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opinión

Vivir en economía inflacionaria 

31 julio, 2015

En estos tiempos de crisis, una de nuestras calamidades es la inflación. Ésta ha merecido atención por parte de economistas de todas las tendencias, que intentan explicarla y proponer caminos para superarla, mientras la población, con esos especialistas incluidos, sufre viendo mermar su calidad de vida a grandes pasos. 

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La vida en inflación es fatal. Por ejemplo un centro educativo privado, donde sus docentes determinan la calidad del servicio, está obligada a mantenerlos bien compensados. Entonces la inflación que se manifiesta con el aumento de los precios de los bienes, lleva a la necesidad de reclamar la revisión de las remuneraciones, porque “el sueldo ya no alcanza”. La directiva de ese centro entiende el hecho, mas si aumenta los salarios, con ello los costos, deberá subir la matricula para reencontrarse con el punto de equilibrio contable.

Al representante o alumno, que es quien paga, le toca cubrir los aumentos de los restantes bienes y servicios que integran su canasta (alimentos, vestido, transporte, vivienda, servicios y otros), y además se le suma la nueva matricula escolar. Así, ese aumento hará que algunos alumnos tengan que abandonar el curso, con el efecto que esto tiene sobre ellos y la sociedad, decisión que provoca además una disminución en los ingresos del centro educativo, que tendrá que ver cómo hacerle ahora con la merma de la población de educandos para cubrir los costos institucionales. Mas, el problema sigue, por cuanto con nuevos aumentos generales se vuelve a inicial el ciclo.

De cierto que tratándose de educación, necesidad prioritaria a resolver, se busca abordar por todos los extremos, lo cual, al hacerlo lleva a que se redistribuyan los recursos del presupuesto familiar, sacando de unos para llevarlos a la educación, sacrificio que genera merma en la calidad de vida familiar. Habrá personas que no podrán hacerlo, entonces les toca desertar del sistema escolar, algo que se vive en la Venezuela de hoy.

Si el centro educativo desoye los reclamos de sus profesores y demás trabajadores, tendrá fuga de los mejores talentos, quienes buscarán dónde obtener remuneraciones que le permitan mantener su calidad de vida. Entonces, dada las vacantes, para llenarlas irá al mercado laboral con una oferta débil, viéndose obligada a dotarse de docentes con baja calificación, lo cual lleva a la disminución de la calidad de la enseñanza. Como se aprecia, la inflación trae un impacto profundo y negativo, difícil de llevar y administrar.

Un efecto como este, que se está dando en nuestro sistema educativo, vale para el resto de la economía, donde los trabajadores exigen mejoras en sus remuneraciones para poder atender las exigencias de vida que tienen, generándose un circuito perverso.

Así la población, por acción de mal inflacionario, disminuye su calidad de vida destinando lo fundamental de sus recursos a la atención de las necesidades de sobrevivencia. Entonces disminuye la asistencia a eventos que dan alegría a la vida, contribuyendo al malestar. Menos cine, teatro y parques recreativos. En las idas al campo o la playa, los comestibles y aparejos usados para la diversión se llevan, ahora no se adquieren en el lugar, por lo que artesanos, restaurantes, comederos, buhoneros y demás actividades productivas locales pierden clientela, lo que al final lleva a su cierre.

En el sector público al igual suceden problemas, sus trabajadores también tienen que cubrir sus costos de vida, entonces piden aumentos de remuneraciones. Puede que la institución sea sorda a tales requerimientos, ello se manifestará en protestas y malos servicios. Un trabajador con hambre no puede ser eficiente. Tales malos servicios tienen su impacto directo en todas las estructuras sociales que necesitan de esos servicios, lo que trae ineficiencia y malestares sociales. O puede que decida aumentar las remuneraciones, viene ahora de dónde sacará los recursos, puesto que una economía con bajo dinamismo poco contribuye con el fisco. Si decide aumentar la masa monetaria, ante la escasez de bienes transables, esto termina en un alimentador de la inflación.

Por esto la inflación, además de aumentos de precios trae desabastecimiento, desempleo, pobreza, deterioro en los servicios, ruptura con el progreso y males sociales que ubican a la sociedad camino a la miseria.

Resolver la inflación es doloroso, por cuanto, a la luz del decir de los economistas, obliga a tomar medidas de reajuste desagradables al común, mas esto hay que hacerlo, posponer la decisión no la evita, por el contrario, la ratifica con medidas de mayor impacto. Por esto no tomarlas lo que generan es mayor dolor en el futuro.

Es bueno ver todos los países del mundo, donde la alta inflación es historia, y según los entendidos tiene que ver con la libertad de precios y acceso a las divisas, especialmente con la confianza en que habrá buen funcionamiento económico.

El daño que el régimen hace al país tras sus fines políticos es miserable, hundiendo a la sociedad en lo peor con tal de salvar la cerviz. Mas es imposible que Venezuela espere el momento en que la hoz de la muerte la degolle para entonces decidirse sacudir el polvo y buscar futuro. Dentro de la vía constitucional y democrática hay salidas, comencemos ahora.



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