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opinión

Nancy Colina

De vez en cuando y de cuando en vez

11 junio, 2015

Andar por las ciudades, buscar con afán las medicinas que necesitamos de manera irreversible, es algo que en Venezuela compite en desdicha con la violencia y la escasez de todo. No es un secreto para nadie que las personas de carne y hueso tienen que esperar en indignas colas cuando reciben el anuncio sobre algún producto que está próximo a llegar, o que ya está en la despensa de los comercios.

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De vez en cuando y de cuando en vez llegan los artículos tan esperados. Mientras más indispensables sean, más cola se hace y más se paga a los revendedores. Con los medicamentos la situación es más difícil. Al parecer no hay revendedores y su escasez puede poner en juego la vida o el bienestar de un individuo o de una familia.

La frustración de no conseguir los medicamentos que necesitas es tan grave como puede ser para las madres no dar con la leche que requiere su bebé. Es tan humillante andar de farmacia en farmacia con un récipe en la mano como puede ser cargar con el bebé con todo y partida de nacimiento para demostrar que sí existe y que sí necesita.

Cada día los sentimientos más adversos nos invaden. Los venezolanos estamos en una cuerda, donde por un lado nos hala la desesperanza y por el otro la desesperación. La primera es la que se asoma cuando ya no vemos ninguna salida, la segunda nos da fuerza, en medio de la rabia, a entender que seguir soportando sólo es admisible si hacemos algo. Buscar salidas para escapar de esto o para resolver esta situación. Dejar que la desesperanza nos atrape es lo último que podemos permitir.

El mayor riesgo para caer en la desesperanza es no encontrar por ningún lado algún medicamento de extrema urgencia para nosotros o para alguien muy querido. La desesperación toma fuerza cuando nos topamos con el tan común no hay, unido a la cara lánguida y triste de quienes están detrás de los mostradores y que se sienten igualmente frustrados.

Buscar un medicamento es un viaje a lo desconocido, un camino largo, que nadie sabe dónde termina. La persona que se baja y se sube a un vehículo, bien sea moto, auto privado, autobús o lo que sea, termina cargado de desesperación. Esto exaspera. En medio de esta lucha la gente piensa con desesperanza en como irse a otras tierras o se indigna en medio de la desesperación para ver cómo puede dar con el puño a los invisibles pero no invencibles culpables. Estamos en medio de una situación que se derrama.

¿Qué hacer? ¿Correr detrás del especialista para que te cambie el nombre del medicamento?, ¿para que te dé otras opciones?. Se buscan los genéricos y a veces no se pueden sustituir por otros. En este tipo de situaciones la gente tiende a reaccionar de alguna manera, en algún momento, porque la fuerza de la desesperación es imposible de aplacar. Es difícil, muy difícil.

Cuando se ven colas por todas partes se siente la humillación, siente que le han arrebatado algo muy importante y que nadie parece asumir su culpa. ¿Dónde están esos que han destrozado todo? En todos lados. Ellos lo tienen todo. La enorme carga que soporta el ciudadano que lucha con lo que tiene no los afecta y siguen mintiendo, porque con la mentira se justifican y causan caos, pero,¿que hay detrás del caos?

@nancycolina2



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