opinión

Humberto Seijas Pittaluga

De vuelta a la gramática

14 noviembre, 2017

Hace tiempo que no atosigo a los lectores con temas de esos que a mí me apasionan pero que a muchos otros aburren: la etimología, el buen decir, la riqueza del idioma, la prosodia, etc. Porque desde hace ya mucho tiempo, lo que esperan ellos de mí es el contenido encendido cayéndole encima a los rojos por ese afán enceguecido de tratar de imponer su ideología a juro, a los pescozones —y aquí cabe la reiteración de una pregunta que he realizado cientos de veces: ¿por qué, si el socialismo es tan bueno, necesitan imponerlo no por el convencimiento sino a punta de estacazos? En todo caso, para darme un gusto hoy vamos a hablar del buen castellano. Eso sí, para que no se desilusionen los fanáticos del estilo panfletario, trataré de aliñar un poco estas páginas con ejemplos rojos-rojitos de mal empleo del verbo. En fin de cuentas, estoy convencido de que salir de ellos y tratar de educar a la nación son tareas importantes y urgentes para la defensa de lo que creo correcto y que es requerido para el avance ordenado del país hacia el progreso, el desarrollo, la paz. Entremos.

El capitán Hallaca —por lo de verde por fuera y el guiso por dentro— premunido de su garrote tipo Trucutú, nos amenazaba (que parecer que es lo único que sabe hacer, aparte de robar, claro) y de introito dijo: “si nos forzan…” ¡Horror! Ese zarandajo debe ser de los que “colgan” la ropa, pero antes la “contan”. Desafortunadamente, no está solo en su ignorancia de que existen verbos de conjugación irregular. Hace poco escuché a un locutor español que narraba las noticias y decía que “una tormenta asola” a cierta región peninsular. Todos los verbos mencionados anteriormente sufren de irregularidad cuando se conjugan en el presente simple, ya sea en el indicativo, el subjuntivo o el imperativo. ¡”Fuerzan”, animal del monte!

Hace unas semanas, uno de los muchos medios impresos que se entregaron entalcaditos y envaselinaditos al régimen explicaba que uno de los dizques salvadores de la patria advertía “DE que no bastaba haber ganado” (se refería a una de las elecciones regionales). A mí me choca esa forma de construcción. Y pienso que no es correcta. Me explico: cuando el verbo “advertir” significa “alertar a alguien” no debiera llevar esa preposición; en cambio, cuando implica “poner en conocimiento a alguien de algo”’ sí puede (y hasta debe) llevarla. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa: el “prócer” pudo haber advertido a los triunfadores de los comicios “DE” lo que se les podía venir encima si no se juramentaban ante esa entelequia que es la constituyente cubana. Pero eso no es lo que trataba de decir quien redactó en un pasquín gobiernero. A menos que, acostumbrado a que este régimen es “participativo”, lo que estaba era “notificando” casi en tono de amenaza. En todo caso, y aferrado al buen decir, creo que sobra la ‘DE’; que lo correcto era: ‘advierte QUE…’

Antes del siguiente comentario, quisiera dejar claro que yo tiendo a ser zurdo y que no lo soy enteramente porque algunas cosas las hago con la derecha. Pero tampoco es que soy ambidiestro. En todo caso, si soy algo, será “ambisiniestro”, porque soy basto con ambas manos. Pero dejemos la digresión y entremos en materia. Recibí recientemente uno de esos correos hostiles que de cuando en cuando me envían los discípulos del Che y del muerto viviente para mentarme la madre. Y que yo leo con delicia porque implica que hasta los rojos me hojean. Se burlaba de mí por haber empleado un galicismo en uno de mis artículos anteriores: “gaucherie” para significar: “falta de tacto”, “falta de buenos modales”. Para él, esta explicación. Ese sustantivo viene del francés gauche, “izquierda”, “zurdo”. En el mismo idioma existe el adjetivo gauchement para significar “torpeza”. Y es que, en varios idiomas, y desde muy antiguo, el concepto de “izquierda” está hermanado con asociaciones negativas que siempre han rodeado el empleo de la mano izquierda. Pongo el ejemplo de nuestro “siniestro”, que en principio debiera solo indicar “hacia el lado izquierdo”, pero desde los tiempos de los romanos la palabra sinister también tenía el sentido de “perverso”. Presumiblemente, esos significados aparecieron porque las personas zurdas a uno les parecen desmañadas para desempeñarse en un mundo que está hecho para los derechos. Y por eso nos parece tan artificial, por decir lo menos esa manía de querer ser distintos a todos los demás pueblos de la tierra: juran levantando la mano izquierda, Platanote se pone la banda presidencial al revés (herencia de quien le regaló la presidencia) y hasta a Bolívar lo pusieron zurdo en el logotipo del bicentenario. En todo caso, creo que no está de más recordar que para los de lengua inglesa, un left-handed oath es un juramento que no se intenta cumplir. Y, ahora caigo en cuenta, ¡por eso es que ellos juran así!

En el sentido contrario, “derecho” tiene la connotación de: “correcto”. Y alguien “diestro” es alguien que sabe hacer las cosas bien. A esos son a quienes hay que poner en los puestos donde se toman las grandes decisiones. Porque si no, seguirán escaseando las medicinas, los alimentos y la forma de vivir decentemente. ¡Fuera los de zurda conducta!

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