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opinión

Dimitry Belov

La transición de la transición

17 marzo, 2016

Cuando la comida no llega a la boca, cuando la medicina no llega a la sangre, cuando la luz no llega al quirófano, cuando la quincena queda en menguante, cuando la basura rebosa en la calle, cuando el hampa quita la vida al instante, cuando las pestes visitan tu casa, cuando te quejas y el Sebin toca a la puerta, cuando quien se resiste acaba en la cárcel o en el Guaire.

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Esta desesperación del momento no es posible medirse en encuestas, los venezolanos de hoy viven en pólvora y los únicos interesados en echarle chispa son los mismos que defienden mantener activo el Estado criminal y prostituyente, esclavizando a toda una sociedad. Ellos son los que ganan con la reacción sin planificación. Sólo quieren a una masa inconsciente frustrada obedeciendo o al pueblo alzado y reprimido. Le temen, atacan y descalifican a los ciudadanos organizados.

Vamos directo a una elevación del conflicto en medio de la crisis y si la pelea es violenta no tenemos opción. Si en cambio, decidimos dar la batalla en el marco constitucional, las estrellas se alinean. Todo conflicto se va escalando, cada peldaño a la vez es una conquista. La escalera no debe derrumbarse mientras la subimos. Son cuatro las vías que podemos recorrer y es muy de madrugada para desechar alguna. Hay que prepararse pues el primer amanecer es este mismo año.

Cualquier camino que tomemos nos llevará a una primera parada, la primera transición. Ahí es que nos quitaremos el primer lastre, ese que representan algunos de los que cometieron el saqueo más grande en la historia de cualquier país. Los venezolanos tendremos un primer respiro con ellos llegando hasta allí. Los otros, si, esos otros que hoy los vemos gestionando y suavizando la capitulación, esos que hasta hace unos días tuvieron su rodilla en tierra, boca callada y bolsillos llenos, para ellos llegará el día cuando alcancemos la reinstitucionalización. El día que logremos la verdadera transición. Cuando verse a los ojos con la mano en el corazón sea obligatorio, cargando fallas, pagando las deudas a la sociedad, aceptando culpas, reconociendo aciertos, pero todos juntos con la mirada puesta en un futuro común, de vuelta a la autopista del desarrollo. El de la Venezuela consiente y ciudadana, la Venezuela luego del ocaso del populismo.

Así que desespero no nos acompañes que todavía falta camino y la montaña está alta…



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