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opinión

¿A qué horas trabaja Tibisay? 

4 junio, 2015

Miles de funcionarios venezolanos trabajan afanosamente todos los días en duras jornadas de 8 y más horas, después de largas colas y penurias del tráfico automotor. Esa es la jornada laboral que les exige la Ley, pero más allá se esfuerzan en sus labores porque esa es la conducta del trabajador venezolano quien es un hombre laborioso, dedicado, a pesar de que existan sus excepciones. 

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Cada uno de esos miles de funcionarios públicos realizan con tesón sus tareas y las cumplen sin apelar a excusas por el solo hecho de estar puestos allí para realizar determinadas funciones que requiere el Estado para poder marchar armoniosamente.

Por ello extraña que altos funcionarios públicos, del más alto nivel y quienes ganan en un solo día el salario de esos cientos de miles de servidores públicos, continúen persistentemente apelando a excusas inexcusables para sencillamente no realizar su trabajo, tal como se los exige expresamente nada más y nada menos que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Estoy seguro que un solo día de salario de la presidenta del Poder Electoral, en este caso del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, supera un mes de sueldo de cualquier funcionario público porque al emolumento de la Lucena se le suman los salarios de aquellos que la cuidan, verbigracia, sus guardaespaldas, de los alimentos que consume en esas sesiones del Consejo, de los viáticos y la necesaria caja chica que se usa para diversidad de compras. En fin, el quince y último se multiplica con el resto de los estipendios que disfruta aunque no estén reflejados en su recibo de pago mensual.

Tibisay Lucena y el resto de los magistrados del Consejo Nacional Electoral, que representan el Poder Nacional Electoral, una de las patas claves de la mesa del Estado venezolano, fueron escogidos para organizar elecciones y ese es su mandato, su tarea, su obligación las 24 horas del día.

Pero lo evidente y triste es que, a la fecha, no han organizado las elecciones de otro de los Poderes Públicos clave como es el Poder Legislativo, representado en la Asamblea Nacional, con lo cual se observa una primera premisa: que la Lucena y el resto de los magistrados no están trabajando en aquellos asuntos para los cuales fueron escogidos por una mayoría cuestionable de los diputados del Psuv.

Así sencillamente. No hay un trabajo electoral porque al no existir una fecha definida para los próximos comicios parlamentarios, todo el proceso está prácticamente detenido, y en una fase de dudas y cuestionamientos necesarios por parte de uno de los sectores interesados como es la oposición, representada en este caso por la Mesa de la Unidad Democrática.

De acuerdo a Wikipedia.org, Tibisay Lucena está en el CNE desde diciembre de 1999 porque entró allí durante el período de transición del Poder Público de la mano del entonces presidente Hugo Chávez, vía Asamblea Nacional Constituyente, y en calidad de rectora suplente del CNE.

La Lucena tiene 16 años incrustada en el CNE al punto de que desde el año 2006 es la mandamás del organismo electoral por ejercer el cargo de Presidenta, a lo cual se agrega que aun cuando su período feneció el 30 de abril de 2013, fue devuelta a la misma silla en octubre de 2014 mediante una maniobra de la fracción del Psuv que le permitió aferrarse a ese distinguido taburete con respaldo del Tribunal Supremo de Justicia, porque ya en diciembre del 2014 fue reelecta como Rectora Principal del CNE por designación del TSJ.

Y ahí está, ahí sigue. Con 16 largos años en el CNE, sin salir del ente en ningún momento, resulta evidente que la Lucena tiene sobrado conocimiento y experiencia en cuanto a la tarea encomendada para el 2015, según lo establece con claridad la Constitución, “La Bicha” o esa misma que mientan como “Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución Nada”.

El trabajo actual de la presidenta y de los otros magistrados del CNE es sencillamente organizar las elecciones parlamentarias y así cumplir debidamente con los lapsos establecidos en la Constitución y la Ley Orgánica de los Procesos Electorales.

Para ello se le viene pagando puntualmente 15 y último de cada mes, cobrando sueldo, bono alimentario y bajo el extremo cuidado de su equipo de guardaespaldas a fin de que ella esté protegida y haga su trabajo, cumpla con su deber, tal como miles de funcionarios públicos todos los días desempeñan sus tareas.

No existiendo fecha para las parlamentarias, entonces surge una segunda premisa, ¿a qué horas trabaja la presidenta del CNE? Porque a la Lucena solo se le ve eventualmente y es infaltable en todo acto del gobierno nacional, acompañando al presidente Nicolás Maduro quien, por cierto, fue uno de los constituyentistas que la colocó en el año 1999 cuando era miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y votó por Lucena.

Ahora a la Lucena solo se le escucha para responder con evasivas a las exigencias de gobiernos y personalidades internacionales que piden también a gritos una fecha, no un lapso ni una respuesta ya sabida porque ese período está en la Carta Magna y la presidenta del CNE no está descubriendo el agua tibia cuando dice que las elecciones se harán en los últimos tres meses del año.

¿Qué está haciendo entonces la presidenta con todo este tiempo pagado puntualmente con los dineros de los contribuyentes venezolanos y los ingresos petroleros? Es perentorio que ella, en el cumplimiento de las funciones para las cuales fue designada, fije la fecha de las parlamentarias para que de una vez por todas justifique su excelente salario que, de conocerse en términos precisos, sería la gran envidia de todo aquel funcionario que larga las pestañas para ganarse un mínimo de 6.746,98 Bsf. y sin nadie que les cuide sus espaldas.

@exequíades



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