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opinión

Jorge Antonio Galindo

Roja o rosada…izquierda al fin

13 octubre, 2017

Aunque el tema electoral es el común denominador en este momento próximo a los comicios regionales del domingo, considero banal entrar en la discusión sobre acudir o no a la convocatoria, he dicho antes y sostengo que los venezolanos deberán tener la capacidad de discernir si consideran conveniente ejercer el voto más allá de las presiones de los políticos, lo que sí es necesario comprender es que habrá un país que continuará existiendo posterior a esta jornada y que necesita ser atendido en medio de la peor crisis de su historia.

Lamentablemente Venezuela esta sumergida en un mar de vicisitudes adversas que requieren de una gran altura y seriedad para tratarse, sin embargo vemos con angustia que nuestros dirigentes políticos no han sido capaces de construir una alternativa o proyecto país que pudiere hacernos visualizar un esperanzador futuro y que nos motive a unirnos sin diatribas en un mismo rumbo libertario, contrario a eso, hemos hecho del debate nacional un mediocre escenario que deja la sensación de estar en un barco a la deriva y sin nadie capaz de tomar el timón para enderezar el camino, no terminamos de entender que nos aproximamos a un iceberg y que una colisión nos ahogará a todos por igual.

Lo peor que le puede pasar a una nación es hacer demagogia y populismo en medio de una severa crisis como la actual, por ello es urgente que la partidocracia desista de los vicios que desde casi sesenta años han mantenido bajo el amparo de una renta petrolera que les tapó sus erráticas costumbres clientelistas y que menoscabaron la cultura política venezolana.

En una oportunidad escuché una entrevista que el reconocido periodista Napoleón Bravo le hiciera en 1989 al General Marcos Pérez Jiménez, en ella, el dictador justificó su historia de golpismo y supresión de libertades al señalar que los partidos no estaban a la altura que el país requería, por no comprender los retos que teníamos para convertirnos en una Venezuela del primer mundo, pero no fue el único con esa conclusión, ya desde tiempos de Gómez se mantenía esa visión sobre la inmadurez política de los civiles al punto que se institucionalizó en la Constitución de la República el Inciso VI donde se prohibía el comunismo, dicho parágrafo se usó para mantener ilegalizadas a todas las organizaciones por considerarlas (acertadamente) que sus ideologías izquierdistas representaban un peligro para el país.

Pero en 1958 llegaron los partidos al poder, esos que desde su romántica y utópica visión izquierdista construyeron un modelo paternalista sostenido en la estatización de la economía y las políticas subsidiarias que convirtieron a los venezolanos en dependientes de la beneficencia pública bajo la falsa premisa de la redistribución social de las riquezas, cuando en realidad lo que se estaba forjando era la cultura del populismo y la demagogia, ya lo había señalado el Doctor Arturo Uslar Pietri al denominar como “sociedad parasitaria” que gradualmente convertía a Venezuela en un país improductivo alimentándose de las dádivas petroleras bajo el control total de los que manejaron el poder, así ha sido nuestra democracia, así ha sido nuestra “libertad”, así es nuestro presente. Las consecuencias de ello las vemos retratadas cuando un considerable número de venezolanos considera que el problema es la ineficiencia del gobierno para “controlar” la economía, cuando una comunidad protesta por su “derecho” a recibir su caja del CLAP con regularidad, cuando ese comprador insulta al panadero por el elevado costo del pan, cuando ese ciudadano le escribe notas al gobernante para que le asigne una beca para subsistir porque no tiene trabajo, es decir, cuando nosotros mismos exigimos como “derecho” continuar dependiendo de las migajas y benevolencia de los gobiernos, cultura que ha reducido al país al absurdo debate histórico de: “Los adecos ayudaban, Chávez repartía más, pero Maduro nada más le reparte a los suyos”.

Si de verdad queremos salir de esta permanente debacle, no podemos continuar dejándonos seducir por quienes pretenden sustituir a los actuales gobernantes para tomar su turno en el poder de la partidocracia y continuar alimentando la demagogia y populismo, si la mentalidad del venezolano no cambia, de nada servirá asistir a votar cada vez que se convoquen a elecciones, así como dará igual quien gobierne. Para que haya una verdadera redimensión estructural primero debe haber un cambio cultural, de la evolución del pensamiento ciudadano vendrá la caída de los opresores.

Profesor en Ciencias Sociales
Twitter: @jaggalindo
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