opinión

Mario Valdez

Edgar Alexander

25 Marzo, 2016

Se nos fue la guitarra, se nos fue la guitarra

El pasado viernes 18, nos encontrábamos en la casa de Edgar Balbas “Repollito” (mánager y amigo de Edgar Alexander), suena el celular y recibe la ingrata noticia del fallecimiento de ese gran músico. Entre los presentes se encontraba Henry Stephen, quien exclama, “¡No puede ser que se haya muerto mi hermano menor!”, entre llantos dijo, “se nos fue la guitarra, se nos fue la guitarra”, y empezó a cantar a capela en tono alto:

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Una guitarra escuché // cuando solo meditaba //mientras tanto me llegaba una canción // llena de alegría fantasía y color.

Orígenes

El 2 de enero de 1945, en la costa petrolera de Lagunillas en el estado Zulia, del matrimonio conformado por Gabriel Eudaldo Quintero (trabajador de la Shell) y Graciela Margarita Castillo, ambos zulianos, nació un niño que fue bautizado con el nombre de Edgar Enrique Quintero Castillo.

A los cuatro años su padre es trasladado al campo La Concepción, ubicado a una hora de Maracaibo; aquí estudia la primaria en la escuela Cristóbal Mendoza. El año 1958, sus padres se van a Maracaibo y viven en la calle 14 con Falcón; el bachillerato lo realiza en el Liceo José María Baralt en Maracaibo.

Cuenta su hermano Romer, que “se fugaba de clases para irse a tocar cuatro con los amigos, era peleón y de mal genio, papá lo llamaba venenito”. Edgar es el mayor de siete hermanos (Nelson, Nerio, Freddy, Gabriel, Deysi y Romer). Casado con María Carolina Urbaneja, con dos hijos, Edgar y Carlos.

Nació para la música

Edgar nació para la música. Siendo un menor de edad, ya llegaba a su casa a la una de la madrugada, se quedaba en el restaurant del hotel “Detroit” (donde hoy queda el Seniat Maracaibo), tocaba los timbales, con el grupo “Los Técnicos”, junto al organista Claudio Debourg y el cantante Henry Stephen.

La primera presentación de Edgar fue en el Círculo Militar de Maracaibo, debutó como bongocero con la orquesta de Jesús Pesquera. Lo acompañó su inseparable amigo José Adolfo Batista “Tantán”, quien afirma: “Ese día entendí que lo nuestro era la música, y así fue”.

De Los Impala a Azúcar, cacao y leche

Cuando hablamos de Edgar Alexander, necesariamente hay que referirse a Los Impala, agrupación musical fundada en Maracaibo en 1959, pioneros del rock venezolano. Dentro del grupo se encontraban Henry Prado en el piano, Servando Alzatti en la batería, Gilberto Urdaneta en el bajo. Por sus filas pasaron hombres como Bob Bush, Heberto Medina, Pedro Alfonso, Rafael Montero y Paco Piedrahita. Con ellos se formó el joven Edgar Quintero, quien tomaría como nombre artístico Edgar Alexander.

En 1961 se disuelve el grupo. Dos años después Edgar Alexander lo repotencia con integrantes de otras bandas musicales tales como Henry Stephen, Omar Padauy, Francisco Belisario y su hermano Nerio Quintero (tenía 14 años cuando se inició y acompaño a su hermano hasta el último día).

Los Impala se convierten en los reyes del pop. Marcan la pauta e imponen la moda. En 1966 Henry Stephen deja el grupo y se convierte en solista con el apoyo de Renny Ottolina, es sustituido por otro grande, Rudy Márquez. Es la época del Poder Joven, los hippies, la protesta, las motos. Las consignas eran: “Amor, paz y libertad”, “Paren el mundo que me quiero bajar”.

En 1969, se disuelven Los Impala. En 1971, recuperado del duro golpe que significó la separación de Los Impala, Edgar Alexander organiza una nueva agrupación musical y regresa con renovados bríos. El equipo queda integrado con Edgar y su guitarra al hombro cantando, Nerio Quintero en el bajo, Gabriel Quintero en la batería, “Pepe” Matute guitarrista y Ilan Czenstochoswki (Ilan Chester) en el teclado y la voz. Es así como nace la revelación musical de los 70, Azúcar, cacao y leche con su gran éxito “La guitarra”. Entre los destacados éxitos tenemos: “Noche de verano”, “Soy así”, “Amor es”, “Soy poeta”, “El cisne” y “El ruiseñor”, entre otras.

Un general cinco estrellas

La definición que sobre Edgar Alexander refiere su amigo Darío Ocando, no tiene desperdicio. Lo considera un general de cinco estrellas en el oficio de la música. “La primera estrella por cantante, la segunda estrella por ejecutante de su guitarra, la tercera estrella por arreglista, la cuarta estrella por compositor y la quinta estrella que siempre es la más difícil, como es la calidad y belleza de los temas compuestos”, dice. Realmente su legado está a la vista de todos, sus canciones, su estilo, que lo hizo diferente y definió su música, su mejor expresión son “Los Impala” y “Azúcar, cacao y leche”.

Hijo de culebra caza ratón

La obra, la producción artística y musical de Edgar Alexander, cultivada por más de 50 años, se encontraba regada por el mundo, “en retazos, en manos de empresas, casas discográficas y personas que se consideraban dueños de los mismos”, dice Edgar Alexander, hasta que su hijo Carlos “Kinttero”, decidió grabar en vivo con audio y video en compañía de los músicos que fueron actores junto a su padre en la época de la gloria (los años 70).

Carlos “Kinttero” gran músico, con un talento y un futuro por delante, el año pasado, produjo un material documental y video de 16 canciones, titulado “Aguacero”. Cuando tuve conocimiento de ese trabajo felicité a Edgar Alexander y le dije, “Edgar, hijo de culebra caza ratón”. Me contesto: “Mario, mi hijo es un fenómeno, estoy orgulloso de todos, pero este es un genio musical”.

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@marioevaldez



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