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opinión

Simone Augello

Ética como política

30 marzo, 2016

Siempre he concebido la política como el acto de servir al mayor número de personas posibles, es la acción de servicio social y comunitario que permite mejorar la calidad de vida más allá al entorno inmediato, y siempre he concebido este servicio como la herramienta de la moralidad social.

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Ante esto siempre he defendido la ética como una de las formas de hacer política más idónea para el buen servicio alrededor de la labor del bien común.

Quien no obedece a estándares éticos, por lo menos los mínimos de ello, como la lealtad, el amor, la consideración, la solidaridad y la sinceridad, no busca la política como un medio, sino como un fin en sí mismo, es decir como la obtención del poder por el solo disfrute del poder mismo.

Una política sin ética es el primer paso para la instauración de los regímenes autoritarios, una política sin moral es la consecución de la perversión institucionalizada.

Siempre he luchado en contra de la inmoralidad en la política, siempre me he opuesto a la antiética porque es un antivalor que afecta no sólo aquel que la practica sino que es de fácil contagio.

Mi posición de crítico y luchador en contra del régimen actual en Venezuela se debe, entre muchos aspectos, a la carencia de moral y ética por parte de quienes están conduciendo los destinos de nuestra amada Venezuela.

No obstante, también he sido un fiel observante de la moralidad dentro de la plataforma de la Unidad Democrática, y un oponente encarnecido en las tendenciosas demostraciones de inmoralidad de algunos que también cohabitan en el seno de la MUD.

Así como existen en el seno del régimen reductos morales, personas que creen de buena fe en un modelo fracasado, que confían o confiaron en la materialización de ese espejismo que llaman socialismo, de esa misma forma existen en el seno opositor pequeños, pero insidiosos, elementos de descomposición moral.

Siempre se ha dicho que una papa podrida contamina a las demás. En moralidad esto no es tan cierto, porque en la medida que exista una inmensa mayoría de hombres y mujeres que defiendan la ética como praxis política evitaremos que el virus de la inmoralidad se esparza.

Desde esta tribuna reitero mi lucha por la moral venezolana, por la ética política, por el deber ser social y ciudadano. Estoy convencido, y aquí lo exteriorizo, que sí es posible estructurar un país que sea regido por la moral, la ética y la honradez en todos los niveles.

Nos seguimos leyendo, como todas las semanas.



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