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opinión

Jorge Antonio Galindo

Adecos contra Betancourt

25 agosto, 2017

Acción Democrática es un partido con el cual mantengo diferencias y críticas en relación a su protagonismo en el poder durante la segunda mitad del siglo XX venezolano, sin embargo, no dejo de reconocer su histórico combate contra las dictaduras y el enorme (y hasta heroico) sacrificio por lograr la instauración y sostenimiento de la democracia en el país. Sus fundadores y primeros luchadores fueron notables personajes, esos de la alta política y maestros de la oratoria que lograron cautivar a las masas, activándolas después de siglo y medio de gobiernos autoritarios y supresores de las libertades civiles. Me vienen a la mente algunos de ellos y me disculpo de antemano por no mencionar a otros que quizás merezcan recordarse: Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Raúl Leoni, Andrés Eloy Blanco, Luís Beltrán Prieto Figueroa, Leonardo Ruiz Pineda, Valmore Rodríguez, Antonio Pinto Salinas, Inocente Carreño, Gonzalo Barrios, Juan Pablo Pérez Alfonso, Mario García Arocha, en fin, toda una élite promotora del pensamiento político moderno que desplazó a una era de caudillos y señorío feudal, empoderando a los venezolanos en sus derechos en el marco de un Estado republicano.

Negar el aporte que los adecos le han hecho a la nación es mezquino, es desconocer la historia o simplemente manipularla. Pero me resulta increíble que las nuevas generaciones del llamado partido blanco sean los primeros en despreciar lo que fue la cultura y convicción política de sus fundadores en medio de calamidades similares a las que vive Venezuela el día de hoy, me refiero a defender una irreal opción democrática y electoral como salida a la dictadura comunista y delincuencial que ostenta el poder, estrategia que se divorcia por completo de las necesidades reales de los ciudadanos desesperados por la grave crisis económica y que además no conduce a ningún lado cuando es más que evidente que la pandilla madurista no dará cabida a una solución de ese estilo. A esas nuevas generaciones, que no dudo de sus convicciones y sueños por un mejor país, les quiero recordar algunos aspectos de la vida de su fundador que, si hoy viviera, estaría recriminando totalmente la posición asumida por su organización política y que no es más que la convivencia y reconocimiento al régimen, convalidando unas elecciones regionales en medio de un Estado forajido.

En 1929 se inició el primer exilio de Rómulo Betancourt, durante el mismo, visitó países como Colombia, Costa Rica, Panamá, Trinidad y República Dominicana, con la intención de buscar financiamiento internacional para conformar una coalición conspirativa armada junto a militares exiliados y así incursionar en Venezuela e intentar derrocar a la dictadura de Juan Vicente Gómez, era parte de la conocida expedición del Falke, liderada por Román Delgado Chalbaud. Ni pensar que en su mente pudiera recrearse la idea de una salida pacífica y democrática del benemérito General que para ese entonces estaba por cumplir veintiún años en el poder.

Pero, además, hay que resaltar que el propio Betancourt se transó en una estrategia muy parecida a la de Acción Democrática el día de hoy y de la cual se arrepintió. Fue en el año 1936 cuando era secretario general del Movimiento de Organización Venezolana (ORVE), desde allí se sumó al llamado “Bloque de Abril”, una alianza de partidos de izquierdas que se oponían al gobierno provisional del General Eleazar López Contreras, pero que lo apoyó para que el Congreso de la República lo eligiera como Presidente Constitucional, bajo la premisa que era importante y necesario mantener el hilo estatutario del país. Pero una vez realizada la elección y revalidado los poderes bajo el mismo sistema de Estado, López Contreras inició la represión contra la oposición política e ilegalizó a varias de las organizaciones, ORVE entre ellas. Betancourt pasó a la clandestinidad y luego al exilio, otra vez. Acá su experiencia con eso de hacer valer la Constitución cuando en Venezuela imperaba un poder autoritario.

En 1945, Rómulo y el ahora partido Acción Democrática, se aliaron con militares de la Fuerza Armada para dar un golpe y derrocar al gobierno del General Isaías Medina Angarita, los motivos, aunque personalmente me resulten cuestionables, se redujeron a la negativa del Presidente para reformar la Constitución y establecer el voto democrático y popular que eligiera al próximo primer mandatario nacional. Betancourt creía en la democracia, entregó su vida por ella, pero en este episodio demostró estar convencido que cuando un gobierno que controla al Estado no permite solvencias pacíficas ni electorales, la estrategia real para enfrentarlo es echarlo del poder, formatear a las Instituciones y así, y sólo así, establecer el voto como único camino para la resolución de los problemas del país.

Para 1952, Acción Democrática se negó a participar en las elecciones para la Asamblea Constituyente promovidas por la Junta de Gobierno que encabezó el Doctor Germán Suárez Flamerich, pero controlada abiertamente por el Coronel Marcos Pérez Jiménez. Ciertamente el partido funcionaba en la clandestinidad tras haber sido ilegalizado por la anterior junta presidida por el Comandante Carlos Delgado Chalbaud y no podía inscribirse en esos comicios. Pero Betancourt, quien estaba una vez más en el exilio, se mantuvo firme en denunciar que participar en tales sufragios bajo las condiciones en que se encontraba el país, era convalidar al régimen dictatorial. No todos los adecos estuvieron de acuerdo con él y se aliaron con Jóvito Villalba para promover candidatos propios bajo la tarjeta de la Unión Republicana Democrática (URD). Al final, la dictadura no reconoció el triunfo opositor, cometió un descarado fraude electoral, arrestó y desterró a varios dirigentes, imponiéndose el mandato personalista de Pérez Jiménez. Betancourt tuvo razón en su posición.

Desde el exilio continuó no solo denunciando al régimen, sino impartiendo directrices al partido clandestino, de hacerlo ahora quizás le hubiese hecho merecedor del término “guerrero del teclado”, como se suele atacar a quienes manifiestan sus críticas a las estrategias opositoras, sin faltar el acostumbrado: “qué fácil es mandar a los demás desde la comodidad del exterior”. La única vía que Rómulo promovió era la caída de la dictadura, no solo buscó recursos económicos para ello, también se las ingenió para suministrar armas a la resistencia que luchaba con mucha cautela por conquistar la libertad. ¿Era terrorista o simplemente era realista en torno a lo que estaba ocurriendo en Venezuela?

Por último, tras la eventual caída del régimen de Pérez Jiménez en 1958, Rómulo respaldó la conformación de un gobierno de transición que no estaba previsto en la Carta Magna entonces vigente, pero hubiese sido verdaderamente absurdo haber defendido una continuidad constitucional en medio de un Estado forajido, así se conformó la Junta de Gobierno que inicialmente presidio el Contralmirante Wolfgang Larrazábal y se establecieron las condiciones mínimas para la reinstauración de la democracia en el país.

Como verán respetados adecos, lo que ustedes hacen en estos momentos es completamente opuesto a la esencia de su partido, su fundador les estaría recriminando airadamente por el error político que están cometiendo tanto ustedes como el resto de las organizaciones que conforman la Mesa de Unidad Democrática, mi llamado y sugerencia a las nuevas generaciones de estas organizaciones, es atender a las lecciones de la historia, están allí para aprenderlas, si defienden a Betancourt como el padre de la democracia tengan siempre presente su legado histórico y su verdadera doctrina. El país necesita de demócratas aguerridos, no más políticos complacientes.

Profesor en Ciencias Sociales
Twitter: @jaggalindo
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