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opinión

El término de la distancia

27 noviembre, 2017

Percibido como demasiado lejano y ajeno, al igual que sus consecuencias, el programa atómico de Pyongyang, apenas, se ha convertido en una curiosidad para la prensa – convencional y digital – venezolana. Aldea monotemática, al fin y al cabo, según el deseo de esta dictadura, la materia no alcanza el cupo mínimo y necesario ante los problemas de la inmediata supervivencia planteados.

Problemas que ocultan una de las características propias de toda experiencia totalitaria, como es la de una rápida, audaz y desproporcionada actualización armamentística, pública o secreta, capaz de sustentarla en contraste con una población sometida o propensa a recurrentes y peligrosas hambrunas y epidemias. Y, aunque rompa la debida relación entre Estado, sociedad y guerra, descompaginada la aspiración o el empleo de la más alta tecnología con la doctrina y los procedimientos militares en uso, existen dictaduras que apuestan por el desarrollo de un programa nuclear o, al menos, por la disposición de sendos misiles con ojivas en abierto desafío y chantaje a la comunidad internacional.

Las hay, por estos años, como la de Kim Jong-un en Corea del Norte, quien se interesó en la difusión de sus intenciones y pruebas, fallidas y exitosas, con tan delicado armamento, aunque la otrora novel dictadura de los Castro, en la Cuba de 1962, prefirió contrabandearlo y ensamblarlo hasta el ya sabido descubrimiento y la consiguiente crisis que generó, estabilizándose a la postre. En definitiva, como ayer, el principal reto está orientado hacia la definitiva y resignada aceptación y coexistencia con los regímenes conculcadores de las libertades y de los derechos humanos.

Sumergidos en demasiadas e inéditas vicisitudes, los venezolanos tendemos a desinteresarnos de lo que ocurre al otro lado del mundo, como si tuviésemos la garantía irrefutable de una póliza que nos ampara de cualesquiera nefastas consecuencias de un conflicto que literalmente puede estallar de un momento a otro, teniendo por epicentro a la Norcorea con la que insólitamente se tienen las más normales y cordiales relaciones diplomáticas. Desinterés que incluye la necesaria lectura de una circunstancia que puede ser la nuestra, anunciada por la inversión privilegiada en armas y equipos antimotines, a pesar de la inexistencia o escasez de alimentos y medicamentos, pues, de prolongarse ad infinitum​ el régimen representado por Maduro Moros, no tardará en incursionar en los más atrevidos planes y escenarios que hagan de la guerra, o su inminente amenaza, una tabla de salvación, proveyéndose de los más sofisticados y costosísimos artefactos.

Desindustrializado aceleradamente el país, nada sorprende el anuncio de la pronta apertura de una fábrica de Kaláshnikov, por Castro Soteldo, vicepresidente del área económica. Prosigue la festividad de las armas en Venezuela, contrastando demasiado con el recurrente y desesperado asalto de los basureros.



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