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opinión

De parálisis total a convulsión malvinosa

2 agosto, 2015

Esa “cuarta república”, mal denominada y peor descrita por los jerarcas del oficialismo rojo, que han usado los adjetivos más sucios para despotricar del lapso que va de enero de 1958 a febrero de 1999 es siempre señalada por los declarantes chavistas como responsable de los crímenes más abominables, la corrupción más desaforada y las gestiones gubernamentales más carentes de logros, pero paradójicamente, en cualquier tema al que se haga referencia, es esta supuesta “quinta república” la que muestra los resultados más ruines y vergonzosos, a pesar de lo cual persisten en negar la terrible realidad que han producido sus ejecutorias en todos los campos, signadas por la ineptitud, la arbitrariedad, la corrupción, el anacronismo y las relaciones de dependencia ideológica y servil respecto de la dictadura castrista, y califican como exitosas sus iniciativas que han conducido a las cifras negativas que todos conocemos y sufrimos, en materia de inseguridad, inflación, poder adquisitivo, producción y productividad, empleo real e informal, calidad de servicios, suficiencia en los presupuestos, fortaleza de la moneda, soberanía (económica, geopolítica, ideológica).

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Pero existe un tópico territorial sobre el cual los gobiernos de AD y COPEI, los eternos villanos en la fantasiosa película de la ultraizquierda, mantuvieron cierta atención: el Reclamo por el Esequibo, en contraste con la obvia inactividad que ha caracterizado al régimen chavista desde sus inicios en 1999, e incluso las declaraciones y concesiones de hecho que han estimulado la intensificación de la ocupación y el aprovechamiento del territorio en disputa, por parte de Guyana.

Más de 16 años sin mencionar el tema del reclamo sobre el territorio Esequibo, aunque hubo una actitud de complacencia para con las apetencias territoriales de Guyana, reforzada esa inacción con referencias concretas que dejaban ver las intenciones del régimen chavista de no interponerse en los planes de Guyana de consolidar su presencia en el Esequibo, país que visitó Hugo Chávez en febrero del 2004, y pronunció estas muy claras palabras:

“El asunto del Esequibo será eliminado del marco de las relaciones sociales, políticas y económicas de los dos países. El gobierno venezolano no será un obstáculo para cualquier proyecto a ser conducido en El Esequibo, y cuyo propósito sea beneficiar a los habitantes del área”.

Hay que recordar que desde el 2003, ya Chávez se había quitado la careta respecto del régimen castrista (al que calificara de dictadura, en entrevista a CNN durante su campaña del 1998 ). En el 2003 la oposición había reunido las firmas suficientes para convocar un referendo con el objetivo de sacarlo de la presidencia del país. Su desempeño de 1999 al 2003 había sido pésimo, y habría perdido en esa consulta al pueblo, que mayoritariamente mostraba descontento con sus mediocres ejecutorias. Con cinismo y prepotencia el CNE inventó que las firmas eran “planas” y exigió repetir la recolección de las mismas, un mecanismo que formaba parte del complejo proceso que implementaron para posponer ese referendo por más de un año, el tiempo suficiente para ensamblar, con la asistencia de la dictadura cubana (al descubierto los vínculos desde entonces), la bestia de dos cabezas con la que modificarían la intención de voto que era desfavorable al teniente coronel golpista, hegemón de una secta apuntalada por un pasticho ideológico y una épica sangrienta y mediocre.

Una de las cabezas pondría el énfasis en el reparto de dádivas más voluminosas (en comparación con las que eran habituales en los gobiernos de AD y COPEI, y el lapso 99-2003 de Chávez), bautizadas con nombres de próceres de la Independencia, y promesas, lo que no puede faltar en las alforjas de un demagogo.

