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opinión

Las jornadas por venir

10 octubre, 2016

La jornada de recolección del 20% de las firmas para el revocatorio convocada para los días 26, 27 y 28 del presente mes, marcan la profundización de la etapa final de la lucha frente al régimen gobernante. Deberá cumplirse y sobre pasar la exigencia establecida a conciencia de que las indignas instituciones a su servicio, continuarán haciendo todo lo que esté a su alcance para impedir el revocatorio este año. No importa. La voluntad de cambio radical existente en la inmensa mayoría de la nación es infinitamente superior a las maniobras de una minoría desesperada y cercada, incluidos muchos que hasta ayer se mostraron solidarios con el régimen.

Hablo de cambio radical a conciencia. Ser radical es ir a la raíz de los problemas sin descuidar sus consecuencias, pero no agotándose en ellas. De quedarnos en las consecuencias, pronto estarán repitiéndose los mismos problemas. De aquí nuestro llamado a todos los habitantes de este país, sin distinciones de ninguna naturaleza. Si queremos conservar los mucho o poco que tenemos, la vida, la seguridad de nuestras familias, la libertad, el derecho a trabajar en paz, tenemos que despertar y quienes ya lo están, actuar con todo para devolverle a Venezuela su razón de ser. Aquí está en peligro hasta la existencia misma de la nación y de cada uno individualmente considerado.

Las cabezas de este régimen, eso que llaman el alto mando cívico-militar, tienen que comprender la inutilidad de sus pretensiones y lo peligroso de sus acciones en este tiempo. Al margen de la Constitución y hasta en su contra, del ordenamiento legal establecido y de los más elementales principios éticos, todos los días añaden agresiones y ofensas, verbales y físicas, contra quienes no son sirvientes incondicionales. Han agotado la paciencia de todos, incluidos muchos que hasta hace poco se identificaban con ellos, quizás sin haber sido cómplices, pero tampoco sus enemigos.

El abuso de poder no ha tenido límites. Piden y toman cada día más. Arrasan y destruyen todo. Nicolás Maduro parece un náufrago sediento delirando bajo el calor del sol que le quema la mente. Creo que está enloqueciendo. Llegó a creerse el disfraz de cada día. Ya no sabe si es él o sus ropajes.

El llamado es a la incorporación de todos en esta etapa final de la lucha. En la situación actual la imparcialidad es, simplemente, el disfraz tramposo de los oportunistas. No hay cabida para las medias tintas. En el entorno del alto gobierno temen profundamente lo que seguirá a esta “izquierda” estéril e inmoral, protagonista del más terrible fracaso de la historia.

Lunes, 10 de octubre de 2016
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@osalpaz



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