opinión

El Papa joven

13 septiembre, 2017

Un Papa que duda de sí mismo, aunque lo más impactante: esa misma vacilación le lleva, por momentos, a pensar que Dios es sólo un fetiche humano para aplacar nuestros miedos, es decir, un gran invento, un Dios de papel, inexistente, sólo una idea. Nada más y nada menos que un Papa ateo. Esto es sólo un abreboca del “Papa Joven” de Paolo Sorrentino, una serie superior, excelsa en recursos, con el sello del director de “Un lugar donde quedarse” (2011); “La Gran Belleza” (2013) y “La Juventud” (2015).

En realidad, la principal virtud de éste seriado conceptual sobre Dios, la Iglesia romana, la condición humana y todas sus contradicciones reside en la gran actuación de Jude Law. Secundado por un reparto de alto nivel donde destacan Diane Keaton, Silvio Orlando y Javier Cámara.

“El Papa Joven” tiene una narrativa a dos planos: la primera gira en torno al papado como un entramado monárquico en donde la lucha de egos, influencias y poderes se hace de una forma tan despiadada que no le diferencia en nada con la política pagana. Luego está, el drama personal de un Papa cincuentón, algo inusual, que está roto por dentro ante una orfandad parental nunca superada.

Para Pio XIII, en realidad Sorrentino, estos temas son los que le inquietan y transcurren con sobriedad y elegancia a lo largo de la serie. Juan Pablo II, el Papa viajero que hizo de la Iglesia una franquicia muy lucrativa por sus muchos viajes por el mundo termina siendo una figura denostada por su exceso de exhibicionismo y por plantear un culto de masas como si se tratara de un show mediático. Este Papa Joven tiene una doble tarea en el Vaticano: volver a recuperar una religiosidad mucho más genuina alrededor del misterio e imponer su liderazgo entre unos Cardenales que le tratan con recelo y le quieren como marioneta. Las estrategias que utiliza para lo primero son teológicamente atrevidas, aunque se trate de un defensor a ultranza de dogmas hoy tan discutidos como el celibato, la homosexualidad y el aborto. Los medios: hurgar en los secretos de los otros y utilizarlos con la mayor ventaja y sin apenas escrúpulos. Sorrentino nos presenta una variante de “El Padrino” (1972) de Francis Ford Coppola en el escenario del Vaticano con la Capilla Sixtina de fondo. Poder y negocios entrelazados.

Aunque este Papa que fuma, es atlético, atractivo e irreverente vive su propio tormento interior. La orfandad y soledad le corroen. Es una rémora psicológica que humaniza aún más a éste Papa a veces con un auto confianza de león y a veces con unos miedos de ratón. Dios está en nuestros afectos. Y sí estos afectos nos han abandonado: Dios no está.

Toda ésta dialéctica interior y externa alrededor de Pio XIII (Jude Law) es llevada por Sorrentino capitulo por capitulo sin que el interés del espectador decaiga en ningún momento. Diez capítulos con una tensión y crescendo, haciendo de la heterodoxia su principal planteamiento, sólo que al final cede, haciendo las debidas concesiones a una feligresía acostumbrada a una fe de circo.

Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ

@LOMBARDIBOSCAN



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