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opinión

Orlando Viera-Blanco

No haremos nada quedándonos en casa

11 octubre, 2017

Las regionales plantean dos escenarios. O una victoria electoral conductora de un acierto político de vocación trascendental o una derrota aplastante provocada por la abstención, constructor de una fragmentación muy difícil de revertir de la oposición, donde no exagero, Maduro pudiese repetir y quedarse en 2018. Así estamos. La buena noticia es que la gente entiende que votará por rechazo. La mala: seguimos polarizados-y ahora peor-dentro de la misma oposición. Esto hay que redimirlo.

Votar o no votar, vas más allá de una postura principista sobre el derecho o no a ejercerlo. Tampoco es valer el argumento “muy planchado”, que votando legitimo CNE y de paso al gobierno. El estado de la cuestión es crear la ruta para forzar el cambio de gobierno 2018. El evento no termina el 15-O/2017. Se prolonga hasta cuando toque, que no es más que enfrentar la batería de despojos y abusos que implementará la inteligencia antillana y la impostergable necesidad de confrontarlos unidos y organizados.

Si la oposición logra al menos 15 gobernaciones habrá logrado un importante clivaje político territorial del cual intentarán desalojarlo y desde donde habrá que atrincherarse para defenderlo. No será-por cierto-un tema de plantarse en la Francisco Fajardo, sino a lo largo y ancho del país donde opere el chivateo. Esta dinámica impulsa la política a otro nivel. Articular la lucha ciudadana interna en línea con la agenda judicial y diplomática externa. A partir de esta articulación se mantiene viva la intervención humanitaria internacional que entre otras cosas pulsará las presidenciales 2018, hará respetar resultados de regionales, contendrá las pretensiones de permanencia de Maduro apoyado en la ANC, validará decisiones del TSJ en el exilio y procurará la transición-no transaccional-sino de raíz, del cambio de gobierno.

Menos de 15 gobernadores para la oposición sería una derrota política que diluirá lo que le queda de unidad. Tal fractura impedirá que se mantenga amalgamada la lucha interna y con ello la externa, quedando el camino despejado para una reelección de Maduro con base de preferencia electoral del 30% (proyectada después de su avance regional). Que la oposición se divida en tres toletes en un escenario de derrota, sería suficiente para que Maduro facture y cobre en 2018 (o antes, si la ANC decide adelantar presidenciales). Por lo tanto, votar el 15-O, no es sólo elegir gobernadores o validar el CNE-sic-Es movilización y defensa de clivajes territoriales (rojos o azules) de lo cual dependerá el cierre o no de una era en 2018. El otro argumento de “no votar por no ser presidenciales y no pulsar un cambio real”, queda desmentido. No ha habido elección regional que ponga al gobierno tanto en jaque como ésta.

En lo internacional-escenario donde más venimos empujando el listón-también hay divisiones. Aquellos que impulsan temas de DDHH y delitos de lesa humanidad aupando el retorno de la protestas y la calle a ritmo de puño, patada y kung-fu (de cartón y hojalata), lo cual es irresponsable si no se tiene una organización en línea con la verdadera lucha no violenta, y quienes siguen esa misma línea humanitaria (DDHH y lesa humanidad), pero comprendiendo el agotamiento de diálogos, negociación y desafíos electorales, que de no tener resultados o no ser respetados, justificarían una intervención humanitaria bajo el principio de la responsabilidad de proteger, prevenir y reconstruir, previsto en el Chapter 7 de la Carta de las NNUU. Esa es la salida…Otro aspecto es la activación de la justicia global (CPI de la Haya), donde recientemente radicamos una petición de investigación y responsabilidad criminal. Estas son las rutas ideales (lucha institucional interna y externa), para lograr desenlaces al menor costo ciudadano, social y humanitario. De vuelta a los dos escenarios, si la oposición es derrotada el 15-O, el impacto telúrico tendrá sus réplicas en LATAM, DC, Canadá y Europa. Poco podrá hacer la comunidad internacional si no ve una oposición unida. Así nos lo repiten insistentemente en el exterior. En este sentido la unidad es un fin que se confunde con la libertad. No un chantaje. Si la oposición corona el 15-O, tendrá que reunificarse y prepararse para sacar del poder a los que están, lo cual requiere un esfuerzo extraordinario (Gaetano Mosca), mas cuando los que “mandan” no son políticos, sino tiranos y corsarios. Ese esfuerzo comporta una unidad extrema, ¡así de vértigo!

La conclusión es sencilla. Votar el 15-O, es un paso de largo alcance. O votamos y nos reunificamos en miras a la conquista de un poder que los otros no relajarán frente a una oposición dividida, debilitada y enfrentada, o nos abstenemos (con una visión política muy corta y muy emocional) y el drama continuará sin fecha de expiración ni garantía de nada. Vale agregar: sabemos que después del 15-O ni la criminalidad ni la inflación bajarán, como tampoco la escasez o la miseria desaparecerán. Pero si se aparecerá en el horizonte, “tierra a la vista”. Lo contrario es seguir al garete, sin duda, peor que antes… Salga y vote. ¿No hace nada de nada quedándose en casa…O sí?

@ovierablanco



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