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opinión

Carlos E. Aguilera A.

Un TSJ prevaricado

28 febrero, 2017

En todas las sociedades existen antagonismos debido a las más diversas causas: distintas ideologías, intereses económicos contrapuestos, diferentes posturas ante el hecho religioso, nacionalismos, todo lo cual algunas veces genera conflictos, y que es necesario aprender a resolverlos de forma pacífica para que sean enriquecedores. Para alcanzar este propósito los hombres deben estar movidos por el amor, y no por el odio. Algo que pidió Juan Pablo II a los sindicatos en cierta ocasión, y que es generalizable a todo tipo de conflicto, interpretando su acción como una lucha a favor de la justicia, más que una lucha contra los otros.

Son dos las fuentes de la llamada mora social: La Sagrada Escritura y la razón humana. Es lógico que en la Biblia no se encuentren juicios sobre la mayoría de las cuestiones sociales que hoy nos preocupan, porque en aquella época no existían. Sin embargo, encontramos en ella una serie de principios, tales como el destino universal de los bienes, la preferencia por los débiles, la autoridad como servicio, entre otros. Mientras que el recurso a la razón es igualmente necesario, sobre todo si se pretende que el discurso ético pueda tener alguna validez para quienes no comparten la fe cristiana.

Sin embargo, conviene recordar que en la moral social existen principios de carácter permanente, siendo el más importante de todos la dignidad de la persona humana, de la que se derivan otros dos: el principio de solidaridad, en el que todos somos responsables de los demás, y el principio con el que las instancias superiores deben respetar las iniciativas de las instancias inferiores que favorezcan el bien común, e incluso facilitarles los medios necesarios para llevarlas a cabo. Los dos principios se complementan debido a la solidaridad moral social cristiana, que se opone a todas las formas de individualismo y a todas las formas de colectivismo.

La moral o moralidad son las reglas o normas por las que se rige la conducta o el comportamiento de un ser humano en relación a la sociedad, a sí mismo o a todo lo que lo rodea. Otra perspectiva la define como el conocimiento de lo que el ser humano debe de hacer o evitar para conservar estabilidad social. El término «moral» tiene un sentido opuesto al de «inmoral» (contra la moral) y «amoral» (sin moral). La existencia de acciones y actividades susceptibles de valoración moral se fundamenta en el ser humano como sujeto de actos voluntarios. Por tanto, la moral se relaciona con el estudio de la libertad y abarca la acción del hombre en todas sus manifestaciones, además de que permite la introducción y referencia de los valores.

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) es el máximo órgano del sistema judicial de Venezuela, cuya finalidad principal es ejercer la jurisdicción, es decir, resolver litigios con eficacia de cosa juzgada, sin perjuicio de cumplir otros actos que las leyes que los organizan les puedan atribuir, los cuales forman parte de la jurisdicción voluntaria. Por tanto, no se debe confundir el órgano jurisdiccional (TSJ), con las personas que en calidad de funcionarios sirven en él, jueces y demás personal auxiliar.

Maikel Moreno, nuevo Presidente del TSJ, tiene un amplio currículum pero al mismo tiempo posee una historia de controversias en su ejercicio profesional. Vicepresidente del máximo tribunal; doctor en Derecho Constitucional, abogado egresado de la Universidad Santa María en 1995, y ahora presidente del Tribunal Supremo de Justicia, pero como toda moneda tiene dos caras, y la polémica ha rodeado a su persona.

El Diario de las Américas en su edición digital del 1 de enero del 2015 registra estos datos: “El nuevo magistrado tiene una oscura historia que comienza en 1987 cuando fue acusado por el homicidio de un joven ocurrido en Ciudad Bolívar, población ubicada al sur del país y a 578,6 km de Caracas. En esa época se desempeñaba en la policía política Disip (actualmente el Sebín). Logró salir en libertad dos años después”.

“En 1989, regresa a la policía política Disip y se desempeña como oficial de segunda, cumpliendo funciones como escolta del ex presidente Carlos Andrés Pérez durante su segundo mandato”.

“Ese mismo año, Moreno vuelve a ser noticia por encontrarse en un expediente por homicidio (número 552755, que fuera posteriormente remitido por la entonces Policía Técnica Judicial al tribunal 15 Penal, la razón fue por estar implicado en la muerte de Rubén Gil Márquez, asesinado durante un tiroteo ocurrido en Parque Central, conjunto residencial en el centro de Caracas. Ese mismo año fue destituido de la policía política por estar involucrado en la muerte de Gil Márquez”.

“En 1990, logró obtener un beneficio procesal – el segundo en su historia policial -, sale en libertad, pero no retorna a la Disip. Sino que obtiene un cargo como secretario de un juzgado en la ciudad de Caracas”.

“Luego en 1995 obtiene el título de abogado y continúa trabajando en el mismo lugar. Y llegó a ser el juez 34 de control y presidente de la sala séptima de apelaciones cuando se investigaba el asesinato del asesinato de Danilo Anderson, muy ligado a la revolución chavista; quien fue fiscal del Ministerio Público venezolano que estaba investigando a más de 400 personas acusadas de crímenes en contra el estado venezolano y los asesinatos cometidos durante el fallido Golpe de Estado de abril de 2002”.

Otro capítulo de Maikel Moreno fue la denuncia del exmagistrado chavista Luis Velásquez Alvaray, actualmente prófugo de la justicia venezolana quien en junio de 2007 lo señaló de presuntamente pertenecer la denominada “banda de los enanos”.

El máximo organismo de la justicia venezolana, sin escrúpulos de ninguna naturaleza y negado a todo principio moral, ético y político, acató órdenes provenientes del poder ejecutivo y puso en las manos de quien antes y ahora en el presente, ha sido severamente cuestionado. El TSJ es una institución creada para impartir una verdadera justicia, pero sin la venalidad de magistrados visceralmente identificados con el PSUV y la consigna de “Chávez vive….la patria sigue”

El régimen chavista-madurista se ha apropiado de todos los poderes para imponer una opinión sesgada de la política, las leyes, los principios ideológicos y hasta la propia Constitución, en su perversa pretensión de querer imponer su voluntad a toda costa.
La designación del nuevo presidente del TSJ, configura un día más oscuro que Moreno, para la justicia venezolana.

Solo en socialismo se alcanzan estos “logros”, como reza uno de los lemas, que a todo gañote proclaman los rojos…rojitos.

Periodista, miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122). Historiógrafo. Autor de la columna “Toque de Diana”. Ex corresponsal de la agencia de noticias internacional AFP. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela y de la Academia Nacional de Ciencias y Artes Militares y Navales.

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@_toquedediana



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