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opinión

Levadura para una Rebelión

28 mayo, 2017

El país entero se cansó, se acabó la paciencia. El gobierno viene provocando la rebelión popular más importante de toda nuestra historia. Ya hemos dicho que, a lo largo de la corta vida republicana, cada vez que se ha intentado imponer reformas constitucionales espurias, terminan todas en sublevaciones e insurrecciones.

Luis Herrera Campins, siendo muy joven lo dijo, advirtiendo a Pérez Jiménez en su macabro plebiscito que lo terminó por arrojar fuera de Miraflores: “La levadura de las insurrecciones han salido con frecuencia de las reformas constitucionales. Ha existido, entre unas y otras, una extraña concomitancia. La lección vale la pena ser recordada”. El último dictador del Siglo XX no escuchó y terminó pasando el resto de sus días entre la cárcel y el exilio, y más nunca pudo regresar.

No es para menos, un país petrolero, con los ingresos más holgados de la última década de todo el continente, terminó quebrado y en la ruina; mientras sus jerarcas y cómplices muestran fortunas incalculables que disfrutan en todo el mundo. El descaro, la desfachatez y la cara dura de estos infames personajes son el combustible de una reacción espontánea que ahora los persigue por todas partes. Son más de 18 años hablando de odio, de conflicto entre clases, llenándose la boca con la lucha a favor de los pobres y terminaron siendo la estafa más grande.

Hoy, después de 18 años, Venezuela enfrenta la crisis social y económica más grave de los últimos 80 años. La Venezuela petrolera hace aguas frente a un Estado tan poderoso como incompetente que se convierte en el gran freno del desarrollo y nos condena a la más espantosa pobreza.

Uslar Pietri fue muy claro, lo dijo expresamente, el inmenso tamaño del Estado terminaría en una temible máquina de tiranizar. Toda la sociedad de rodillas frente a una burocracia inútil, arbitraria y corrupta que somete las libertades y obliga con chantajes y amenazas hasta qué y cuánto debe comer cada venezolano.

Para completar, ahora pretenden en su peor momento demencial, arrancar de cuajo la soberanía popular. La constituyente anunciada por Maduro, el capitoste y jefe de la banda de burócratas secuestradora del poder, quiere que sólo voten sus empleados y funcionarios, eliminando la conquista de la constitución de 1947 retrotrayéndonos a tiempos y etapas más que superadas, guardadas en los sótanos de la historia.

Con un país en rebelión ahora lanzan la mal llamada “constituyente educativa”, metiendo la politiquería más absurda dentro de escuela y liceos, amenazando maestros, encerrando a los alumnos con militantes del partido de la burocracia socialista. Llegan sin ningún pudor a levantar “listas de asistencia” cuando en realidad tratan de buscar firmas de “respaldo” para el más terrible de los golpes de Estado que el país haya vivido.

Mientras esto ocurre, a las escuelas y liceos no llega ningún programa social, no hay alimentos, no hay programas de salud. Los índices de desnutrición infantil son alarmantes, afectando a toda una generación y provocando serios problemas con enfermedades que la democracia había extinguido.

Nadie se puede equivocar, el combustible de esa rebelión popular, cuyo tamaño no tiene antecedente alguno en la historia, es el hambre y la frustración. Nuestra obligación es buscar –cuanto antes- una salida electoral y democrática antes que terminemos completamente de regreso al siglo XIX y en medio de la más espantosa guerra civil. La levadura para una rebelión está ahí, el deber obligar salvar a la nación del caos.



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