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opinión

Roberto Enríquez

Observación internacional para todas las fases del revocatorio

7 mayo, 2016

“La opinión pública es la primera de todas las fuerzas”, nos dijo nuestro libertador Simón Bolívar. Esta es una frase que entraña muchas acepciones ; en primer lugar la atinente a que los procesos de formación de la opinión pública terminan siendo tan poderos que ninguna otra fuerza o poder del Estado, independientemente de lo bien apertrechada que esté puede contener la fuerza de esa opinión popular; y en segundo lugar, asoma los peligros que corre una sociedad entera y sus estamentos de poder del Estado cuando apelan a cualquier subterfugio para evitar que esa opinión pública se materialice.

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Lo que está ocurriendo en nuestro país, desde el punto de vista socioeconómico, los venezolanos cada día vivimos peor: delincuencia, inflación y desabastecimiento fustigan la tranquilidad venezolana; y desde el punto de vista político, el resquebrajamiento institucional del Estado es cada día más alarmante y el poco oxigeno democrático cada día más exiguo, son en sí mismas, una combinación explosiva que todos, absolutamente todos, estamos obligados a evitar que explote. Si a esto le sumamos la dolorosa “Crisis del Alma” que rompe el tejido de una sana convivencia nacional basada en valores y principios podemos ver con espanto como nuestro país se enrumba a ritmo acelerado hacia un precipicio. El dialogo, el respeto a las reglas de juego, léase Constitución, y eso a lo que San Francisco de Asís nos exhortaba: “Ser humildes no es hablar bajito y no molestarse nunca; ser humildes es esforzarnos por ser comprensivos con el prójimo y ser magnánimos”.

Tal como están las cosas en Venezuela es inevitable personalizar tantas agresiones sufridas por el pueblo y por quienes adversamos al Gobierno en el presidente Nicolás Maduro. La Asamblea Nacional ha estado sometida a una especie de estado de sitio judicial y ahora surge un decreto presidencial que pretende tomar por asalto indelegables competencias constitucionales del poder legislativo como las mociones de censura contra ministros de Gobierno. En una democracia sana ese tipo de beligerancias políticas son absolutamente normales y son parte medular de la responsabilidad de control que debe tener el poder legislativo sobre el ejecutivo. El desconocimiento de este abc democrático es lo que ha agravado las cosas en nuestro país.

El referendo revocatorio es un derecho que la constitución otorga a los venezolanos que deseen ejercerlo. Vulnerar ese derecho, bien sea impidiéndolo o retrasándolo al extremo de que sea ineficaz, implica someter al pueblo a los designios de la fuerza bruta. Hasta el venezolano más desprevenido está consciente de que la mayoría avasallante de nuestro pueblo quiere ejercer su derecho constitucional de revocarle el mandato a Maduro, por su carácter constitucional el revocatorio debe ser garantía de paz, de cambio en paz. No es menos cierto de que los compatriotas que consideren que Maduro debe permanecer en el Gobierno también merecen respeto y tienen el derecho a exigir que los extremos constitucionales para activar ese revocatorio se cumplan cabalmente. Esta ecuación elemental de respeto al estado de Derecho es la mejor forma de asegurarnos de que en Venezuela cada quien tenga su lugar bajo el sol y nadie se sienta amenazado por su posición política independientemente de que esta sea mayoritaria o minoritaria. Recordemos que en democracia ser mayoría o minoría es sólo una circunstancia y nunca un determinismo perpetuo. Tengo la impresión de que debemos mandar a hacer planas con esta lección a varios personajes públicos venezolanos; comenzando por Maduro.

Es en este contexto que desde Copei hemos solicitado formalmente al Poder Electoral que permita la presencia en Venezuela de una misión de observadores, veedores o acompañantes internacionales de la ONU, OEA y UNASUR para que estén presentes en todas y cada una de las fases del proceso revocatorio. No tengo dudas de que esta iniciativa coadyuvaría a bajar las tensiones y darnos más tranquilidad tanto a quienes impulsamos el revocatorio como a quienes se oponen.

Como no nos pensamos quedar de brazos cruzados también estamos solicitando a la ODCA (Organización Demócrata Cristiana de América) de la cual tengo el honor de ser su vicepresidente y a la IDC (Internacional Demócrata Cristiana o de Centro) que inicien las consultas necesarias para hacer posible la presencia en Venezuela durante todas las fases del proceso para activar el Referendo Revocatorio.

La presencia de la comunidad internacional en estos momentos tan complejos que vive el país, sin atentar contra nuestra soberanía, puede ser un punto de apoyo para que los cambios se hagan en paz, podamos establecer canales de diálogo sin renunciar a nuestras diferencias y haciendo valer la Constitución; y desterremos de una buena vez el demonio de la violencia de nuestra amada Venezuela.



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