opinión

La MUD, nuestras debilidades estratégicas y la acefalía internacional

20 febrero, 2017

Cuando la oposición contó con el mejor equipo de políticos con experiencia en asuntos exteriores de toda su historia – Humberto Calderón Berti, ex ministro de relaciones exteriores y jefe de la Comisión de asuntos internacionales de la Coordinadora Democrática – y un excelente cuerpo de asesores con experiencia diplomática – Fernando Gerbasi, Maruja Tarre, Asdrúbal Aguiar, Adolfo Salgueiro, Reinaldo Figueredo y Diego Arria, entre muchos otros – logró el récord de tener una alta capacidad de convocatoria ante el cuerpo diplomático apostado en Caracas. Que la tenía en alta consideración. Pero ni siquiera así logró quebrar el poderío del régimen chavista en el ámbito internacional: nadie reconocía o avizoraba la naturaleza clara y abiertamente dictatorial del teniente coronel castrista y su garrote y/o beneficencia petrolera entre los mendicantes y pobres países de la región le aseguró un amplio e inquebrantable respaldo de los países caribeños, que le aseguraron una amplia mayoría en el seno de la OEA.

En manos de César Gaviria, un desganado ex presidente colombiano sin ninguna intención de jugarse a fondo por la democracia venezolana, ayuntado con el ex presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter, aviesamente pro chavista, no era ni siquiera imaginable que la OEA se jugara a fondo por la democracia venezolana. Todas sus iniciativas terminaron convertidas en agua de borrajas. Para pasarle luego la secretaría general al socialista chileno José Miguel Insulza, que luego de obtener la buena pro del gobierno ya abiertamente castrochavista de Venezuela, sería un férreo e implacable defensor de Hugo Chávez, un incondicional aliado del Foro Sao Paulo y un proselitista a favor del reingreso a la OEA de los hermanos Castro. En suma: por mayor capacidad y experticia que tuvieran los miembros de la Comisión de Asuntos Exteriores de la CD, entre los que tuviera el honor de contarme y para la cual realizara una serie de gestiones ante gobiernos amigos, nada o muy poco podía lograrse ante la hegemonía internacional de que disfrutaba la dictadura en ciernes. Con un sólido e incondicional respaldo de la opinión pública internacional, mayormente “progresista”. Una naturaleza proto dictatorial a la que ni siquiera los propios miembros mayores de la CD le reconocían dicha naturaleza. La palabra dictadura era tan mal vista en nuestros foros, que quienes, como yo, tuvieran la osadía de emplearla, recibían un general rechazo. ¿Dictador Hugo Chávez? ¡Por favor!

Una década después la situación se ha invertido al extremo: muerto Chávez, impuesto Maduro por sus protectores cubanos y tras el derrumbe de los precios del petróleo el país se ha sumido en una espantosa crisis humanitaria, el gobierno no sólo ha perdido el amplio respaldo de la comunidad internacional: ya es reconocido urbi et orbe como un régimen abierta y ferozmente dictatorial. Vinculado al narcotráfico y al terrorismo islámico. Sin mayor respaldo interno que el que, por razones absolutamente comprensibles y vergonzantes, le dispensan unas fuerzas armadas carentes de toda consciencia constitucionalista. Lo que acompañado con la caída y el descrédito de los gobiernos filo castrochavistas de los dos países potencia de la región – Lula y Dilma, en Brasil, los Kirchner en Argentina – y la irrupción de gobiernos liberales, como los de Temer, en Brasil, Mauricio Macri en Argentina y PPK en Perú, a los que pronto podría agregarse el regreso al poder del empresario centro derechista chileno Sebastián Piñera, han trastocado el equilibrio favorable al castrochavismo en la región. Agréguese la insólita irrupción del empresario inmobiliario Donald Trump en los Estados Unidos y el eclipse de los demócratas – tibios hasta el extremo en el trato del narcoterrorismo madurista venezolano – y se tendrá una imagen del nuevo escenario: la dictadura venezolana se encuentra absolutamente aislada, carente de todo respaldo y situada en la mira del Departamento de Estado, la Casa Blanca, la DEA y los órganos policiales y de justicia de los Estados Unidos. Y muy seguramente de los más importantes servicios de seguridad del mundo entero.