La otra cabeza se dedicaría a agredir a los opositores, a reducir su obvia mayoría, mediante el perverso recurso de amenazarlos con la Lista Tascón, un documento proveniente del CNE, el brazo electoral del chavismo que, violando flagrantemente la Constitución y la Normativa propia del organismo electoral, contenía los datos completos de todos los que habían firmado para cumplir el requisito de la cantidad mínima requerida para convocar el referendo y revocar a quien ocupe insatisfactoriamente la presidencia del país (el caso de Chávez en 2003).

El régimen fue improvisando las Misiones que producirían el espejismo de que se estaba atendiendo las necesidades de la población, de que habría servicios óptimos, redistribución del erario para favorecer a los más necesitados, que son en nuestros países tercermundistas, el sector más numeroso y fácil de engañar-manipular: Módulos de atención médica, a cargo de cubanos, presuntos profesionales de la Medicina, que nunca han cumplido el trámite legal que los acredite como tales. En Chile y Brasil los obligaron a presentar pruebas y el 50% fue rechazado. Los locales de Barrio Adentro insertados en populosas barriadas, daban la errada impresión de prestar un servicio médico cercano y útil, pero apenas prodigaba primeros auxilios, paños calientes. Las emergencias y enfermedades crónicas seguían dependiendo de los Hospitales tradicionales, mal dotados e insuficientes.

Similares objetivos cumplieron las otras Misiones, los espejismos de alfabetizar, de facilitar el ingreso y egreso en la Educación formal, pródigos en dar títulos con deficiente formación. Una red de expendios de alimentos que no ha podido substituir a la red más amplia y mejor gerenciada, a la que va la mayoría de los venezolanos. Y simultáneamente, hubo represalias para muchos de quienes aparecían en la ominosa Lista Tascón, con su correspondiente efecto multiplicador, pues los que no habían sido afectados se inhibían de participar en actividades opositoras, por miedo a sufrir las represalias que pendían sobre sus cabezas, como espadas de Damocles. La maniobra urdida en la Cuba castrista, el grosero reparto de limosnas maquilladas tuvo éxito, y Chávez se mantuvo en su cargo, pero a su condición de ficha del castrismo desde su ingreso a las FFAA en calidad de infiltrado (1971), tuvo que sumar ahora la enorme Hipoteca a favor de Fidel, de haberlo salvado de ser revocado, con las tácticas engañosas y demagógicas que aplauden los que se conforman con migajas y discursos preñados de loas al “pueblo” y promesas a futuro, esas que jamás se cumplen, pero pueden renovarse casi infinitas veces.

Esa hipoteca se tradujo en la adopción absoluta, por parte del régimen chavista, de la posición de respaldo a las pretensiones de Guyana en el Esequibo, lo que explica la permisividad con la que Chávez dio carta blanca a Guyana para hacer lo que le viniera en gana, y la catalepsia del tema durante los más de 16 años que llevan estos agentes del castrismo en el control del poder en Venezuela. Del Esequibo no habló ningún funcionario chavista jamás, aunque ahora se rasguen las vestiduras y proclamen “que defenderán ese territorio con sus vidas, y que van a dar documentos de identificación venezolana a todos los que hayan nacido en ese espacio”, lo cual lógicamente tiene sus bemoles, pues han mantenido en el abandono total esos 159.542 kilómetros cuadrados, y de repente van a cedular a una población a la que no conocen, ni han cuantificado, para la cual no existe ni siquiera una pequeña oficina a la cual deban ir nuestros compatriotas esequibos, seguramente ansiosos por tener su cédula y que los inscriban de inmediato en alguna Misión que les garantice un ingreso extra (aunque supongo que no se ilusionan mucho con la construcción de varios establecimientos de PUDREVAL por allá, porque tenemos entendidos que no saben lo que es hacer cola, aunque ya podrían hacerlas según el número terminal de sus cédulas brand new, nuevecitas).

