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Juan Pablo Olalquiaga (Conindustria): Cada vez hay menos incentivos para producir

28 febrero, 2017

Enrique Meléndez / 28 feb 2017.- El presidente de Conindustria, Juan Pablo Olalquiaga, aseguro que que el sector industrial venezolano está amenazado por dos factores fundamentales: una política cambiaria que favorece las importaciones y crea competencia desleal, y una caída del consumo, consecuencia de la alta inflación.

La afirmación la hizo el jueves pasado en el Foro “Estrategias para la Nueva Venezuela Industrial”, que promovió el Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toto que dirige Ramón Guillermo Aveledo.

“Una industria necesita tres elementos: mercado, rentabilidad e infraestructura, y esas tres cosas están ausentes en este momento. Venezuela ha pasado de ser una economía que estaba por el orden de los 260-280 mil millones de dólares; de acuerdo a la tasa de cambio a la cual se evaluara, a ser una economía que apenas está por los 140 mil millones de dólares, es decir, la mitad de lo que fue”.

Manifestó que cuando se tiene una caída así el incentivo para producir se reduce. Mencionó que muchas industrias operan a una fracción de su capacidad, no porque no tengan materia prima sino porque no tienen mercado.

Citó como uno de los casos emblemáticos la industria del cartón corrugado; cuyas plantas han venido cerrando; que lo mismo se ve en el caso de la industria cervecera, cuyas plantas también han venido cerrándose por la misma razón. Según Olalquiaga, un tercer ejemplo es la industria automotriz, que está parada porque no hay mercado para colocar el producto.

“Las políticas del gobierno estimulan la importación, aún en este momento dramático en el cual hacen falta generar puestos de trabajo, y así vemos que cuando ustedes van al supermercado se consiguen con muchos productos importados que antes se hacían en Venezuela”.

Al referirse a la rentabilidad, expresó que en la medida que no exista tampoco hay incentivo para que se instale una compañía en Venezuela, y que el principal desincentivo a la rentabilidad lo constituye la inflación; que así como uno como consumidor va al supermercado se da cuenta de que cada vez puede consumir menos; eso mismo le va pasando a la compañías industriales.

Según Olalquiaga el capital de trabajo se va contrayendo de modo que el industrial queda sin posibilidad de reponer maquinaria; capacitar personal; cancelar el seguro de HCM; llevar a cabo investigaciones y desarrollo, y así, la inflación es lo primero que se va comiendo la rentabilidad de las compañías. Además, está la competencia desleal con una una tasa de cambio que privilegia las importaciones, al cambio de diez bolívares por dólar, con la que nadie puede competir.

Asimismo, Olalquiaga mencionó al control de precios que consideró otro desincentivo para la rentabilidad; no solamente para los productos regulados sino para el resto de los productos que tienen márgenes controlados. Hizo ver cómo las contingencias del mercado les pueden ser favorables a determinados sectores y desfavorables a otros en lo que se refiere a los márgenes de ganancia; por lo que, a su juicio, el cortar a todos los sectores industriales con la misma medida es enormemente distorsionante.

Asimismo, Olalquiaga mencionó el tema del financiamiento en una economía inflacionaria, para agregar: “Al final tenemos unas empresas que son incapaces de subsistir en el tiempo y con unos incentivos que hacen que nuevas empresas puedan instalarse”.

Al referirse a la infraestructura, indicó Olalquiaga que allí entraba el marco legal, la planta física, el entorno operacional, la estructura laboral y la tesorería de las compañías, y al comenzar a detallar cada uno de estos aspectos manifestó que las empresas hoy en día no tienen seguridad jurídica, a partir de la política de expropiaciones, y que, en su conjunto, todo lo relativo a la documentación que necesitan las empresas para trabajar no funciona a cabalidad.

En cuanto a lo de la planta física manifestó que aquí entraba hasta problemas de inseguridad de los trabajadores que renuncian a trabajar en determinada empresa dependiendo de la zona en el que operaba; además, del problema del suministro eléctrico que obliga a detener a la maquinaria de las plantas, cuando se interrumpe; lo mismo que el servicio de Internet, en algunos casos; aparte del problema de la seguridad física en las carreteras en lo que se refiere al despacho de camiones, a los que hay que escoltar.

