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opinión

Pueblo victima, pueblo cómplice

31 diciembre, 2015

Uno de los grandes mitos de la contemporaneidad en la política ha sido la exaltación del pueblo como depositario de todas las virtudes cívicas. Eso de que el “pueblo nunca se equivoca” es una tremenda falacia. Se equivocó cuando estaban Acción Democrática/Copei, se equivocó cuando votó por Chávez/Maduro y se volvió a equivocar, en éste caso, los alemanes, cuando apoyaron a Hitler, el artífice de la II Guerra Mundial (1939-1945) y de todo el horror que se produjo en los campos de concentración y exterminio. Los ejemplos son abrumadores para respaldar este supuesto.

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Adicionalmente en nuestro medio político primitivo, barnizado de modernidad institucional, sólo eso, el “pueblo pobre”, depositario de la “voluntad popular”, debe ser mimado aunque mantenido en la indigencia. No hay una palabra más manoseada que la palabra pueblo. Pueblo somos todos los ciudadanos venezolanos en un sentido sociológico amplio, aunque el pueblo al que apelan la mayoría de los políticos, son básicamente los pobres, esa “corte de los milagros”, ese ejercito de desesperados que han aprendido no a vivir sino a sobrevivir, desde mundos precarios como lo son la mayoría de nuestros barrios miserables, auténticos baluartes de la anarquía ciudadana que acechan y oprimen toda posibilidad de una urbanidad racional.

Mientras sigamos cultivando y reproduciendo la pobreza no hay posibilidades de futuro en nuestro país. Hablamos mucho de reconstituir la Democracia en el país, de educar ciudadanos compenetrados con un destino de grandeza patriótico, y en la práctica, el aire que respiramos del tejido social en que crecemos, es completamente extraño a esos propósitos. Un pragmatismo irresponsable impera sobre la clase dirigente venezolana, acostumbrada a transitar la política en la búsqueda del botín (corrupción) y de la clientela complaciente que legitima con su apoyo éstas desviaciones.

Para la gran mayoría de los políticos venezolanos no hay “pueblo” libre ni responsable de su propio destino, sino el “pueblo-victima” lo cual lo convierte en “pueblo-cómplice” (Alberto Quero) siempre en minoridad de edad. “Pueblo-chulo” que vive de las prebendas del Estado, de estar arrodillado al Partido de Gobierno desde un servilismo ideológico trágico, o como burócratas mantenidos en las principales instituciones públicas, o practicantes del bachaqueo vejatorio, del contrabando a la luz del día, de los rodeos a la ley, de las “misiones”, (hoy casi todas aéreas), de las pensiones a los viejitos y no tan viejitos, en fin, una inercia feliz. El político en nuestro medio aprendió a vivir y vegetar alrededor del populismo, y nuestros pobres, también.

El “socialismo chavista” en estos 17 años de regresión histórica, con el agregado del autoritarismo (hoy Venezuela tiene más presos políticos que Cuba), exacerbó el populismo de AD-Copei gracias a un ingreso petrolero extraordinario que se cansó de dilapidar y robar. Hoy, con la renta petrolera muy mermada, todo el ecosistema populista hace aguas. El chavismo fracasó estrepitosamente, porque ni logró salvar a los pobres de su aberrante condición, ni fue capaz de imponer la “dictadura perfecta” como sí lo hizo el PRI mejicano, y desde la represión total, los hermanitos Castros en Cuba. Aunque todavía hay algunos por ahí, de la fauna del Psuv, vociferando que los “escuálidos” serán botados de las empresas públicas. Tendrán que botarse ellos mismos entonces.

Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ



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