En 1899 se firmó el Laudo Arbitral en París, entre Inglaterra (ocupante de ese territorio) y Estados Unidos, en representación nuestra, Venezuela no participó y no fuimos bien defendidos entonces, ellos eran anglosajones y se entendieron en inglés, como colegas terrófagos que eran ambos. Fueron los gobiernos de Betancourt y Leoni, ambos de AD, en alianza con URD y COPEI, que tras años de esfuerzos diplomáticos lograron el Acuerdo de 1966 en Ginebra, que substituye el pernicioso acuerdo de 1899, y establece que el Esequibo es un territorio en disputa, que permanece administrado por Guyana pero pendiente de ulteriores discusiones para profundizar lo acordado en Ginebra.

Cuba ha sostenido, frente a todos los gobiernos anteriores al régimen chavista, que “el reclamo es prueba de los propósitos expansionistas de Venezuela, con inocultables posiciones neoimperialistas, en ejercicio de rapiña territorial”, le da pleno apoyo a Guyana y exige respeto por su integridad territorial. La doble hipoteca de Chávez con Fidel lo hizo asumir una posición entreguista del territorio Esequibo (una raya más para esa cebra, le entregó nuestro territorio, recursos y Soberanía a Cuba, que se encarga hasta de expedir cédulas y pasaportes, y ordena en Miraflores y en los cuarteles). Samuel Moncada, ex ministro y ex embajador ha dicho: “el acuerdo de Ginebra es lo único que está vigente, eso lo hemos repetido por toda Venezuela quinientas veces”. Maduro declaró que “hay que tener cara de tabla para decir que durante el gobierno de Chávez no se hizo nada relacionado con la defensa del territorio Esequibo”. Nos encantaría que ambos mostraran pruebas de que lo han repetido siquiera 30 veces, y han defendido el Esequibo, en el lapso que va de febrero del 99 a mayo del 2015 (estos dos últimos meses sí que ha habido cacareo y mucho aspaviento, después de que se supo que la Exxon descubrió petróleo en grandes cantidades en el espacio marítimo que corresponde al espacio terrestre bajo reclamo).

Mientras estaban los dirigentes chavistas ocupados en comprar adhesiones, mediante las facilidades que otorgaba PetroCaribe para garantizar brazos alzados a favor del régimen en las instancias internacionales, creyeron que lo del Esequibo iba a permanecer en estado catatónico por otros 50 años. No imaginaron que sus panas guyaneses autorizarían a los malucos de la EXXON para explorar en ese patio baldío, y que de ñapa descubrirían un tesoro de combustible fósil que los puede sacar de su inopia actual, y hasta convertirlos en fuertes competidores en el mercado mundial del oro negro y sus derivados. Para colmo, todas esas islas caribeñas a las que tanto petróleo enviaron, con créditos olvidables, tampoco cumplieron las expectativas de ser agradecidas por al menos dos décadas, y se cuadraron con Guyana, ya que todas pertenecen a un sindicato llamado CARICOM (Comunidad del Caribe) y exigen nueva discusión de Contrato Colectivo. Para terminar de empeorar la situación, no sólo la EXXON se asoció con una empresa china en lo del petróleo submarino en adyacencias esequibas, sino que Guyana forma parte de otra pandilla más grande y poderosa, la del Commonwealth, encabezada por su antigua alma máter, Inglaterra, y 52 países más.

Si Maduro y sus asesores del G2 tratan de hacer un remake del alboroto patriotero de los patarucos militares argentinos, cuando tenían el agua al cuello y optaron por esa barajita, alborotando el avispero de las Malvinas-Falkland (1982), deben tener en cuenta que para mantener el status quo en esa porción del Atlántico sur, doña Thatcher envió buques, aviones y tropas con suficiente capacidad como para haberle dado una inolvidable tunda a los que imaginaron que ganar esa confrontación iba a ser como meter goles con la mano. Claro que si el régimen envía a las FFAA declaradas chavistas, junto a las Milicias y los Colectivos armados, Cameron y la Commonwealth tendrían que suspender los preparativos bélicos, y plantear su rendición.



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