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opinión

Por el camino

9 junio, 2017

La ruta para recuperar al país es larga y plena de dificultades, como es restablecer un orden social que permita volver a tener presente y futuro. Ya desde la década de los 80´s se venía en caída, mas desde 1998 se entró en una pendiente que muchos no supieron ver, especialmente cuando gracias a que la lotería de los tiempos otorgó el premio mayor a Venezuela, permitiendo financiar amplios programas de reparto clientelar, donde sin contraprestación la población recibió beneficios que calmó necesidades, mientras una élite se instalaba en el poder haciéndose de las riquezas nacionales. Ello llevó a la formación de dos sectores sociales, uno que administraba a su criterio y provecho el tesoro nacional y que ha venido luchando por conservar privilegios y el otro que se habituó a vivir del regalo público.

Ese modelo, entre otras cosas, mal acostumbró a la sociedad en virtud de que el trabajo productivo quedó a un lado mientras se vivía de la holgura regalada, algo que resultó insostenible cuando el mundo volvió al equilibrio económico, al encontrar respuestas a la acción de precios petroleros fijados fuera del mercado, fundamentalmente por la acción de oligopolios, como efecto lógico bajan los precios que deben pagar los consumidores e igual sucede con los ingresos de los productores, lo que hace para el régimen insostenible los programas “faraónicos” asistenciales que le habían permitido mantener los dos señalados sectores.

Venezuela está obligada a volver a un modelo que ponga la prioridad en el trabajo productivo como mecanismo para transitar al desarrollo y bienestar, por lo que la cultura donde la población resuelve necesidades por la vía de programas asistenciales mientras un clan privilegiado dispone a voluntad de los recursos nacionales debe finalizar. Esto, sin entrar en el campo ideológico y político, que es fundamental mas menos visto por la gran población, en virtud de que lo primero que todos buscan es encontrar recursos para resolver necesidades, y eso se conecta con la estructura productiva y la economía, que resulta determinante y explica la crisis existente.

La crisis ha venido andando, una parte de la población que atinó a ver desde un principio como errado el modelo de gobierno que se denomina Socialismo del Siglo XXI, viene desde hace 18 años luchando por demostrar su verdad, mientras que los beneficiarios de los programas se mantuvieron soñando vivir eternamente del regalo clientelar. Como el régimen ha venido incumpliendo con la dádiva, poco a poco esos beneficiarios han venido entendiendo que la fiesta terminó, y a medida que eso sucede se produce el desencanto y la reducción de la militancia que lo apoya, tanto que hoy las bases populares del gobierno se han debilitado y han puesto en peligro la gobernabilidad, puesto que la población descontenta se encuentra en la ruta de la anomia, lo que llevaría a impedir el ejercicio de la autoridad, algo vital para el gobierno.

La solución de la crisis del país está en un cambio del modelo, siendo los principales detractores quienes han venido disponiendo de los recursos públicos, más cobra fuerza que la resistencia deriva del extraño uso de esos recursos, lo cual podría entrar dentro de lo delictivo, entonces esos administradores se aferran a mantenerse y así evitar consecuencias. Por otro lado, los hasta hace poco tiempo beneficiarios hoy desilusionados abandonan al régimen. Ese desapego tiene que ser captado por quienes luchan desde un principio por el cambio de sistema, mas se requiere de programas sostenibles y aceptables por parte de esa población, a objeto de sumarlos a la lucha. Esta es parte fundamental de la acción necesaria para recuperar a Venezuela.

Ello ha venido sucediendo, la resistencia al régimen es hoy determinante, sumándose a la acción de protesta cívica y pacífica, mas ello enfrenta inconvenientes. Esa población que sale de las filas oficiales lo hace fundamentalmente por carecer de recursos y medios para resolver necesidades, que no esperan, causando profundo malestar en los sufrientes, lo cual hace explicable que aspiren a soluciones inmediatas, mas ello es irreal. La solución es la salida de los detentores del poder y ellos no lo harán a voluntad. Esa casta para sostenerse usa a conveniencia las fuerzas de seguridad, generando heridos y muertes en la resistencia.

Hoy hay posiciones favorables a la resistencia venezolana. Internamente el país protesta, hay rupturas en la filas de los afectos al régimen y analistas señalan que también las hay entre las fuerzas de seguridad. La imagen internacional es lamentable, lucen solos. Esto debilita las condiciones de gobernabilidad, erosionando su base de sostén. Hoy el régimen se apoya en el favor institucional, en especial de las fuerzas armadas, y se sabe que esto es insuficiente y en el tiempo quedarán tambaleantes. Todo esto se ha logrado con la protesta pacífica y la organización social, mas ese camino es largo y lleva tiempo, lo que se estrella con la atmosfera de inmediatismo que reina en las filas de la resistencia. Vale decir que nada de esto se hubiera logrado si se hubiera apelado a otra estrategia. Esto es importante, por cuanto abandonar la estrategia llevaría a la incertidumbre y mantenerse requiere de paciencia de los impacientes, acá la dirigencia tienen un gran reto.

Si se logra sostener la resistencia y se crea una propuesta creíble para el venidero gobierno, nada podrá impedir el éxito de Venezuela.



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