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opinión

Ismael Pérez Vigil

¿A las armas?

26 agosto, 2017

En política, no se descarta ninguna vía para la conquista o mantenimiento del poder. Otra cosa es la valoración ética de esa vía y sobre todo la capacidad o posibilidad individual de emprender una u otra.

Frente a una dictadura como la que nos somete, empeñada en cerrar todas las alternativas democráticas e imponer por la fuerza un modelo económico que el pueblo rechaza, están abiertas todas las vías para deponer la dictadura. Entre las que asoman y más se discuten, sin ningún orden particular, están: 1) mantener el nivel de protestas callejeras hasta que una insurrección popular concite un apoyo militar o armado, que obligue a la renuncia del gobierno y organice un proceso electoral libre y democrático 2) renuncia, de manera voluntaria, de Nicolás Maduro y su tren ejecutivo, ante el desastre económico y político del país, para que den paso a la formación de un nuevo gobierno; 3)una intervención militar extranjera, de los EEUU, con apoyo de otros gobiernos, que restablezca el sistema democrático, convocando un proceso electoral, libre, en corto tiempo; 4) un golpe militar que deponga al gobierno y convoque un proceso electoral a la brevedad posible y 5) que se cumplan los procesos electorales previstos en la constitución, renovándose los poderes entre 2017 y 2018.

Estas no son las únicas opciones y sobre todo, no se presentan en “estado puro”, ofrecen una gama de “combinaciones” muy variadas, que dejó a la imaginación de cada quien. Apenas las mencionaré y describiré brevemente, pero no las evaluaré todas, ni a fondo, ni haré consideraciones “morales” sobre ninguna de ellas, sino meras apreciaciones de orden práctico y diré solo cual es mi posición personal.

Una renuncia del Presidente y su gabinete (2) la considero improbable; ocurra lo que ocurra en el país, la dictadura ha demostrado hasta la saciedad –2002 y 2003, 2014 y 2017– que el país se puede caer a pedazos, la gente morir de hambre, miseria y enfermedades, y como eso no afecta a su entorno inmediato, lo que le pase al resto del país les importa muy poco.

Descarto también una intervención militar de los EEUU (3); además de rechazarla por razones éticas o de principios, la creo improbable; sobre todo después de la “gira de consulta” del Vicepresidente Pence por América Latina. Ese es el tipo de materia que, cundo se consulta, nadie va a decir que apoya una intervención armada de EEUU en cualquier país. Por aquello de poner las bardas/barbas en remojo.

Un golpe militar (4) sería más de lo mismo, pero abre la gran incertidumbre de que se nos monte otro régimen militar, de ultraderecha o más de izquierda, que se entronice a robar, reprimir y hacer de las suyas por 20 ó 30 años más.

Como se puede notar entre las opciones predominan las que plantean una salida de facto o violenta; y si se pregunta de sopetón o “en la calle” a cualquier opositor, seguramente dirá que “este gobierno no abandonara por las buenas el poder”, que “esto terminara inevitablemente en violencia”. Personalmente no estoy dispuesto a salir a la calle a batirme a tiros con ningún defensor del régimen, sea GNB/PNB, colectivos violentos, paramilitares o milicias, ni estimularé a nadie a que lo haga por mi o en mi nombre. Por lo tanto me decanto por la opción (5) y saldré a votar todas las veces que sea necesario, en cuanto proceso electoral se presente.

Politólogo

@Ismael_Perez



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