opinión

Sergio Arancibia

El poder absoluto

19 mayo, 2017

El peligro mayor que entraña la asamblea constituyente propuesta por el Presidente Maduro radica en el hecho de que ésta asumiría, desde el momento mismo de su instalación, el poder absoluto en el seno del Estado venezolano.

Es decir, se acabaría el poder legislativo – que ya está casi acabado – el poder judicial – que goza de poco prestigio– y incluso el poder ejecutivo actual, que no da señales de tener capacidad de ejercer sabiamente el poder que le ha sido asignado. Si todos los miembros de esa asamblea constituyente – o por lo menos una mayoría suficiente de ella – son miembros del PSUV – lo cual se puede obtener fácilmente por la vía de definir el sistema electoral – entonces tendríamos algo bien parecido a una dictadura del partido de gobierno, lo cual es, a su vez, una dictadura de esa vieja guardia partidaria que se da vueltas por todos los ministerios sin hacer nada efectivo en ninguno de ellos.

Que redacten o no una nueva constitución, y que ésta sea ratificada por el pueblo soberano, son cuestiones de menor importancia para los promotores de esta iniciativa. Lo importante no es como termina todo ese engendro, sino lo que hace durante su corta o su larga existencia. Es decir, qué hace con todo el inmenso poder que concentraría en sus manos desde el momento de su instalación.

Desde luego el poder legislativo sería una de sus primeras víctimas. Desaparecería de un plumazo. La propia asamblea constituyente asumiría la facultad legislativa, hasta tanto no se elija otro parlamento con las nuevas normas que la nueva constitución determine. Todos los parlamentarios deberían volver para sus casas, en el mejor de los casos.

Algo parecido debería pasar con la defensoría del pueblo, con la fiscalía y con la contraloría, e incluso con los gobernadores regionales. A algunos los dejarían y a otros los sacarían. Eso es lo que se puede hacer cuando se tiene el poder absoluto.

A los miembros del poder judicial puede que los saquen, o que nombren un presidente delegado, o que los dejen seguir funcionando como hasta ahora. Se han ganado un premio de esa naturaleza.

Con el poder ejecutivo – y con la figura del Presidente Maduro, en particular – lo que todo el mundo sospecharía es que lo ratifiquen y lo dejen seguir apareciendo en la foto, a menos, desde luego, que alguien de dentro o de fuera de la asamblea constituyente se ponga creativo en esa materia y pretenda inventar cosas nuevas. Nunca se puede estar seguro.

¿Qué harían con las fuerzas armadas? Estarían dadas las condiciones como para que obtengan todo lo que estimen necesario solicitar. Nuevas relaciones con el poder civil nuevas funciones tutelares sobre el funcionamiento del Estado, nuevas reivindicaciones corporativas. Todo.

Ese es el precio de una instancia – cualquiera que ella sea – que asuma el poder absoluto en el seno de un Estado.



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