El apogeo de este muy favorable cambio en la percepción de nuestra crisis por la comunidad internacional ha culminado con el cambio en 180 grados de la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos: de un enemigo virtual de los demócratas venezolanos como el socialista chileno José Miguel Insulza, que en circunstancias cruciales para la región se apostara del lado del castrochavismo, como lo fuera en la ocasión de la grave crisis hondureña, se ha pasado a contar en la OEA con un franco y beligerante amigo de los demócratas venezolanos, el uruguayo Luis Almagro. Mejores condiciones para el despliegue de una eficaz, efectiva y exitosa diplomacia opositora, imposible. Y no está solo: bajo la sabia coordinación del político, diplomático y jurista venezolano Asdrúbal Aguiar, una aplastante mayoría de ex presidentes hispanoamericanos se ha organizado, bajo el nombre y las siglas de IDEA, en una suerte de amplio grupo de amigos de Venezuela. Es así como contamos con el respaldo de los ex presidentes Felipe González y José María Aznar, Eduardo Frei Ruiz Tagle, Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, Alejandro Toledo, Alán García, Felipe Calderón, Fernando Henrique Cardoso y un grupo cercano a la cuarentena de ex presidentes de España y América. No obstante lo cual, jamás estuvo la oposición venezolana peor representada en el ámbito internacional. Y no sólo eso, que podría ser reparado urgente y rápidamente con una serie de decisiones y cambios de timón: un pragmatismo cortoplacista, una insólita miopía en asuntos internacionales y una lenidad sin precedentes que signa a todos los partidos y altos dirigentes de la coalición opositora ha llevado a que la MUD haya boicoteado todas las iniciativas favorables a nuestra causa, ante la sorpresa y el disgusto de la generosa ayuda que nos han querido brindar nuestros importantes e influyentes amigos internacionales.

Pues por más necesario, importante e incluso trascendental que sean las actividades desempeñadas en el campo internacional por las esposas de nuestros presos políticos emblemáticos, una tarea esencial que jamás podremos agradecer suficientemente, particularmente a Lilian Tintori de López y a Mitzi Capriles de Ledezma, la representación de la política opositora está obligada a trascender ese propósito. No sólo agitar a la política y a la opinión pública mundiales tras la liberación de nuestros presos políticos y la denuncia a las graves violaciones a los más elementales derechos humanos cometidos por la dictadura – como la crisis humanitaria y la práctica desaparición del derecho a la vida a los que está sometido el pueblo venezolano – sino sentar las bases para una política internacional que propicie el asilamiento y desalojo del régimen castromadurista de todas las instancias internacionales, coadyuve a su pronto desalojo, imponga la inmediata liberación de todos nuestros presos políticos, abra canales para la inmediata asistencia humanitaria y nos asista en la creación de circunstancias favorables para la instalación de un gobierno de transición democrática. Cuyo primer efecto debiera provocar un giro de 180 grados en nuestro alineamiento internacional: regresar urgentemente al seno de las naciones democráticas del mundo, retirar el respaldo de la Venezuela liberada a todas las dictaduras y tiranías del mundo, respaldar a las naciones democráticas en su lucha contra el terrorismo de toda condición y, sobre todo, recuperar con la máxima urgencia la dignidad soberana de nuestra República en nuestra región, en nuestro hemisferio y en el mundo entero.

Agréguese a esas necesidades de política exterior, las de la formulación de una estrategia de crecimiento en los ámbitos políticos, económicos, sociales, culturales, educativos y de toda índole, y se verá cuán modestos han sido nuestros avances, cuánto tiempo hemos perdido y cuánto retraso nos afecta. Darse por satisfechos con un modesto cambio de figuras en la mesa operativa de la MUD demuestra cuanta grave miopía nos afecta. Es doloroso reconocerlo. Pero hacerlo ya constituye un paso hacia las soluciones correctos. Esperemos que sean dados.

@sangarccs



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