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opinión

William Dávila

El cambio es irreversible

15 septiembre, 2016

El gobierno de Nicolás Maduro atraviesa su peor momento. Se asemeja a los tiempos finales del Reich Aleman o de la Rumanía de Ceaucescu. Un país padeciendo escasez de alimentos y medicamentos, inflación descontrolada, inseguridad rampante, deuda externa que hipoteca el futuro del país, pero lo más grave: la incapacidad del gobierno de rectificar y la contumacia de no hacerse a un lado.

Lo sucedido el 1S en Caracas, así como en otros estados de Venezuela y también en ciudades del mundo, fue una expresión de contundencia mayoritaria. Es la manifestación de la vigencia material de la votación del 6D en la que el pueblo escogió una nueva mayoría y dio un mensaje de rechazo al gobierno.

Quedó demostrado con la manifestación el 1S la gran manipulación del gobierno que intenta proyectar al mundo que goza de respaldo y estabilidad, cuando la realidad es que perdió la calle y se sostiene en un TSJ de vocación hamponil y una pequeña cúpula de la FAN que está inmersa en una corrupción sin precedentes que empaña su honor histórico. Un millón de personas salió a la calle el 1S para demostrar al mundo que la votación del 6D sigue viva y que el cambio democrático vendrá muy pronto.

Cuando sostengo que el gobierno perdió la calle, lo hago sobre la base de dos hechos: la comparación de la concentración del gobierno y la de la oposición el 1S. Pero nada más significativo que el episodio en Villa Rosa, comunidad que históricamente favoreció al chavismo, salió a cacerolear a Maduro en su cara, ocasionándole una molestia que le hizo ponerse agresivo y huir de la reacción de la gente y de la realidad. Nunca antes Venezuela expuso al mundo unas imágenes tan vergonzosas que reflejan la desesperación del pueblo frente a un régimen que practica la política criminal y tiene al pueblo pasando hambre. Nunca los cacerolazos tuvieron tanta vigencia como ahora, pues no hay alimento que cocinar en esas ollas.

El presidente no acepta su realidad. Es preso del miedo de saber que a su lado sobran delincuentes que serán juzgados por delitos que no prescriben como los de lesa humanidad y corrupción. Por eso no aceptan un revocatorio que perderían; por eso dice Maduro que está “dispuesto a todo”; por eso pretende allanar por decreto la inmunidad parlamentaria para apresarnos. Pero no procede esa fórmula, pues la Constitución es clara y solo la AN hacerlo.

Hoy más que nunca ratificamos al gobierno que no tenemos miedo. Sus amenazas son risibles porque nos sostenemos en el apoyo del pueblo. Lo más sensato es que se permita al pueblo arbitrar esta situación y decida su futuro a través del Revocatorio. Presidente, no corra más, sométase al veredicto popular.

@WilliamsDavila



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