opinión

Tiranos al desnudo

2 agosto, 2017

A Antonio Ledezma, a Leopoldo López, a María Corina Machado, a la Resistencia

Por fin, tras veinticinco años de golpe de Estado, quince de gobiernos del fallecido teniente coronel Hugo Chávez y ya cumplidos otros tres del gobierno del agente del G2 cubano Nicolás Maduro, atornillado en su cargo bajo órdenes e instrucciones de la tiranía mayor, Venezuela ha llegado al corazón de sus tinieblas. Al Congo político latinoamericano. A las últimas entrañas de su barbarie, al horror: no a la azteca de Tenochtitlán que adoraba a Tonatiuhtéotl, dios del sol, ofrendándole la sangre de las víctimas esclavizadas, ni la de Chapita Trujillo, Somoza o Rojas Pinilla en sus mataderos clandestinos de víctimas propiciatorias, conserjes caribeños de la United Fruit, sino la castrista que desplazó a los viejos caudillos ágrafos y sanguinarios – retratados por el tirano Banderas, de Valle Inclán – sino por el Secretario General del Partido Comunista. Y a Doña Bárbara por el Manifiesto Comunista. Las tiranías también se remozan.

Maduro es demasiado inculto, ignaro y brutal como para disimularlo tras el magnetismo cautivador de quien, tan inculto como él, lo pariera en los sórdidos arrabales de Cúcuta o Bogotá. Es mucho menos que un apparatschik de Stalin: es un hampón, un mafioso, un espaldero. Como los que servían a Al Capone. Perfecta réplica en miniatura del hampón estudiantil que fuera en sus lejanos orígenes el bastardo del gallego Ángel Castro.

Por todo ello, por su carencia absoluta de talento y magnetismo, de cazurrería y carisma, cumple las instrucciones que le ordena Raúl Castro o quién a éste haya delegado, de manera tan ramplona y ruin como un plomero en una joyería. Cómodo sólo entre los suyos, como Hitler con sus choferes y mensajeros. Con el perdón de Hitler, que éste no llega a las alturas de Röhm, el jefe de las SA.

Es el problema de los títeres: jalados de sus extremidades por el titiritero, se mueve espasmódicamente, a trancazos. Hipnotiza a las víctimas a martillazos, los seduce a golpes de mandarria, los convence aplicándoles una bolsa de plástico y una toalla mojada sobre la cabeza, los emociona con bolsas de comida o con golpes de electricidad, les responde con una bomba lacrimógena disparada al pecho, los invita a disfrutar de una celda en los sótanos de los servicios de seguridad política.

Imagino sus obedientes audiencias con Raúl Castro o Ramiro Valdés en La Habana, a las que se habrá presentado angustiado, apresuradamente, perfectamente peinado por la mano de su matrona narcotraficante, en los que éstos, asesorados por sus ingenieros educados por la KGV rusa o la Stassi alemana, le recomiendan encarcelar a Leopoldo López o a Antonio Ledezma, pero siempre apegándose a la Ley, fiel y obediente seguidor del padre máximo de tiranos y dictadores, Adolf Hitler. Incapaz de ductilidad – es como Pinocho, de palo – los encarcela a planazos. Los mantiene aprehendidos en calidad de rehenes, como hicieran ellos con Huber Matos, y combina las torturas con los buenos modales, como los guardianes de Auschwitz que invitaban a sus víctimas a entrar a la cámara de gas “a ducharse”.

Acorralado por la indignación popular obedece las nuevas instrucciones. Zapatero es convocado de urgencia una vez más a presentarse en Caracas, obsecuente servidor o bombero, para sacarle con su narigona máscara socialdemócrata, las patas del barro a la tiranía. Es “nuestro hombre en la democracia española”. Y el títere juega el billar a tres bandas que le ha asegurado a la tiranía cubana sobrevivir desde el evitable ascenso del Arturo Ui de Birán al poder de la colonia de tierra firme: la tiranía cubana, la satrapía y la llamada oposición mudista. Sumando al papado cuando se trata de un billar a cuatro bandas. Ya que el departamento de Estado se retiró del campeonato desde la victoria de Donald Trump

Debe mostrar su mejor rostro. Ya van demasiados días de insurrección, demasiados muertos, demasiada ira y demasiada indignación reconcentradas. A Zapatero se le cae la máscara. El papa se calla. El pueblo insurrecto amenaza con asaltar Miraflores. Ordena casa por cárcel a Leopoldo López, a ver si se apaciguan las aguas. Pero han cambiado dramáticamente las circunstancias. El pueblo ha asaltado el billar y ha ensuciado con sus pies descalzos las alfombras de los entendimientos palaciegos. Es hora de tirar al basurero la piel de cordero y mostrar los cuernos y el rabo. Es la hora de la matanza. Sólo queda un jugador en la mesa, la MUD. Pero es tal su descrédito, que también se le ve el bojote.

Es entonces, cuando el barco de la muerte está a un paso de zozobrar bajo los truenos y furias de la tormenta perfecta, cuando hablan los que sienten que no tienen nada que perder ni agradecer, sino más bien asumir su responsabilidad de líderes al frente de la rebelión. El vacío de liderazgo se llena con el tremolar de las trompetas de Jericó. Habla Leopoldo, habla Ledezma. Y muestran la mejor, la más diáfana, digna y poderosa cara de la Resistencia. No llaman a repliegue. Llaman a degüello. Venezuela está viva. Y saca a relucir lo mejor de sus genes libertarios. La dictadura está sola y aislada nacional e internacionalmente. La tiranía no encuentra mas eco que el de los seguidores del comunismo a nivel global: bastardía subvencionada. Los comunistas y socialistas chilenos y uruguayos, los Podemitas españoles, los arrinconados lulistas brasileños.

De pronto, en medio del cataclismo del más notorio, avasallante y repulsivo fraude de la historia universal, se caen todas las máscaras y se muestra la pudrición agusanada del régimen, de la tiranía, del Foro de Sao Paulo, de los gobiernos cipayos, de las izquierdas amancebadas del planeta. Hay que apretar el garrote vil y terminar de quebrarle el espinazo al maravilloso, heroico y valeroso pueblo venezolano.

¡Devuelvan a sus celdas a los jefes de la insurrección y si pueden asesínenlos! Es la orden de Raúl Castro. Maduro la obedece bramando su impotente iracundia. La MUD se aparta en silencio, no vaya a suceder que los hechos la llevan a perder algunas alcaldías. Lo único que realmente les importa. Tener cómo alimentar a sus dirigentes sin recurrir a las fortunas de su alta dirigencia. El sueño dorado de Henry Ramos, Julio Borges, Manuel Rosales y Henry Falcón. Su utopía roñosa de segunda mano.

Ha terminado el Libro Primero de la pesadilla. Comienza el epílogo.



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