opinión

Juan Páez Ávila

Abuso del poder constituyente

10 noviembre, 2017

Lo que está pasando en el país con la imposición por parte del Presidente Nicolás Maduro, de una Asamblea Constituyente, violando flagrantemente lo establecido en la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, al no consultar al pueblo soberano acerca de si estaba de acuerdo con la convocatoria a dicha Asamblea Constituyente, es abiertamente un abuso de poder, por quien se ve perdido en cualquier proceso electoral transparente, y teme al juicio de la historia en torno a sus desmanes policiales y a la corrupción de muchos de sus altos colaboradores.

Todo gobernante de espíritu o tendencia autocrático y personalista puede iniciar su gestión con un aparente apego a la legalidad del país que le ha otorgado democráticamente el derecho a ejercer funciones de gobierno, pero en la medida en que considera que puede perder esas facultades, cuando ya no lo favorece la mayoría de los ciudadanos, comienza a restringir los derechos de la oposición y generalmente termina persiguiendo a quienes le apoyaron para ascender al poder, si tratan de disentir de algunas de sus decisiones unilaterales.

El abuso en el ejercicio del poder va rompiendo las reglas que caracterizan a un régimen democrático, de una forma abrupta y violenta o con aprobación de una legislación especial que le permita gobernar sin impedimento alguno, al margen de la constitución vigente. Esto fue lo que se operó en los regímenes del nacional socialismo alemán y del fascismo italiano durante el siglo XX. En principio se respetaron ciertas libertades, pero cuando la legislación imperante no le permitía al gobernante tomar las medidas que a su juicio único e inconsulto, creía que debía tomar para “bien del pueblo”, se fue tornando cada vez más autoritario, hasta llegar a la tiranía. La resistencia nacional no contó con apoyo interno, porque fue aplastado por la bota del militarismo, ni respaldo internacional porque las naciones democráticas carecían de una organización multilateral para impedirlo, hasta que se vieron obligadas a intervenir, cuando el abuso del poder traspasó las fronteras y se manifestó en la invasión a los países vecinos.

En una época como la actual, en la que las naciones democráticas han creado organizaciones multinacionales y han hecho aprobar una legislación respetuosa de los derechos humanos y de las instituciones y poderes públicos independientes, el camino hacia la tiranía se dificulta y obliga a los autócratas a preservar cierta apariencia de legalidad. Se aprueban leyes, como la llamada Ley contra el Odio, que facilitan la discriminación y posterior persecución de los sectores que se oponen al mandato ejecutivo unipersonal sin controles de otros poderes. Y como en todo régimen autoritario surgen internamente algunas discrepancias, por parte de individualidades democráticas o sectores disconformes con las promesas incumplidas, la represión también recae sobre ellos. Es lo que estamos presenciando a casi 18 años de gobierno chavomadurista. El abuso del poder se extiende a toda disidencia.

La espuria Constituyente de Maduro no le ha servido para tratar de justificar la represión contra la oposición democrática, porque ha sido rechazada, desconocida, por la mayoría de los venezolanos y de los gobiernos democráticos del continente americano de la Unión Europea. De allí que los abusos de poder por parte del gobierno actual, apoyado en una Constituyente inconstitucional, pueden conducir al fracaso definitivo del llamado socialismo del siglo XXI.



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