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opinión

En Venezuela, ¡Calatela!”

30 junio, 2016

El título de este artículo podría ser un eslógan apropiado para una de las campañas publicitarias destinadas a promover el turismo en el país. Lo lamentable de ellas es que además de ser chances para el “¿Cuánto hay pa’eso?”, son inútiles, porque ni la más sugestiva de las publicidades puede neutralizar no digamos el desaliento, sino el horror que la información verídica sobre Venezuela causa en el potencial turista.

Sin embargo, el ingenioso publicista puede aprovechar precisamente ese sentimiento en su propósito de hacer una campaña exitosa, basada en el principio de sinceridad, Ocurre que así como hay gente cuyo máximo gozo consiste en exponerse a la muerte escalando acantilados, otras lo obtienen de experiencias sociales aterradoras, del thriller social auténtico; y no visto en películas ni de lejos, sino experimentado en carne propia.

Gracias a la gestión del chavismo la vida en Venezuela ya es en sí misma una pavorosa peripecia; el país íntegro es un filón inagotable de aventuras sociales escalofriantes; lo que falta es un proyecto para la explotación del turismo social de terror.

A continuación aportamos algunas ideas.

Programa I: Escalofriante aventura social marginal-urbana

Traslado en autopullman hasta el pie del cerro seleccionado; en el trayecto, degustación de cocteles a base de ron, mientras se escucha una conferencia (con traducción simultánea) sobre los logros del socialismo dictada por un especialista cubano.

Paseo guiado por el barrio; bajada de la mula gentilmente estimulada por un malandro de la zona debidamente armado con una pistola de alta potencia.

Coloquio con un deudo de la última víctima inocente de alguna de las policías o de la GNB.
Opcional para turistas con intereses etológicos y ecológicos: Aproximación a uno de los vertederos de basura del barrio para observar el comportamiento de la rata urbana caraqueña y del típico niño caraqueño que tiene como espacio de juego el mismo muladar.

Opcional de acuerdo a las circunstancias: a) Participación in situ en el linchamiento de un azote de barrio. por la comunidad. b) Observación in situ desde un privilegiado lugar central de balacera entre pandillas rivales del barrio.
Administración de primeros auxilios (al turista) a cargo de la operadora, sin costo adicional.
Regreso al hotel Alba.

Programa II: Pavorosa aventura hospitalaria

De recibir el turista una herida más o menos grave, sea durante el discurrir del programa anterior, o debida al asalto de un delincuente por el simple hecho de andar de pendejo por la calle, tiene las opciones de: a) Por un mínimo pago adicional, hacer un emocionante recorrido por los centros asistenciales públicos de la ciudad tratando de lograr, inútilmente, atención facultativa. Mientras se desangra, podrá escuchar los alaridos de otros lesionados que andan en lo mismo y vivir la estremecedora experiencia de ver cómo mueren por falta de equipos quirúrgicos y hasta de algodón y mercuriocromo. b) Acudir a una clínica privada, en la que lo atenderán, sin poder curarlo por la misma razón expuesta supra. Nota: Honorarios facultativos y costos hospitalarios corren por cuenta del turista.

De no sobrevivir, traslado a la morgue de Bello Monte, sin costo adicional, donde el occiso turista correrá la fortuna de yacer con otras dos docenas de cadáveres resultantes de la violencia del día, tirado por ahí, en medio de tripas brotadas, sangre y demás purulencias.

Programa III: Aventura de terror carcelario

Traslado en autopullman desde el hotel Alba hasta la puerta de uno de los penales próximos a la capital.
Despedida de familiares y amigos; de ser el turista católico, confesión y recepción de la extremaunción, sin costo adicional.

Vejaciones preliminares por el personal encargado del ingreso al penal. El turista tiene derecho a revisión de cavidades naturales, burlas, coñazos, etc.

Ingreso a la celda, donde hay doce presos en un espacio previsto para cuatro.

Opcional: Si quiere pasar como preso político, interrogatorio y tortura, sin costo adicional.

Rendición de tributo al pran. Cancelación del Derecho de Supervivencia por una noche (no incluye protección contra la violación) y bajada de la mula ante el líder de la celda para lograr un rincón donde dormir.
Por la noche el turista disfrutará de una violación colectiva, con garantía de que los guardias harán caso omiso de sus lamentos; cuando más, lo amenazarán con unos planazos de continuar alterando el reposo de la prisión. Posible administración de los planazos de persistir el turista en sus gritos.

Por la mañana, disputa con un preso de malísima entraña y probada criminalidad que pretende arrebatarle el desayuno consistente en media arepa vieja y una sardina podrida, por lo que ha pagado una fortuna. Culminación de la diferencia mediante una excitante pelea a chuzo, en la cual el turista, inexperto en esas lides, inevitablemente resultará herido.
Traslado de mala gana a la enfermería del penal, donde no podrán curarlo por razones expuestas en el Programa II.
Salida del penal, repetición del Programa II.



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