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opinión

¿Puede Francisco Rodríguez salvar la economía venezolana? 

20 julio, 2015

Hace pocos días aparecieron en la prensa nacional unas declaraciones de Francisco Rodríguez, un muy destacado economista venezolano quien trabaja actualmente para el Bank of America en Nueva York. Rodríguez simpatizó con el gobierno de Chávez en sus inicios, habiéndose desempeñado como Jefe de la Oficina de Asesoría Económica y Financiera de la Asamblea Nacional entre los años 2000 y 2004. Posteriormente se desencantó de aquel gobierno y lo hizo público a través de conferencias y escritos, como uno que lleva por nombre: “La revolución vacía; las promesas incumplidas de Hugo Chávez”. 

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En las declaraciones a la prensa de esta semana, Rodríguez hace unas afirmaciones sorprendentes en las cuales da la razón al gobierno de Maduro por algunas de las decisiones tomadas recientemente y presenta la situación económica general del país como manejable y nada relativamente seria; una situación que solo requiere de algunos ajustes. El tono amigable y condescendiente de sus declaraciones dio combustible a especulaciones de acuerdo a las cuales algunos actores cercanos al régimen están haciendo denodados esfuerzos por llevarlo a él o a un técnico como él, al gabinete, y de esa manera tratar de detener lo que perciben como una caída en picada de la economía.

¿Hay alguna posibilidad de que uno o dos buenos economistas, llamémoslos tecnócratas, pudieran revertir la situación de la economía venezolana? Creo que no; que no existe ninguna posibilidad de que eso ocurra. Hay por lo menos cinco razones por lo que ello sería imposible. La primera son las taras ideológicas del régimen. Para Maduro y muchos de los que lo acompañan en su gabinete el sector privado es un enemigo a vencer. Los esfuerzos que realiza ocasionalmente por llamarlo a la colaboración son rápidamente seguidos por ataques y descalificaciones despiadadas. Ningún tecnócrata va a modificar esa conducta que es naturaleza misma del personaje y su régimen.

La segunda razón es la extensión y profundidad que ha alcanzado la corrupción. La razón, por ejemplo, por la que existe un sistema “irracional” de múltiples tipos de cambio, no es solo de incompetencia económica o de interés político por controlar la sociedad venezolana. Es también que ese sistema cambiario es posiblemente el negocio más lucrativo que existe hoy en la economía venezolana, más que el narcotráfico porque no tiene además ningún riesgo. El cartel de los soles se queda corto frente al cartel del 6,30. Un tecnócrata caído del cielo no va a acabar con ese pequeño negocio.

La tercera razón es el estado de degeneración de la administración pública. Esta se hizo totalmente clientelar, destruyendo los mecanismos de formulación, ejecución y seguimiento de políticas públicas. El aparato de Estado no tiene ninguna capacidad de ejecutar decisiones medianamente complejas que se tomen en instancias altas de gobierno.

La cuarta razón es la ausencia absoluta de liderazgo. Inclusive si Maduro se convenciera mañana de manera absoluta del cambio de modelo que hay que practicar en Venezuela, él carece del liderazgo necesario para mover en esa dirección a su partido y a su cada vez más precaria base de sustentación política. Maduro está paralizado no solo porque no sabe qué hacer sino porque no tiene liderazgo para mover el gobierno en ninguna dirección que no sea la inercia en la que viene; la inercia del caos.

La quinta razón es la total falta de confianza en el régimen, de parte de los actores económicos nacionales y extranjeros. Otra vez, inclusive si fuera que Maduro y su gabinete, a pie juntillas, le prometieran al mundo y hasta firmaran un documento comprometiéndose con un programa serio y profundo de reformas, nadie les creería, ni invertiría un dólar basado en esas promesas. Como la confianza es un requisito más que fundamental para sacar una economía de la recesión, máxime de un caos como ese en el que se encuentra la economía venezolana, el éxito de las reformas bajo la dirección del actual régimen estaría negado.

Por todas estas razones, cualquier profesional serio que sea invitado a formar parte del presente régimen para contribuir a revertir el curso de la economía, tendría que comenzar por decirle al presidente lo siguiente: el principal problema económico que padece el país no es la caída de los precios petroleros, ni el déficit fiscal, ni la inflación, ni los diferenciales cambiarios. El principal obstáculo es usted, su modelo y su régimen.

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