opinión

A María Corina Machado: de colaboradores y quintacolumnas

25 febrero, 2017

Enrique Ochoa Antich le ha escrito bajo la cortés apariencia de una “carta abierta” una requisitoria a María Corina Machado digna de figurar en un manual del perfecto colaborador y quinta columnista de la dictadura: la acusa del pecado capital de boicotear el diálogo entre Nicolás Maduro y la MUD, según él única, inexorable y la más perfecta y deseable de las vías para resolver la agonía que sufre la república y que él reduce a un mero desentendimiento entre ambos términos, la oposición y el gobierno. Para legitimar lo cual se sirve de los clásicos ejemplos de dictaduras cercanas – si bien se cuida, como todos sus congéneres, por cierto, de caracterizarlas, evadiendo así el meollo del asunto – que habrían dejado el poder gracias a esa fórmula mágica de sentar a los contendientes en una mesa redonda para discutir sus diferencias y terminar en el mejor de los acuerdos: un abrazo, el desalojo del tirano y la entronización de los demócratas. Ya Eduardo Fernández le ha estado llevando aguas a ese molino e la mano del dictador polaco Jaruselsky. Sólo le faltó el inolvidable epílogo de los cuentos infantiles: “y bajaron a la playa, comieron perdices y fueron felices”. Happy End. Un clásico ejemplo de la descerebrada izquierda borbónica, para usurpar el selfie de su maestro Teodoro Petkoff.

Esa y no otra es la médula de su extensa “carta abierta”. Cuya claridad y franqueza es de agradecer, gracias a lo cual estará contando con la fruición aprobatoria de Nicolás Maduro, de Tarek El Aissami y de Diosdado Cabello, sus únicos y verdaderos beneficiados en medio del berenjenal en que la denuncia del Departamento del Tesoro los ha sumido, y la solemne aprobación de Henry Ramos Allup, Julio Borges, Manuel Rosales y Henry Falcón, igualmente agradecidos por un respaldo tan perfecta, fría y lógicamente hilvanado a su apocalíptica incompetencia. En plena lógica política, podría tener un efecto muchísimo más devastador y favorable a la causa de la dictadura que el remitido de Tarek El Aissami en The New York Times. Que si no se tratara de un asunto estrictamente doméstico que aparentemente no roza asuntos tan trascendentales como el narcotráfico, el lavado de dólares y el financiamiento y respaldo al terrorismo del Estado islámico, de los que acusa in totto, aunque aún por una sola y no la más efectiva de sus múltiples vías, el gobierno de los Estados Unidos al de Nicolás Maduro, bien valdría esa inversión en dólares. ¿O es que el ex diputado preñado en las cloacas ideológicas del comunismo vernáculo y criado por el Movimiento al Socialismo no conoce el estado real en que se encuentra Venezuela, como para considerar que asuntos tan baladíes bien pueden ser objeto de una reunión entre correligionarios, como lo plantea Su Santidad Francisco I? ¿Qué nos tratemos unos y otros como hermanos?

Aparte la versallesca diplomacia en el trato formal con el que el hermano del ex ministro de defensa recubre sus infamias – “inteligente, apasionada, carismática” – contra la acorralada y máxima lideresa política del liberalismo venezolano, el libelo es de una falsía, una hipocresía y una canallería muy propia de quienes se criaron en el pozo de los tiburones del marxismo cuartelero del castrocomunismo venezolano. Para quienes María Corina Machado fue, es y será “una mantuana” y, por ende, una reaccionaria. Así uno de sus tíos maternos haya participado en las guerrillas venezolanas y otro cayera mortalmente herido en el desembarco del Falke. ¿O es que los Machado, tanto o más mantuanos que los suyos, no fueron los fundadores del Partido Comunista Venezolano?

Me impresiona la absoluta sangre fría con la que Ochoa Antich da por buenos y legítimos los propósitos estratégicos de la satrapía, su olímpico silencio ante las apocalípticas miserias y los espantosos sufrimientos que les ha causado a los pobres, haciéndolos aún más pobres de esta tierra, el daño incalculable en vidas y pérdidas materiales de nuestra Patria, que crecen exponencialmente día tras día y hora tras hora, así como la naturalidad con que defiende lo que le parece el asunto más natural del mundo: que el sátrapa de nunca aclarados orígenes impuesto por un moribundo entregado en cuerpo y alma a los tiranos cubanos, barnizado luego con un fraude electoral tanto o más escandaloso que el que el pueblo ecuatoriano acaba de impedirle a uno de los agentes del castrismo, tenga el pleno y legítimo derecho a gobernar hasta el 2019. Y más allá, si Raúl Castro, el castrocomunismo venezolano y sus aliados de la oposición oficialista – colaboradores y quinta columnistas, como Ochoa Antich – lo consideran legítimo y pertinente.

¿Por qué no? ¿O no tiene Enrique Ochoa Antich los santos apéndices de defender todos los procesos electorales que nos han traído a encallar en estos abismos y dar por buenos y legítimos, además de todos los fraudes consumados y todas las medidas represoras de una dictadura que ya supera en tiempo a las de Pérez Jiménez, Batista, Rojas Pinilla, Pinochet, Videla, Bordaberry, Garrastazú Medici, entre otros, los asesinatos de opositores, las cárceles hasta por 14 años de venezolanos absolutamente inocentes, el descomunal saqueo de más de trescientos mil millones de dólares y la devastación sepa Dios por cuántas generaciones de una República que fuera ejemplo democrático en un continente consumido por las tiranías?

Es lo que me abisma: la insólita parquedad y la absoluta frialdad con las que Ochoa Antich defiende y legitima el más espantoso capítulo de nuestra trágica historia política. Su inmoral alcahuetería travestida de flemático realismo político. La desvergüenza maquillada de pragmatismo. Ni José Vicente Rangel, el venerable tartufo y alcahueta del castrocomunismo criollo, ni Zapatero, el memo encumbrado a la presidencia de España gracias al azar de un atentado del terrorismo islámico, ni esos corruptos correveidiles de la Internacional Socialista – no digamos el pueblerino tartufismo criollo de un Timoteo Zambrano, un Henry Falcón o un Manuel Rosales – hubieran sido capaces de alcanzar estas cimas del descaro y la infamia.

Temo que la cadena se haya roto por su eslabón más débil. Y que por boca de Enrique Ochoa Antich se exprese a plenitud la estrategia que ha venido germinando desde hace algunos años desde el anterior Departamento de Estado y el actual Vaticano, amén de la dirigencia de la MUD en consonancia con la tiranía cubana: garantizar la sobrevivencia de Nicolás Maduro hasta el 2019. Convirtiendo a Venezuela en el chivo expiatorio de la supuesta estabilidad de la región. Hasta entonces y aún más allá, si Cuba lo estima necesario. Si así fuera, que Dios nos agarre confesados: si no actuamos con voluntad, decisión y coraje podríamos perder la República.

@sangarccs



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