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opinión

Asesinar por poder

21 junio, 2017

“Cuando estés débil, simula que estás fuerte”. Sun Tzu, general chino que vivió en el siglo V a.d.C, autor del clásico bélico “El Arte de la Guerra”.

Fabián Urbina no conoció la democracia, pero estaba en el frente de batalla luchando por ella. Sus 17 años de vida fueron truncados por la bala asesina de un guardia nacional. Fabián venía desde Turmero, con sus ganas de libertad y su atuendo de escudero. Pese a que había sido operado del codo por una caída en medio de las ya acostumbradamente violentas arremetidas, no quiso faltar a la cita en Caracas. Su escudo plástico obviamente no protegió su pecho de un balazo artero que lo convirtió en la víctima número 74 de los 80 días de protesta que se cumplían ese lunes 19 de junio.

El Ministro de “Justicia y Paz” Néstor Reverol, un general acusado internacionalmente de cooperador con el narcotráfico, se vio obligado a admitir el crimen, gracias a la indubitable prueba de las imágenes que la prensa nacional e internacional publicó en las redes y en las cuales se aprecia claramente a los guardias nacionales disparando con armas de fuego directamente a la humanidad de los escuderos de la protesta. Reverol edulcoró el hecho, tildándolo de “uso indebido y desproporcionado de la fuerza”, cuando se trata de un asesinato, el mismo que vienen perpetrando desde hace casi 3 meses contra una población que toma las calles, desesperada por su situación de vida y exigiendo el derecho fundamental de un ciudadano: elegir libremente su gobierno.

La represión contra una población civil desarmada para impedirle llegar al punto final de la protesta, que son las oficinas públicas responsables de protegerlos de un gobierno abusador, ha asesinado por ese “uso desproporcionado de la fuerza”, con balas, bombas lacrimógenas, metras, balines de metal, arrollamientos y quemaduras. Un gobierno obligado constitucionalmente a proteger la vida de sus ciudadanos, los mata, hiere, detiene, aterroriza, allana, para impedir el soberano derecho que tienen de retirar el apoyo a gobiernos ineptos y malvados.

Hasta el momento el presidente no sólo no se ha condolido de las trágicas muertes, en su mayoría jóvenes entre 15 y 24 años, sino que parece estar celebrando sus crímenes, con fiestas y bailantas en cadena, inventando todos los días un evento para en ellos amenazar, descalificar, burlarse, en un ejercicio de abuso ilimitado de un poder que trata a los gobernados que se le oponen como enemigos a destruir, así sea matándolos.

Estos menores, de 15, 16, 17 años, que mueren en las calles defendiendo con furia una libertad que desconocen, han crecido en un ambiente de inestabilidad política que ha impactado a sus familias económica y anímicamente. Han vivido la carestía, la falta de alimentos y medicinas, no han recibido la educación de calidad que merecen, han pasado roncha para ser vacunados, no disfrutan de vacaciones, la inseguridad les coarta toda diversión, ven su futuro con pesimismo. La alternativa de irse de su país, de dejar su nido familiar y sus amigos de siempre, de enfrentarse solos a un mundo desconocido los agobia a tal punto que prefieren dejar la vida en el asfalto, para lograr esa salida que permita reconstruir el país que les han ofrecido y que hasta ahora solo ha existido en sus sueños.

Un inmenso dolor abate a los venezolanos, por tantos muchachos, Andrés, Juan Pablo, Hecber, Neomar, Tony, Nelson, Fabián y ese largo etcétera de vidas útiles y luchadoras, que han podido ser nuestros hijos y que después de muertos los amamos y lloramos como tales, jurando no descansar hasta que se haga justicia sobre sus asesinos y sobre los que ordenaron esta masacre que asola Venezuela.

Desde que Maduro es presidente han asesinado a 107.227 venezolanos en este país, donde se confunden los malandros con los funcionarios; donde la justicia se arrodilló ante un proyecto político a cambio de poder, dinero y una toga; donde quien debe defender al pueblo, defiende al poderoso; donde una pandilla de corruptos se apoderó de todas las instancias para permanecer a perpetuidad en el gobierno, porque sus crímenes no les permiten traspasar las fronteras para irse a disfrutar del botín. Venezuela es la guarida de ladrones y asesinos que no pueden gozar de impunidad en ninguna parte del planeta sino tras los muros del poder.

El ejercicio impúdico del gobierno ha llevado al descaro total, ya no se ocultan los magistrados para decir sí a cualquier inconstitucionalidad que proteja a la banda; las rectoras amañan un proceso electoral para una constituyente espúrea, con mucha prisa y ninguna pausa porque saben que en cualquier momento un giro de justicia las decapitará; por eso la cúpula militar escupe en la institucionalidad y cometen crímenes de lesa humanidad. No han entendido su responsabilidad en el horror histórico que cometen con los venezolanos, creen que van a salir ilesos atribuyendo su criminal conducta a órdenes superiores, se sienten en la obligación de mantener al régimen porque de lo contrario, compartirán patíbulo.

Los periodistas que cada día de estos 18 años hemos cubierto estas espantosas noticias, escuchado asquerosas declaraciones que terminan con un “sí, ¿y qué?”, que hemos recogido en micrófonos, fotos, vídeos y computadoras el dolor de un pueblo llevado a la más honda de las miserias económicas y morales, que hemos luchado por rescatar para la historia este capítulo de terror, sabemos que estamos cerca del momento cumbre de esta historia, del ocaso de la canallada revolucionaria que ha costado tanta sangre y dolor.

El epílogo vendrá con la constituyente. Están diciendo lo que van a hacer con ella y nuestras informaciones lo transmiten. Compren en su totalidad la amenaza de Diosdado Cabello: “Les quedan 43 días, cuando los constituyentes estén proclamados, inmediatamente ocuparán el capitolio, les levantarán la inmunidad a los diputados vendepatria, sacaremos de la fiscalía a la traidora y nadie, nadie, podrá oponerse a las decisiones del poder pleno y absoluto de la constituyente”.

Si los venezolanos, que son una mayoría aplastante de demócratas amantes de la libertad y el progreso, permiten a este pequeño grupo de empoderados hacer de Venezuela su ghetto particular, si no se integran a la lucha titánica de acciones contundentes que hagan respetar la voluntad de un pueblo, entonces merecerán la tumba que la constituyente les construirá y las vidas sacrificadas habrán sido intrascendentes.

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