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opinión

Elinor Montes

Ejemplo de amor y coraje

6 febrero, 2016

Recientemente un libro me sumergió en el cambio cultural experimentado durante estos 17 años de “revolución roja rojota” en la que la República de Venezuela fue convertida en la miserable colonia, Cubazuela. Lo vivido no tiene precedentes en nuestra historia, esta guerra no convencional declarada por el difunto es un reto permanente a la dignidad, a la integridad, a la bondad, al amor al prójimo.

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La experiencia personal, familiar y profesional del autor contrasta la Venezuela de la meritocracia con la Cubazuela del ascenso del servil, del mediocre, del delincuente capaz de todo para complacer a la jefatura difunta y a la nomenclatura roja, cuyo corolario ha sido la destrucción de la institucionalidad del Estado democrático construido durante los 40 años previos a 1999. Sólo sacando y empoderando lo más bajo del ser humano fue posible arruinar nuestra patria rica en recursos, humano y material, al extremo de llevarla a esta crisis humanitaria, que pareciera más un genocidio sofisticado ejecutado mediante la promoción de la inseguridad y trastornos graves a la salud por angustia e incertidumbre, menoscabo de las políticas de prevención de enfermedades, carencia de medicinas, alimentos, agua, energía, destrucción de la infraestructura asistencial, estímulo del éxodo de médicos preparados, el asesinato de disidentes; la depauperación de la gente; otros.

Lo que considero más trascendental y reconfortante del libro es la vivencia humana y familiar, la fortaleza fundamentada en el amor de la pareja, principal obstáculo para el régimen en su plan de aniquilar a la familia y con ella a la sociedad y cómo, a pesar de las condiciones infrahumanas de encarcelamiento injusto, el autor del libro ejerció lo que Victor Frankl denominó: “la libertad última”, la que nadie puede quitarte, la que te permite seguir siendo persona a pesar de una realidad que sistemáticamente te sitúa en el fango del odio, la mentira y la desesperanza, y que demanda una gran templanza e integridad para no contaminarse. También la solidaridad y el coraje de la mujer venezolana que ha asumido la defensa del marido o del hijo encarcelado y encarado el desafío de mantener a la familia unida; heroica tarea que le tocó desempeñar repentinamente porque en los totalitarismos son otros los que pagan los crímenes del régimen.

Los Simonovis fueron hasta el 22-11-04 una familia como cualquier otra, con la esperanza de un futuro, de abrirse paso mediante la preparación, el trabajo y el esfuerzo; con el deseo de criar a sus hijos en un ambiente de amor, compromiso y disciplina, sueños que fueron truncados por la injusticia roja, no obstante esta familia derrotó al régimen cuando permaneció unida en el amor y la verdad aunque la lucha por la libertad continúe. Gracias Iván, Bony, Iván Andrés, Ivana y Jessica, la Venezuela decente jamás olvidará a las centenas de “prisioneros rojos” ni a sus familias, ejemplo de amor y coraje.



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