Olalquiaga manifestó que en el entorno operacional entraba el tema de los permisos; detallando algunos de ellos que tienen que ver con leyes, como la de Ciencia y Tecnología, validación de puestos de trabajo, recreación de los trabajadores, y que, en conclusión, toda esta permisología terminaba también frenando de una manera muy relevante la capacidad que tienen las empresas para poder mantenerse vigentes con todos los requerimientos.

“Luego nos vamos al tema de las divisas; un tema que todos conocemos, y las dificultades que hay para acceder a ellas. Toda empresa que trabaje hoy en día con divisas está al margen de la ley desde el punto de vista de la legalidad de poder cambiar sus bolívares por divisas”.

De allí que para Olalquiaga, cuando se tiene a un país trabajando al margen de la ley; las posibilidades, que se tienen de que las empresas se puedan sostener son muy bajas; pues, a su modo de ver, hay personas que dicen que ellos no se van a arriesgar y prefieren cerrar la compañía que operar en esas condiciones.

Por otra parte, reveló que la inamovilidad laboral ha llevado a un crecimiento de las prestaciones sociales; incluso, en una forma ilegal, teniendo presente que determinado trabajador que siente que lo quieren despedir termina negociando con su empleador; exigiéndole que le pague cuatro veces sus prestaciones sociales.

A este escenario le agregó lo que conoció como el presentismo, esto es, el trabajador está presente en la jornada de trabajo pero, como no lo pueden botar, baja su esfuerzo laboral.

“Luego viene el sostener la planta. Cuando yo arranqué la compañía en la cual trabajo, y que ya tiene 32 años; la cantidad de representantes de máquinas que había era enorme. Uno podía comprar máquinas localmente, y las más sofisticadas, las importábamos. Hoy en día tú no puedes comprar ninguna máquina localmente; porque no hay incentivo de nada. Pero además todo lo que se refiere al instrumental necesario para trabajar (…), todo eso tiene que estar presente en un país para que uno pueda tener una planta operativa”.

Pintó el panorama de un país en plena capacidad productiva, donde todo lo que sea insumos, repuestos, equipos, maquinaria tiene que abundar. Para contrastrar, recordó una experiencia personal, una máquina de su empresa a la que le falló una pieza y que pudo repararla comprando el repuesto en una tienda en Chacao y que los empleados de allí incluso le enseñaron como cambiar la pieza.

En la Venezuela de hoy, dijo, esto no es posible. Esa tienda se fue del país, así como el personal que poseía esa pericia emigró al extranjero; aparte de que se fueron del país aquellas empresas que ofrecían cursos de capacitación técnica; de modo que, a su parecer, cualquier programa de desarrollo industrial que pretenda arrancar en el país no le será fácil, puesto que la mayor parte del personal calificado en cualquier rama industrial se ha ido del país, y se sigue yendo; además de que el Inces ha dejado de capacitar.

Sobre el tema del financiamiento, comentó que había serias limitaciones, y recordó que cuando él arrancó con su compañía existía Corpoindustria que otorgaba créditos para el desarrollo industrial; que lo mismo sucedía con el Estado que exoneraba de ciertos impuestos para estimular el desarrollo industrial; cuando hoy en día no sólo no se contempla tal beneficio sino que incluso el Seniat ya cobra por adelantado la carga impositiva.

Concluyó refiriéndose a una programa que diseña hoy Conindustria, bajo el nombre de la Ruta Industrial, “cuya visión conduciría a que tuviésemos 30 mil empresas industriales, versus menos de cuatro mil que hay en este momento; a que tuviésemos unos trabajadores obteniendo unos ingresos medios en el orden de los once mil dólares anuales versus por debajo de los quinientos dólares anuales, que se perciben en este momento; que pueda generar 2.3 millones de empleos, versus los seiscientos mil que hay en este momento; que pueda generar exportaciones por el orden de los diez mil millones de dólares, versus los dos mil millones que hay en este momento, y que recuperase esa proporción del PIB de la manufactura, que estaba cercano al 25% por ahí en un momento de nuestra historia”.

Ese programa requiere al desmontaje del control de cambio; conlleva salirse de Mercosur; un cambio en la política arancelaria que privilegie lo nacional en desmedro de las importaciones; educación y capacitación de la mano de obra; pero que, primero que nada, requiere de una transición política para que tengamos un país que pueda dedicarse a trabajar por el progreso.



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