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opinión

Leocenis García

La conspiración del Gobierno contra Rosales

11 octubre, 2017

En medio de los vítores a Freddy Guevara, Juan Requesens, y el propio Stalin González, la violencia sustituyó al voto, por más de cien días. De aquello nadie ya quiere hablar, y semejante juego ya sabemos lo caro que lo estamos pagando.

Empeñados en negar la realidad, la mayoría por no decir todos, daban por descontado que el señor Maduro, una suerte de maldición gitana, sería derrocado.

Adiestrado en la parquedad, Manuel Rosales, guardó silencio público ante los informes que, negando la aplastante verdad y para consolarse, los jefes de aquella rebelión, se compartían sin rubores. Lo que vino después es conocido.

No se ceba sin embargo, a lo interno de La MUD, y les advierte que de seguir por ese camino, el Gobierno, se saldría con la suya e instalaría la nefasta Asamblea Nacional Constituyente (ANC) Rosales viene de estar preso, y salir de ahí, por la mediación de Zapatero, entre otros. Pronto, la clase política, se pone en marcha, y buscan desacreditarlo, regando una especie, que los hechos derrumban. A Rosales, se le impide participar como candidato a Gobernador del Zulia, porque el Gobierno ve en aquel campechano zuliano una candidatura presidencial.

Rosales, ha salido a tomar las riendas de Un Nuevo Tiempo (UNT), clausurado por los hechos, cuando Hugo Chávez le persigue. Cuando el viento sopla en contra, algunos de sus otros orgullosos dirigentes, abandonan la sede, huyen adelantadamente; y así, cuando vuelve al Zulia del exilio y la cárcel, consiguen al partido convertido en un rancho con nevera vacía y el muchachero llorando.

Al margen de divisiones o mezquindades de ocasión, es una injusticia no reconocerle su coraje demostrado cuando todo estaba en contra, tanto que en procurar de sostener un mínimo espacio de libertad, lo paga con incomprensiones de la misma Unidad. Le llaman vendido cuando, -y el tiempo le dio la razón- insistió en que la salida no era el golpe, ni el cortoplacismo, sino el viacrucis electoral. Ganando así en acierto y respeto, lo que perdió en popularidad al golpe de la efervescencias.

Así de tanto en tanto, presiona a la oposición para que se llegue a un acuerdo, valiéndose del “dialogo” al que llama el régimen en medio de los graves hechos donde los muertos suman los ciento treinta. Cuando casi tienen al régimen de rodillas, y Leopoldo comprometido desde su injusta prisión, Capriles da un golpe a la lámpara, y dice que la calle debe seguir. Y sigue. Y fracasa.

A propósito de los arrases – no pueden llamarse de otro modo -constitucionales y legislativos que ocurren en Venezuela, y prosternan las nociones de democracia, Estado de Derecho y derechos humanos llenando las cárceles de presos políticos, Manuel Rosales, es el único que toma seriamente el tema sin propagandas, y en silencio ordena a Timoteo Zambrano, las gestiones que permitan la liberación de varios presos políticos. Historia que algún día se contará. De los casos de Yon Goicoechea y Delson Guarate, algún día se sabrán cosas.

Hace poco vi a Manuel, tenía tiempo sin hablar. Lo vi de cuerpo entero. Me dijo: “Hay que restearse por Guanipa en el Zulia, hay que hacerlo gobernador, como sea”.

Me quedé mudo.

A Rosales, no le pierdo la vista. La historia lo molerá y tejerá de nuevo como hizo con Adolfo Suárez en España. Tiene muy claro, que primero es el país. Que hay que corregir una institucionalidad que usa y manipula las formas de la democracia hasta vaciarlas de contenido. Democráticamente se le da partida de defunción a la democracia, o acaso se la sostiene nominalmente pero perturbando y haciendo de su lenguaje letra muerta, catecismo imposible de cumplir.



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