualquiera de las víctimas de la barbarie chavista de estos 20 años eternos de destrucción del sistema educativo y de investigación del país. Ocurre que el llamado proviene no solamente de mi Alma Mater, la UCV, sino de mi propia Escuela de Química en la Facultad de Ciencias. Instituciones a las que me unen vínculos que comenzaron en los años 70 y que crecieron durante más de 35 años en los que viví a mi universidad como estudiante, asistente docente y finalmente profesor titular en esa casa que me vio crecer y actuar, no solamente en el mundo académico sino en la dimensión política y social de la universidad.

La nota llega tersa e inesperada, o quizás no, a mi correo electrónico:

Querido Vladimiro,
La Escuela de Química, junto al Centro de Estudiantes, está organizando una campaña institucional, nacional e internacional, con el fin de recaudar fondos para la dotación de los nuevos laboratorios docentes. La campaña pretende motivar a nuestros egresados y amigos a contribuir con un sueño compartido por muchos de nosotros, mudarnos a los nuevos laboratorios docentes.
Queremos que tú seas parte de este proyecto dirigido a incentivar la participación en esta maravillosa campaña. La idea es grabar un pequeño vídeo de aprox. 1 o 2 minutos (en español y en inglés) que muestre la importancia de los laboratorios docentes para las Licenciaturas de Química y Geoquímica y en la formación del futuro Licenciado. Este vídeo será colocado en las redes de la campaña.

Estoy segura de contar con tu apoyo,

cariños,

María

María es la Dra. María Rodríguez, profesora de la Escuela de Química y entrañable amiga. Una de las fuerzas motrices en la batalla por la supervivencia de la escuela. Uno de los héroes civiles; médicos, maestros, profesores, investigadores, artistas, empresarios, que desde sus espacios específicos luchan para que el país civilizado no perezca. Para que no muera la esperanza de armar otro país cuando esto sea posible; con quienes se quedaron en Venezuela, y con quienes, como yo, que pasan buena parte de su tiempo fuera del país sin perder la conexión y la memoria de nuestra otra existencia.

Estamos finalmente en el extraño mundo donde las certezas más evidentes tienen que ser justificadas frente a un poder voraz y corrupto que no reconoce fronteras en su empeño de destruir para dominar. Que la universidad, y todas las otras instituciones formadoras de valores como la prensa y la iglesia, tenían que ser doblegadas, llegó a convertirse en una parte integral del programa de dominación avanzado por un régimen que ha terminado por convertirse en lo que algunos autores llaman “una dictadura de nuevo cuño”, uno de los tantos territorios en que la nociva y letal creatividad chavista ha resultado profundamente destructiva para el país.

Para entender la vil conducta del chavismo/madurismo contra la universidad venezolana, hay que tomarse el trabajo de consultar las fuentes de inspiración de nuestros revolucionarios de oropel. En 1959, Ernesto Ché Guevara en su discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa de la Universidad de la Universidad Central de Las Villas en 1959, señalaba:

“Una vez a los alumnos de este Centro les prometí una pequeña charla en la que expusiera mis ideas sobre la función de la Universidad; el trabajo, el cúmulo de acontecimientos, nunca me permitió hacerlo, pero hoy voy a hacerlo, amparado ahora, además, en mi condición de Profesor Honoris Causa.

Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba, y si este pueblo que hoy está aquí y cuyos representantes están en todos los puestos del Gobierno, se alzó en armas y rompió el dique de la reacción, no fue porque esos diques no fueron elásticos, no tuvieron la inteligencia primordial de ser elásticos para poder frenar con esta elasticidad el impulso del pueblo, y el pueblo que ha triunfado, que está hasta malcriado en el triunfo, que conoce su fuerza y se sabe arrollador, está hoy a las puertas de la Universidad, y la Universidad debe ser flexible, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas, y el pueblo la romperá y él pintará la Universidad con los colores que le parezca.”

El chavismo ha tomado para si las palabras admonitorias de Guevara, sin tener en consideración que la universidad venezolana, y muy especialmente la UCV, tiene un perfil estudiantil que representa la diversidad de la población venezolana, y que sus áreas de formación e investigación estaban en buena parte orientadas a ocuparse de los problemas de la nación. Sin entender las diferencias entre ambos contextos, y actuando con la ceguera propia del fanatismo, el chavismo ha tratado a la universidad del pueblo venezolano, como si se tratara de la universidad cubana de 1959. Había que doblegarla y destruirla, no solamente por seguir el ejemplo de Guevara, sino porque la universidad defiende la libertad de pensamiento, un enemigo mortal de la idea del pensamiento único autoritario.

Estamos pues en el mundo insólito y vergonzoso para cualquiera que encuentre solaz y esperanza en las posibilidades inmensas de los humanos, donde es necesario justificar la importancia de los laboratorios de docencia para la enseñanza de la química. En pleno siglo XXI, una institución pionera en Latinoamérica en los estudios y la investigación en las ciencias químicas tiene que responder desde la trinchera por la supervivencia de la ilustración y el conocimiento en Venezuela a la artera campaña de destrucción de la universidad del pueblo; orquestada por el mismo gobierno que se auto-proclama como representante e intérprete máximo del pueblo.

Contribuiré, haré lo que me pide mi Escuela para sobrevivir en estos tiempos oscuros. Diré que la química es una ciencia esencialmente experimental, que sin laboratorios funcionales y modernos es imposible su enseñanza. Diré que la química es una ciencia central para el bienestar de los humanos y el crecimiento económico y social que puede llevarnos a salir de la miseria y la pobreza en que nos han hundido quienes hoy pretenden acabar con el conocimiento. Diré, en fin, para quienes actúan como depredadores de su pensamiento y herencia que fue el Libertador Simón Bolívar, junto a José María Vargas y José Rafael Revenga quienes en 1827 redactaron los estatutos republicanos de la Universidad de Caracas. La misma universidad a la que el chavismo pretende destruir. Pero nuestros héroes civiles, batallando desde las trincheras del conocimiento y la abnegación por Venezuela y sus estudiantes, no se rinden, y no se rendirán.



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