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opinión

Jorge Antonio Galindo

La historia contra la mentira: Stroessner, Pinochet y Pérez Jiménez

8 septiembre, 2017

En la agenda electoral del sector partidista opositor agrupado en la Mesa de Unidad Democrática, han emergido estrategias y conductas desesperadas para estimular el voto de los venezolanos, factor que evidencia con claridad que la dirigencia política olfatea el rechazo popular hacia ellos, tras haberse transado con unas elecciones regionales que en nada se corresponde con el clamor ciudadano de promover mecanismos para la salida inmediata del régimen de Nicolás Maduro Moros.

Los partidos saben que habrá muy poca participación en sus primarias y que su fuerza de calle se ha venido a menos por la sencilla razón de despreciar lo que demanda la gente en medio de su angustiante precariedad económica.

Hemos venido observando el uso de una estrategia propagandista de algunas organizaciones políticas en las redes sociales en la que se hace referencia a hechos históricos donde, según ellos, las elecciones han sido las causantes de las caídas de dictaduras latinoamericanas, específicamente de tres: la de Alfredo Stroessner en Paraguay, Augusto Pinochet en Chile y Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.

Tales afirmaciones inciertas, que son publicadas para intentar convencer a los votantes, me obligan como catedrático a manifestar mi rechazo a la manipulación, pues ética y moralmente estoy obligado a ello por oponerme a las mentiras del régimen en sus risibles sentencias históricas y no puedo consentir que desde la oposición se acuda a las mismas prácticas para engañar y seguir jugando con la esperanza social que ha sido golpeada una y otra vez por el discurso populista de los mercaderes de la política.

Alfredo Stroessner, dictador paraguayo que gobernó entre 1954 y 1989, no salió del poder a consecuencia de ninguna elección. La verdad fue que, en la década de 1980, se comenzaron a gestar protestas y manifestaciones inspiradas en el resurgimiento de las democracias suramericanas y que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas del régimen, situación que desencadenó un conjunto de episodios que fueron aislando internacionalmente al dictador y que de forma progresiva afectó severamente la economía del país. Ciertamente hubo elecciones en 1988, pero con el control de las instituciones del Estado, Stroessner cometió un descarado fraude en la que se atribuyó más del 80% de los votos, con ello se mantuvo en la presidencia del gobierno. Las reacciones populares se acentuaron y con ello el abuso de poder y violación a los derechos humanos. Fue justamente la presión social de calle, sumada a la crisis económica y política, lo que despertó fuertes malestares dentro de la fuerza armada que finalmente termina dando un golpe militar encabezado por el General Andrés Rodríguez Pedotti, donde el dictador fue derrocado definitivamente del poder, sí, leyó bien, fue derrocado.

El caso de Pinochet es un poco más complejo y acepto que pueda prestarse a confusiones. Su salida de la presidencia (pero no del poder) fue consecuencia de un conjunto de acuerdos y negociaciones en las altas esferas de la fuerza armada y del Estado. En 1989 se debían realizar elecciones presidenciales en Chile, sin embargo el dictador tenía intenciones de extender por un período más su mandato, el alto mando militar apegado al marco institucional le condicionó sus planes y solo aceptaría su renovación en la jefatura del gobierno si se sometía a la consulta popular, por lo que se acordó un plebiscito cuyos resultados fueron desfavorables al General tras obtener un rechazo del 55% de los votos. Pinochet tuvo intenciones de dar un nuevo golpe de Estado, pero el ejército no se lo permitió, fue entonces que se realizó una serie de negociaciones que originó en nuevos plebiscitos para reformar la Constitución y así promover una nueva elección presidencial que llevaría al poder ejecutivo a Patricio Aylwin, sin embargo, el dictador continuó como Comandante en Jefe del ejército por ocho años más hasta 1998 cuando traspasó su mando y fue nombrado Senador Vitalicio. Es decir, muchas votaciones y no salió del poder hasta que quiso.

Por su parte Pérez Jiménez, quien debía convocar a elecciones presidenciales en 1957 como lo establecía la entonces Constitución Nacional, decidió en su lugar realizar un plebiscito para extender su mandato por cinco años más. Ciertamente la manifestación electoral fue contundente contra esas pretensiones, pero al dictador ni le importó cometer un nuevo fraude en su acostumbrada actuación política y se atribuyó el triunfo electoral en medio de una jornada en la que los votos ni llegaron a contarse. La crisis que llevó a la salida del andino General se dio por fuertes fracturas en la fuerza armada que en principio rechazaba el control policial total del Estado por parte de la tristemente célebre Seguridad Nacional, dirigida por Don Pedro Estrada y que progresivamente desplazó al generalato de su tradicional supremacía republicana, además de aquellos sectores castrenses que se oponían al continuismo perezjimenista, esos que por sus propias pretensiones políticas veían obstaculizados sus objetivos por los emergentes señores del mencionado Estado policial. Lo que desmoronó al régimen fue la sublevación militar del 1 de enero de 1958 y los posteriores pronunciamientos castrenses, además de las cada vez más recurrentes manifestaciones populares que elevaron aún más el descontento militar. Pérez Jiménez comprendió que no podía sostenerse en el poder teniendo a un importante sector de la fuerza armada en su contra y preparó tanto su salida como la transición, recomendando a los generales la conformación de una junta de gobierno y proponiendo además que la presidiera el Contralmirante Wolfgang Larrazábal. Finalmente terminó saliendo del país el 23 de enero de ese mismo año. Una vez más, no, no salió con votos.

Además de todo lo expuesto, creo pertinente señalar que los procesos electorales involucrados en estos episodios, fueron de carácter nacional y por lo tanto de directa ofensiva contra los respectivos Presidentes, ninguno fue de índole regional, así que no sigan con el cuento de que unas eventuales gobernaciones servirán para salir de Maduro y sus secuaces, pero antes que digan que se trata de demostrar que somos mayoría, les respondo de una vez que ya lo hemos demostrado suficientemente.

Señores de la política: las lecciones de la historia están allí para ser consideradas y aprendidas – no para manipularse. La frágil esperanza venezolana no admite mentiras ni falsas expectativas, no pretendan seguir ofendiendo a los venezolanos al venderles una estrategia que ustedes saben bien que en nada apunta a la necesidad inmediata de salir de la barbarie comunista que desangra a la nación, es imperdonable que pretendan imponer sus intereses partidistas cuando hay un país que no aguanta más y que muere de mengua.

Por cierto, al escribir estas líneas, le he escuchado al ilegítimo declarar ante la fraudulenta constituyente comunista que el gobernador electo que no la reconozca a la Asamblea deberá ser destituido inmediatamente. Ahí se los dejo.

Profesor en Ciencias Sociales

Twitter: @jaggalindo
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